Ningún tipo de crisis interna habilita o legitima la intervención o injerencia de potencias extranjeras sobre una Nación soberana.
Las democracias no se construyen desde afuera. Las salidas verdaderas, duraderas y legítimas solo pueden nacer desde adentro, con la determinación de los propios pueblos, con diálogo, participación y reconstrucción institucional. Todo intento de imponer soluciones por fuera de la voluntad popular no solo fracasa, sino que profundiza el conflicto, agrava el sufrimiento social y debilita aún más el tejido democrático que dice venir a “proteger”.
Por eso manifestamos nuestra más firme y categórica condena a las políticas de presión, hostigamiento e intervención promovidas por los Estados Unidos contra Venezuela.
Estas prácticas violan principios básicos del derecho internacional consagrados por las Naciones Unidas, socavan la convivencia entre naciones y constituyen un atentado directo contra el derecho irrenunciable de cada pueblo a decidir su propio destino.
América Latina ha sido históricamente una zona de paz, no es un eslogan, es una guía.
La justicia social, el desarrollo, la dignidad del trabajo y la reconstrucción democrática no pueden construirse bajo ataques bélicos, amenazas militares ni tutelajes
extranjeros. La violencia, la presión y el castigo colectivo jamás produjeron más democracia; solo generaron más pobreza, más fragmentación y más dolor.
Defender la soberanía no es defender gobiernos. Es defender pueblos. Es defender la paz. Es defender el derecho a construir democracias propias, con identidad, con pluralismo y decisión popular.
Creemos en una América Latina que resuelve sus conflictos sin invasiones, sin castigos colectivos y sin presiones imperiales. Creemos en pueblos protagonistas de su propio destino. Creemos en democracias fuertes, construidas desde abajo, con participación, institucionalidad y paz.
Porque la soberanía no se negocia. La democracia no se exporta y la dignidad de los pueblos no se interviene.

Concejal y Presidente
del PJ Zárate










