Por Sergio D. Robles
¿Y la plaza Italia? Desde ya tiempo, dióse principio a la construcción de una plaza pública que se llamaría “Italia” comprendida en una manzana de terreno retirada del centro de la población. Se invirtió una suma de dinero de alguna consideración. Días pasados efectuamos por aquellos parajes un paseo con la sola intención de informarnos del estado en que se encuentran las obras empezadas y pudimos ver que por el momento y en aquel sitio a pesar de lo que se dice haber gastado nada hay que dé el menor indicio de que pueda transformarse en un paseo público; lo que hay no es más que cumplido rigurosamente el domingo, un terreno baldío lleno de zanjones amenazando derrumbar los pocos terraplenes que se hicieron con el propósito de convertir los barrancones en la plaza proyectada. El agua estancada en los numerosos zanjones, que son en ciertos puntos peligrosos por lo próximo que están a los sitios por donde se transita.
De este modo se expresaba el redactor de unos de los periódicos que se editaban en Zárate a principios del siglo XX. Parece difícil imaginarnos que la plaza Italia, con su estupenda arboleda de tipas que cobija al transeúnte del bochorno estival, lugar de solaz del vecindario y en donde se realizan los festivales provinciales de tango, pudo haber sido poco más de un siglo atrás, un sitio ubicado en los márgenes del pueblo, poco atractivo para los ojos urbanos, con un enorme zanjón donde vertían las aguas de lluvia hasta formar una laguna.
Aunque en 1901 se había sancionado una ordenanza que establecía la construcción de la plaza, las tareas no se iniciaron sino varios años después. A tales efectos se constituyó un comité Pro-Plaza Italia, presidido por Nicolàs Marchesi e integrado por Guillermo Palazzoli y Santiago Filippone, todos, comerciantes destacados de la comunidad italiana en nuestra ciudad. Y en efecto, fueron los integrantes de esta quienes tuvieron la iniciativa de establecer un paseo público que rindiera homenaje al país del cual provenían. No es casual, entonces, que el busto del ilustre procer, Manuel Belgrano, haya sido emplazado allí, dado sus vínculos con la comunidad italiana a través de su padre don Domingo Belgrano y Peri, rico comerciante porteño, nacido en Oneglia (Liguria), por entonces, principado de Saboya.
Aprovechando el relieve del terreno las tareas comenzaron por sanear el lugar transformando al zanjón en un lago artificial con un pintoresco puente metálico, donación de la Fábrica de Papel. El 25 de diciembre de 1913 la plaza quedó finalmente inaugurada con la celebración de una fiesta popular. En febrero de 1919 una nueva ordenanza dispuso el desagote y rellenado del lago pero las obras recién se concretaron a finales de la década de 1930, bajo la intendencia de Pedro Guerci, cuando se aprobó el proyecto del ingeniero Lorenzo Ringegni y se dispuso a construir un muro de piedra granítica de Mar del Plata, circundando el antiguo lago y dotándolo de una artística fuente.
En 1984, bajo la intendencia del Dr. Aldo Arrighi, comenzó a utilizarse aquel sector de la plaza como anfiteatro para realizar encuentros musicales, en 1988 se impuso el nombre de Homero Expósito a dicho anfiteatro y desde hace pocos años se lo rebautizò como Anfiteatro Homero y Virgilio Expósito.












