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El femicidio de Agostina Vega: una tragedia que nos obliga a hablar con nuestros hijos

Columna de opinión – Dra. María Paula Latorre

La conmoción que generó el caso de Agostina Vega atraviesa a toda la sociedad. Detrás de cada noticia policial hay una familia destruida, amigos que no encuentran respuestas y una comunidad que intenta comprender cómo pudo ocurrir una tragedia semejante.
Sin embargo, más allá de la investigación judicial y de las responsabilidades penales que deberán determinarse, este caso nos deja una reflexión ineludible: la necesidad de hablar con nuestros hijos sobre los riesgos que pueden existir en el vínculo con adultos.
Muchas veces se piensa que el peligro tiene la forma de un desconocido que aparece de repente.
La realidad demuestra que no siempre es así.
Ningún adulto necesita mantener una relación exclusiva o secreta con un adolescente. Ningún adulto debería pedir que se oculten conversaciones, mensajes o encuentros a los padres. Ningún adulto debería convertirse en la principal referencia afectiva de un menor desplazando a su familia.
Y ningún adolescente debería sentirse obligado a guardar silencio frente a situaciones que le generan incomodidad.
El problema no se limita al grooming. El riesgo puede aparecer mucho antes y de distintas formas.
A veces comienza con conversaciones aparentemente inocentes, con regalos, favores, promesas o atención especial.
Frente a esta realidad, la herramienta más importante sigue siendo el diálogo. Los chicos necesitan saber que pueden contar lo que les pasa sin miedo a ser castigados, juzgados o descalificados.
La historia de Agostina no debe quedar solamente en el dolor de una noticia. Debe servir para abrir conversaciones incómodas pero necesarias. Porque la prevención comienza mucho antes de que aparezca el peligro.
Comienza cuando una familia habla, escucha y acompaña. Y porque ningún cuidado será excesivo cuando se trata de proteger a nuestros niños y adolescentes.