Su partida hacia el “plano de los recuerdos”, pasó desapercibida, sin duelo y sin luto. Sólo con la expresiva salutación de sus clientes más añosos, quienes semanas atrás vieron cómo Casa Ana (Justa Lima 275) se despedía del ajetreo mercantil, tras 50 años de pujante existencia.
Propiedad de la familia Bracconi, ubicada en la arteria más atractiva del distrito, iniciada como mimbrería, redefinida como marroquinería, atendida por la propia Ana, siempre cordial y de buen ánimo, la ciudad pierde una tienda de refinamiento, absoluta variedad en cueros, paraguas, mochilas, regalos, accesorios y excelente servicio.
En la puerta del antiguo negocio, LA VOZ conversó ayer con su nuera Sabrina, mientras el reportero que escribió estas líneas, vió empotrado en las rejas del predio un lapidario cartel de “se alquila”.
La joven y su marido Guillermo Bracconi, acompañaron a Ana en una segunda etapa que intentó extender su vida comercial: que fue en vano.
La situación económica, el cambio en el perfil multisectorial del Microcentro, las ventas en baja, los costos y servicios en alta, la competencia desleal y el fraude marcarlo, conspiraron con la salida de escena.
El matrimonio de mediana edad y con actividades propias, decidió seguir con sus otras rutinas habituales y brindarle todo el amor del mundo a Ana, ya lejos del mostrador.
REFLEJO
Este diario siempre a campo ya reflejó ceses, fusiones y drásticos cambios en el movimiento económico del Centro.
Mientras algunas aperturas intentan equilibrar la vigente valoración de la plaza, distintos actores de la agenda local intentan -contra viento y marea- resistir el “efecto cascada” de bajas ventas y costes altos.










