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Un yoga presente: el verdadero yoha comienza fuera del mat

Por Karina Guzmán – Práctica de Yoga y Movimiento Real en Espacio Darshana Zárate

Vivimos un momento donde el yoga está en todos lados y a la vez, en pocos lados está en su esencia. Lo vemos en redes como una postura perfecta, como una frase bonita para tapar un mal día, como 3 tips para arreglar esto o aquello. Frente a eso, desde Espacio Darshana preferimos orientar la práctica a vivir la experiencia de un yoga que no se usa como bypass espiritual ni como vidriera, sino como un acto de volver a habitar el cuerpo.
La globalización nos abrió las puertas al mundo. Podemos tomar una clase con un maestro de la India, acceder a textos que antes no llegaban. No estoy en contra de lo online, lo uso y lo valoro, es una herramienta valiosa bien utilizada y cuando nosotros la usamos a ella y no al revés. Personalmente estoy muy agradecida con todos mis maestros, dado que un profesor también es un eterno aprendiz. Pero a veces esa misma hiperconexión fomenta una crisis de soledad y separación. Estamos más conectados que nunca y a la vez, más lejos del cuerpo y de los demás. La práctica, la presencialidad, la sangha -comunidad yóguica- aparece ahí como antídoto: volver al cuerpo, a la respiración.
El verdadero yoga comienza fuera del mat. En el mat entrenamos. La práctica empieza de verdad cuando te bajás: en cómo hablás cuando estás cansada, en cómo escuchás cuando el otro no piensa como vos, y en todas las situaciones inherentes a ser humano.

1. Propiocepción, flexibilidad y confianza: una relación neurosomática
La propiocepción es el lenguaje interno del cuerpo. Es saber con los ojos cerrados cuál es tu postura y tu movimiento. A través de receptores en músculos, articulaciones, fascias y piel, el sistema nervioso recibe información constante sobre posición, tono y dirección. Cuando la propiocepción es clara, el cuerpo se siente organizado. El sistema nervioso percibe seguridad. Y cuando hay seguridad, disminuye la necesidad de controlar. El control excesivo suele ser una estrategia para compensar inseguridad interna. Confianza corporal es claridad sensorial interna. Por eso no trabajamos flexibilidad forzando. Trabajamos propiocepción para que aparezca confianza, y desde ahí la flexibilidad sea una consecuencia de disfrutar la práctica y de descubrir qué puede hacer el cuerpo para sentirnos mejor.

2. El mundo cambia cuando cambia tu cuerpo
Las posibilidades de acción que el entorno nos ofrece dependen de cómo nos podemos relacionar con él. El suelo puede ser incómodo o ser un lugar para descansar, jugar, moverse. El mundo no cambia. Cambia aquello que tu cuerpo puede hacer en él. Entrenar no modifica solo músculos. Modifica el mundo que tenés disponible. Cuando ganás movilidad, aparecen posibilidades que antes no estaban. Tu propio peso deja de ser algo que cargás y empieza a ser algo que podés organizar, sostener y explorar. Una buena pregunta para evaluar la práctica no es solo “¿estoy más flexible?”, sino “¿hay más cosas que hoy puedo hacer? ¿me siento mejor en este cuerpo hoy?”.

3. Somática: usar el cuerpo como vehículo para ser más conscientes
Desde la mirada somática, el cuerpo no es algo que tenemos que dominar ni algo de lo que tenemos que irnos para ser espirituales. Es el vehículo. Somos más que el cuerpo físico, pero es a través de este cuerpo que el ser interior puede tener la experiencia humana. Usar el cuerpo como vehículo para ser más conscientes es la propuesta. La consciencia no flota por encima, se encarna. Se hace carne en cómo respiro cuando tengo miedo, en cómo apoyo los pies cuando estoy apurada, en cómo aflojo la mandíbula cuando quiero controlar. Habitar es eso: escuchar al cuerpo para volver a elegir, en vez de reaccionar en automático.

4. Roles: cuando nos comemos el papel
El yoga propone algo muy lúcido: jugamos roles todo el tiempo. Un rato somos profe, un rato somos vecina, amiga, madre, hija, alumna. El problema no es el rol, es cuando nos creemos que somos solo eso y nos comemos el papel. Si me como el papel de profe, tengo que saber todo y no puedo cansarme. Si me como el papel de madre, me olvido de mi propio cuerpo. Si me como el papel de hija, sigo esperando aprobación. El yoga no te saca los roles, te invita a habitarlos con presencia y a soltarlos sin culpa. Ese rol que estoy jugando ahora, ¿lo estoy habitando o lo estoy actuando? ¿Estoy acá o estoy representando? Cuando no me como el papel, puedo poner Ahimsa en práctica: no violentarme para sostener un personaje. Puedo estar en cada vínculo con más verdad, y ahí el estrés crónico que vivimos no tiene en qué sostenerse.

Por eso digo que el yoga empieza fuera del mat. Porque fuera del mat es donde se te ve de verdad: cómo sos con vos misma, cuando nadie te mira haciendo la postura.
No prometemos iluminación. Proponemos un espacio de trabajo real, constante y respetuoso, donde cada persona es la estrella de su propia práctica. Un yoga que sirve para la vida cotidiana. Un yoga que te acerque a reconocerte como un humano más consciente y amoroso.

Karina Guzmán
Profesora de Yoga y Danza
IG: @espacio.darshana