Traicionando la buena voluntad de ancianos, en este caso de 88 años, vuelven a repetirse hechos de hurtos y robos acompañados por engaños que sobrepasan las emociones de las víctimas y sus familiares.
El día 8 de julio un abuelo fue sorprendido en su buena fe por una señorita que había encontrado y llamado al señor en la calle unos días antes. Ella se dio a conocer como Alejandra López, una ex empleada de un Supermercado, ubicado en Félix Pagola y Estrada de esta ciudad, donde el abuelo concurría habitualmente. También le comentó que trabajaba en la remisera ubicada al lado del Bingo, ya que su padre había fallecido y ella seguía con ese trabajo, tocando la sensibilidad de la persona mayor. Conocía el nombre del él y prometió visitarlo pronto. El encuentro no fue fortuito: la señorita dijo que lo reconoció porque lo había seguido viendo siempre cuando iba a cobrar su jubilación, acompañado de un familiar.
El hombre abrió las puertas de su hogar a la tal Alejandra, y mientras tomaban mate, el anciano recibió un aviso telefónico de una Empresa de Comunicaciones Móviles. En ese llamado se le comunicó la existencia de una deuda (inexistente, por cierto) de $700 que debía de ser abonada antes de las 18:00, de ese mismo día, pues de no ser así se iniciaba un juicio de embargo de bienes y se le cortaban los servicios.
El abuelo nervioso quiso llamar a sus familiares. Pero no pudo comunicarse, la señorita ya había desconectado el teléfono y le dijo “Vio, ya se lo cortaron”. El abuelo dudaba sobre pagar o no la deuda, pero ella le explicó que esto le había sucedido a su abuelo y que debía pagarla urgentemente. Incluso ofreció una pequeña suma de dinero para cumplir parte de la deuda, que debía ser abonada en la Ciudad de Buenos Aires y que ella misma pagaría esa tarde. El abuelo le dio el dinero y le agradeció.
Todo esto vivió un honesto jubilado que cobra la jubilación mínima y que no posee teléfono celular. ¿Cómo continúa la historia? Trasladando al abuelo al cardiólogo, con la presión por las nubes y un electrocardiograma con arritmia, etc.
Pero allí no termina todo: Los familiares se dirigieron a la Policía para exponer lo ocurrido y fueron en la Comisaría enviados(sin preguntarles el motivo de la exposición) a 3 de Febrero 81, una Oficina de Derechos Humanos de la Municipalidad de Zárate, donde consideraron que no se podía tomar la denuncia ya que no hubo delito???.
Ante esta sumatoria de raros hechos, es lógico que los damnificados se pregunten si: ¿es el Municipio el que se hace cargo de estos hechos de inseguridad en Zárate?, ¿No se llevan estadísticas al respecto?.Obviamente, que si no toman exposiciones de los casos no hay registro, en consecuencia no existen hechos delictivos ni para el Municipio ni para el gobierno provincia o nacional y tampoco para la policía.
Frente a estas circunstancias y la falta de respuestas oficiales, los familiares de la víctima se preguntan con razón. ¿Quién nos defiende?, ¿Tienen que existir muertes o grave violencia para denunciar un hecho delictivo?.¿Qué pasa con el engaño, la estafa y hurto?.
“Nos sentimos defraudados, desamparados, a la deriva, sólo pensando que debemos continuar encerrados y con rejas hasta el techo y confiando en la Divina Providencia. Alentados solamente por los medios de comunicación a quienes agradecemos”, dicen a LA VOZ los damnificados.









