
Desde el año 2000 hasta la fecha la cantidad de espacios para las bandas de rock locales fue disminuyendo exponencialmente en función de la voluntad política de los gobiernos de turno, que decidieron centrarse en otras expresiones, y de la decisión de privados en no pagar ni alquilar sonido para la bandas a raíz de problemas presupuestarios del bar o pub en cuestión.
Las quejas de vecinos por ruidos molestos y las medidas de seguridad exigidas por parte del Estado tras el incendio del boliche República de Cromañón, se encargaron de “aniquilar” cualquier intento de alguna banda local de tocar en su ciudad.
A principios de la gestión de Cáffaro, surgió la idea de conformarse un Consejo del Rock imitando los ejemplos de otras ciudades como San Pedro.
Finalmente, se conformó el Consejo de Rock de Zarate como una asociación civil “sin fines de lucro y apolítica” destinada a promover el rock como cultura; difundir el trabajo de los músicos de nuestra ciudad; generar espacios para el desarrollo de recitales, festivales, y afines y dar un lugar a aquellos que recién entran al mundo de la música.
En principio criticado por ser un proyecto político, esta agrupación avanzó con el único objetivo de brindarles un lugar para tocar a los nuevos músicos locales.
“Sabemos que este movimiento tuvo muchas idas y venidas pero sin este grupo, él no podría haber tocado más de quince veces en vivo como lo hizo”, expresó el actual presidente del Consejo del Rock, Pablo Vulich, señalando a un adolescente de 16 años; el integrante más joven de la entidad.
Ante el poco espacio encontrado en la dirección de Cultura municipal, ellos encontraron en el Almacén Cultural Cooperativo, el Círculo Popular de Cultura y la Cruz Roja lugares en donde tocar y poder reunirse.
“Queremos que esta gran movida de bandas tenga un espacio en donde mostrarse. Por esto estamos juntando firmas para que todos los músicos, integrantes de bandas o quienes quieran apoyar el regreso de las bandas a los escenarios locales puedan mostrar su adhesión”, expresó otro de los integrantes del Consejo del Rock, Facundo Palavecino, quien señaló que esta planilla se puede encontrar en salas de ensayo, casa de venta de instrumentos musicales y radios.
Según confirmaron, desde el Ejecutivo les dicen que “falta presupuesto” para organizar festivales de rock con mayor asiduidad. Por este motivo, hoy las bandas están obligadas a resguardarse en la sala de ensayo y, en el peor de los casos, a desintegrarse ya que ni la Internet ni las redes sociales sirven si no se tiene un espacio físico donde tocar y expresarse.
“Queremos un trato igualitario, que al rock se le dé un lugar como se le brinda al folklore o al tango; siempre nos pasa que el rock y la música tropical quedan relegados por ser un grupo joven. Además, asocian a los dos géneros con las drogas y el alcohol y los músicos no todos se alcoholizan o se drogan. Tenemos músicos que tienen 13 años y que lo único que quieren es que sus familias los vayan a ver; nosotros también queremos que el rock sea un género donde pueda la población concurrir con la familia, con sus abuelos o hermanos, que se empiecen a brindar espectáculos donde la familia también pueda participar”, concluyó Pablo Vullich.
Hoy la escena está tomada por el tango y el folklore y al rock lo fueron “empujando hacia el río” con festivales esporádicos. Esto es todo un símbolo en una ciudad que vive de espaldas a ese sector. Por el lado de las bandas, lejos quedaron los festivales en los “Boy Scout”, los grandes recitales en el Anfiteatro “Homero Expósito” donde mucho músicos iban a ver a otros pares, centrándose en la solidaridad, el apoyo y el respeto a la cultura local.
Tocar sin cobrar. Pagar para tocar
Por último, resulta paradójico que específicamente con las bandas de rock se permita aplicar la siguiente ecuación: “tocar sin cobrar o pagar para tocar”.
Desde ámbitos privados se les cobra a las bandas para darles un espacio en donde en muchas ocasiones no se logra recuperar el dinero invertido por los músicos a pesar de que el local esté lleno.
Por otro lado, también resulta llamativo que desde el Estado municipal no se les pague un “valor simbólico” a las bandas de rock locales por tocar en festivales o eventos auspiciados por comercios y empresas.
Un caso paradigmático, fueron las “Expo- Zárate” que se sucedieron en los últimos años, en donde se prefirió pagar una cuantiosa cantidad de dinero a artistas de otras localidades y no apoyar la cultura local valorando el esfuerzo de músicos zarateños.










