La infancia es un tiempo donde el niño debe apropiarse de los resultados de un desarrollo cultural. El hecho de haber sido deseado, o no, por los padres deja una marca indeleble en todo individuo y es en relación a ese deseo de los padres que se juega el lugar para el sujeto. El niño es un sujeto en tiempo de estructuración que necesitará de toda su infancia para apropiarse y ordenar lo transmitido por los padres. Esto lo irá inscribiendo en sucesivos tiempos, y es el juego lo que el niño utilizará como escenario donde poder hacer activamente lo que sufre pasivamente. Freud, en el texto ‘Más allá del principio del placer’, explica el “fort da” -que significa “se fue” y “acá está”- y como apoyatura teórica desarrolló el modo de juego de su nieto, un varoncito de un año y medio que pronunciaba apenas unas pocas palabras inteligibles. Cuando la madre lo abandonaba durante horas, el niñito no lloraba. Un día jugando con un carretel de madera atado con un piolín, lo arrojaba tras la baranda de su cuna. Cuando desaparecía decía “o-o-ci-o” que significa “fort” (se fue), y después, tirando del piolín, volvía a sacarlo de la cuna, saludando ahora con un “da” (acá está). El mayor placer correspondía a la segunda parte del juego. La interpretación que Freud hizo del juego fue que en éste, el niño podía hacer la renuncia de admitir sin protestas la partida de su madre. Escenificaba esa partida y regreso con un objeto (el carretel) que la representaba. El niño en la vivencia era pasivo y por lo tanto afectado por ella y al jugar se ponía en un papel activo. El niño repite en el juego todo aquello que ha hecho gran impresión en su vida, adueñándose, por decir así, de la situación.
El discurso del niño está hecho de palabras, juegos y dibujos. Un niño habla sobre la verdad que lo habita en las repeticiones de sus juegos, en los impasses de sus discursos y en lo fallido de sus dibujos. La escena lúdica da la posibilidad de decir lo que le pasa, lo que lo angustia y molesta. Con los niños se interviene en el juego o sobre los personajes de ese juego. En esa intervención, el terapeuta intentará leer más allá del juego, a fin de modificar la posición del sujeto. El niño, en el juego, transfiere en el terapeuta una importante vía de acceso al decir infantil.
La terapia con un niño tiene un libreto que se escribe a medida que se desarrolla la escena. A veces se necesita de otro que juegue la escena, para ayudar a escribir eso que se repite reiteradamente en el juego y no logra el canal adecuado para expresarse. El juego ofrece la posibilidad de identificarse con un protagonista sin riesgo. La regla del jugar es que el riesgo sea excluído de la situación.
Jorgelina Altmann
Lic. en Psicología









