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  • Farmacia Silvetti celebró sus 121 años en su renovado local que atesora muchas historias

    6/6/2016

    En 1895, cuando Zárate aún no era ciudad, sus calles eran de tierra, no había alumbrado eléctrico y, según el censo de ese año, el pueblo tenía una población de 12.181 habitantes (de los cuales el 42% eran extranjeros), don Pedro Silvetti, -uno más de esos italianos que se afincaron aquí-, inauguró Farmacia Silvetti en la calle principal del pueblo que luego se llamó Justa Lima de Atucha, en memoria de quien donara el templo de Nuestra Señora del Carmen inaugurado en 1880.
    Era Pedro Silvetti químico-farmacéutico, “un distinguido profesional y correctísimo hombre público”, como lo describe el historiador Vicente R. Botta, y agregamos, un visionario, pues confió en el progreso de este pueblo que para esa época, ya había sido propuesto como candidato para convertirse en la capital de la Provincia de Buenos Aires por su ubicación estratégica y potencialidad económica a orillas del Paraná de las Palmas.
    El local de la Farmacia Silvetti, una de las primeras de Zárate, formaba parte de una construcción más amplia como puede verse en la foto de época, que comprendía también la vivienda familiar a la cual se ingresaba por un zaguán lateral, una amplia entrada de carruajes y una casa con ventanas y balcones de hierro. Una fachada que respondía a las pautas arquitectónicas neoclásicas que comenzaron a difundirse en el país, con la llegada de los inmigrantes italianos a fines del siglo XIX. Con amplias vidrieras, su interior mostraba las exquisitas estanterías y mostradores de roble tallados por el mismo Silvetti quien, según se cuenta, era ebanista. El mismo mobiliario que podemos ver hoy donde se destaca una arcada de madera en la que está tallada en bajo relieve la Copa de Higia, uno de los símbolos más conocidos de la profesión farmacéutica.
    Pero Silvetti, además de un profesional reconocido y minucioso artesano, era un notable músico y se le reconoce como uno de los artífices del progreso cultural zarateño de entonces. Entre otras iniciativas se le atribuye la formación de una selecta orquesta que ejecutó conciertos de repertorio escogido y clásico en reuniones sociales y culturales.
    Cuando decidió retirarse de la actividad farmacéutica, este italiano emprendedor, quien no tuvo hijos, dejó la farmacia a cargo de Bernardo Echezuri, quien era idóneo de Farmacia por lo que pronto necesitó incorporar a un profesional. De esta manera, ingresa a trabajar en 1937, el Dr. Oscar Molo, otro reconocido profesional y catedrático zarateño que dio clases de Física y Química en el Colegio Nacional y fue el director de la Farmacia del Hospital la cual lleva su nombre. Los Molo eran de origen suizo y su padre don Mario Molo fue director de la Fábrica de Papel “La Argentina”.

    LA HISTORIA CONTINUA CON IMPETU RENOVADO

    Décadas más tarde, el Dr. Oscar Molo dejó la actividad en manos de su hija la Dra. Marta Molo, también farmacéutica graduada en la Universidad de La Plata, destacada profesional quien se hace cargo de la “posta” en 1988, hasta que hace tres años adquirió la farmacia -que siempre conservó el nombre Silvetti-, la Dra. María del Carmen Busatta.
    La nueva propietaria consciente del significado de esta historia de 121 años en la profesión farmaceútica ya que es el único comercio zarateño que ha mantenido, a través de tantos años el mismo rubro, la misma fachada edilicia y su mobiliario interior, decidió comenzar las tareas de restauración y puesta en valor de este inmueble único y simbólico de la calle Justa Lima 330.
    Terminada la restauración, Farmacia Silvetti festejó con su personal, clientes y vecinos este acontecimiento y durante tres días recibió al público con un desayuno y merienda para que puedan apreciar la riqueza arquitectónica y patrimonial de la fachada del edificio y su interior, y celebrar que además de su embellecimiento estético, es una de las Farmacias más y mejor provistas de la ciudad, con una atención de excelencia gracias a la colaboración del personal de amplia experiencia bajo la dirección de la farmacéutica Dra. Andrea Gherbi y la supervisión general de la farmacéutica Dra. Marta Molo y la bien dispuesta atención de su personal Leonel Olguín, Marisa Cremón, Marcela Domínguez, Magalí Corujo y Gladys García.

    En 1915, se inauguró la farmacia que formaba parte de un conjunto arquitectónico, gran parte ya modificado.

    En 1915, se inauguró la farmacia que formaba parte de un conjunto arquitectónico, gran parte ya modificado.

     

    La renovada fachada del edificio.

    La renovada fachada del edificio.

    La propietaria Dra. María del Carmen Busatta, las farmacéuticas Dra. Marta Molo y Dra. Andrea Gherbi y el personal: Gladys García, Marcela Domínguez, Magalí Corujo, Marisa Cremón y Leonel Olguín.

    La propietaria Dra. María del Carmen Busatta, las farmacéuticas Dra. Marta Molo y Dra. Andrea Gherbi y el personal: Gladys García, Marcela Domínguez, Magalí Corujo, Marisa Cremón y Leonel Olguín.