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  • Incentivan un plan de alfabetización para adultos

    29/5/2017

    Días atrás, el Municipio puso en marcha nuevamente el Programa Alfa que articula la Dirección General de Educación, dependiente de la Secretaria de Desarrollo Humano y Promoción Social, que tiene como objetivo promover el acceso a la lectoescritura.
    Durante los años 2013 y 2014, en la ciudad se llevó a cabo el programa Encuentro, iniciado por el Ministerio de Educación de la Nación. En 2015, no se pudo implementar a raíz de diferentes dificultades, fundamentalmente, la escasez de recursos humanos. Finalmente, en 2016, dada la coyuntura del cambio de gobierno, desde el Municipio conectaron con la cartera educativa para conocer detalles sobre si se continuaría con los convenios base para la continuidad del programa, pero fueron notificados que los mismos serían dados de baja.
    Fue así que, considerando la necesidad de una implementación inmediata en lo local, surgió la idea de armar un programa propio. “Se hicieron las guías se trabajo con especialistas de educación de adultos. Son guías pensadas y formuladas desde la realidad de Zárate”, detalló la Jefa del Departamento de Educación Nair Abdala.
    En diálogo con LA VOZ, la funcionaria explicó que “la decisión política de llevar a cabo un programa propio fue un desafío, pero también es un orgullo. Es un programa que mantuvo algunas características del Programa Encuentro”.
    El Programa Alfa, tiene una extensión de cuatro meses, con una frecuencia de dos veces por semana. Allí, se trabaja con población adulta, por lo cual se diseñaron clases de una hora por día. “Desde el punto de vista pedagógico hay un tiempo estipulado donde la persona puede aprender el dominio básico de la lectoescritura”, definió Mariano Carboni, coordinador de Alfa.
    “El objetivo es que aprendan a leer y escribir y que los adultos que quieran, puedan terminar su escolaridad; nosotros le damos un certificado por haber participado del programa, y es importante que puedan tener el certificado de la escuela primaria”, detalla Abdala.
    En esta línea, sostiene que desarrollan un trabajo conjunto con el área de Inspección de Adultos, a fin de lograr una vinculación con la escuela primaria, una vez finalizado el periodo de alfabetización. “Además de la herramienta de la lectoescritura pueden leer de otra manera su realidad y ponerle palabras a la realidad que viven”, explican.
    “Hay diferentes casos, hay adultos que son analfabetos, y lo que se denomina en educación como “analfabeto funcional”, que maneja algo de la lectoescritura pero no lo suficiente para desenvolverse de manera autónoma, que tiene que ver con las exigencias cotidianas. También hemos tenido casos de personas con discapacidades”, detalla Abdala.
    Los alfabetizadores, son vecinos que acceden al programa mediante una convocatoria que se encuentra abierta todo el año. Como requisito, deben tener el nivel secundario completo y un perfil con vocación docente. Si bien la participación es voluntaria, los alfabetizadores perciben una remuneración simbólica en concepto de viáticos.
    “Es un trabajo de hormiga con muchos altibajos, puede pasar que no vaya nadie y haya que ir a buscar a las personas”, sostienen y agregan: “El trabajo más importante es previo al inicio del programa, el momento de los relevamientos, porque la situación del analfabetismo tiene algo en particular, y es que la persona no anda por el mundo contando abiertamente que es analfabeta, sino que muchas veces trata de ocultarlo. Por eso hay que ir casa por casa, barrio por barrio, con todo lo que eso implica. Tratamos de hacer un despliegue lo más amplio posible de manera tal que abarque la mayor cantidad de barrios del distrito, con el objetivo que tenga que desplazarse lo menos posible”.
    En este sentido, Nair Abdala también explica que “la experiencia nos ha mostrado que los alfabetizadores también se encuentran con una realidad nueva; en la medida que empieza a haber confianza, sabemos que en zonas con tan alta vulnerabilidad las problemáticas de las personas salen a flor de piel, por eso hemos tenido que articular con áreas como Abordajes Integrales, Salud, o Servicio Social”.
    Generalmente, el programa se desarrolla en los Centros de Participación Municipal (CEPAM), y otras instituciones barriales por fuera de la estructura municipal como sociedades de fomento, iglesias, comedores y hasta casas de vecinos. Este año, ya fue inaugurada la sede ubicada en el comedor “Los Rosales” en calle Almafuerte y Pacheco y el merendero del barrio La Esperanza. Según se planifica, esta semana se inaugurará otra sede en el barrio La Ilusión y, para el mes de junio se proyecta abrir una sede en la localidad de Lima.
    Los interesados en sumarse al programa, pueden acercarse a las sedes mencionadas, o bien, a las oficinas de calle Alem 780.

    En Zárate había 1200 personas que no sabían leer y escribir

    El censo del año 2010 arrojó el dato de un total aproximado de 1200 personas que nos sabían leer ni escribir en el distrito de Zárate. “El año pasado fue el primer año de implementación local; no pudimos dar con todas esas personas, pero de un relevamiento de 120 personas, comenzaron alrededor de 80”, detalla Carboni. Ante esta iniciativa, los alfabetizadores se encuentran con una problemática constante: la deserción de los alfabetizandos.
    “La deserción responde a que, lo que para nosotros es una prioridad como la educación, en otras personas en situación de vulnerabilidad y con una realidad compleja, los lleva a tener que priorizar otras cosas por encima, como por ejemplo, un trabajo”, sostienen. Ante la falta de alguno de los alumnos, el alfabetizador voluntario notifica la situación y desde el área de educación se da inicio a un abordaje a través de visitas al domicilio, a fin de invitar a la persona a reinsertarse en el programa.
    En cuanto a la información sobre las personas en situación de analfabetismo, el área trabaja de manera interrelacionada con otras dependencias como la Oficina de Empleo o Economía Social. “Si bien el programa está en cabeza de la Dirección General de Educación, es necesario que todos nos hagamos carne de esta problemática, porque es una deuda de la sociedad y del Estado que esa persona haya sido expulsada de la escuela. Queremos que el conocimiento de que está funcionando Alfa este en todos, todo el tiempo”, manifiesta Abdala.

    El coordinario Mariano Carboni junto a alumnas del Programa Alfa.