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  • El científico zarateño, Esteban Mazzoni, investiga células madres en Nueva York

    21/8/2018

    Desde muy pequeño se interesó por la ecología y también le gustaba la ingeniería, aunque comprendió que ambas disciplinas funcionaban mejor “como un todo integrado”. Hoy el futuro de la humanidad depende de esta relación y ningún proyecto de ingeniería puede tornarse apático al medio ambiente en el que se inscribe.
    También le gustaba la ciencia y la tecnología, por ello sus deportes preferidos eran los que podían vincular estos cuatro elementos, como las carreras de autos, además del factor humano, indispensable.
    Desde sus inicios como alumno en el Colegio Hotton nadie podía pensar que la pasión de Esteban Mazzoni por la ciencia y las personas podían llevarlo al corazón de Manhattan, a investigar sobre células madres y dar clases en la Universidad de New York. En realidad porque el Colegio Hotton tiene un secundario con una orientación contable que nada tendría que ver con su futuro vinculado a las ciencias biológicas. Finalmente egresó de Licenciado en Ciencias Biológicas en la Universidad de Buenos Aires. “El primer año de la carrera descubrí la parte de investigación en Biología Aplicada a la Medicina pero yo no quise seguir esa rama pese a que me interesaba la Medicina. Siento aún hoy que no podría mantener una cierta distancia emocional de lo que le sucede al paciente; me imagino como médico dándole malas noticias de salud a un paciente y no podría sostener esa distancia profesional”, recuerda Esteban.
    Se cruza de piernas, levan los ojos hacia arriba, y pensando unos segundos destaca a dos profesores que, sencillamente, le cambiaron la vida; Alberto Kornblihtt y Daniel Goldstein. “Ellos fueron importantísimos para mi vida profesional como científico y como profesor, de hecho hoy les hablo de ellos a mis alumnos en las primeras clases. Básicamente comparto una idea que me inculcaron; que la Biología es la ciencia del futuro y que es divertido estudiarla. Hoy la Biología es crucial si queremos seguir viviendo en este planeta y debemos prestar atención al medioambiente. El mundo es finito, tiene recursos finitos, los cuales debemos administrar mejor. Para ello hay que trabajar en un montón de frentes y la ciencia y la tecnología deben estar al servicio del ser humano y del planeta. También les hablo de otro paradigma; la ciencia antes curaba con la química pero hoy cura con la biología, y eso es lo que hacemos nosotros en el laboratorio al estudiar células madres”, destacó Esteban, quien tiene un Doctorado en Ciencias Biológicas vinculadas al desarrollo del sistema nervioso y la genética; y luego realizó un Posdoctorado en la aplicación de aquel conocimiento a las células madres.
    En su vida, la posibilidad de viajar a Estados Unidos surgió, quizás casi sin pensarlo, antes de recibirse cuando aprovechando unos ocho meses libre viajó a Dallas, a la casa de una tía lejana a estudiar inglés. Después regresó a Argentina, trabajó en el Instituto de Oncología Angel Roffo, y al cabo de un tiempo se ganó una beca para estudiantes de grado pero el Estado nacional no tenía dinero para pagársela; y antes de negar la beca retrasó su tesina para recibirse. Finalmente se recibió en el 2000 y tras largos meses decidieron mudarse a Estados Unidos con su mujer, con la posibilidad de trabajar en la Universidad de Columbia. A partir de allí todo pareció fluir para Esteban y su familia. Hoy hace 18 años que vive en New York, más años de lo que vivió en Zárate. “Me casé y fui padre de una niña allá con mi compañera Natalia, a quien conocí mientras estudiaba en Capital. Ella es de Buenos Aires y tiene un trabajo mucho más interesante que el mío, es Socióloga y dirige proyectos de una ONG internacional llamada `Madre´; entidad que lucha desde hace 35 años por los derechos humanos de las mujeres que viven en situación de violencia extrema, como guerras y desastres”, destacó orgulloso Esteban.
    Nos contó Esteban que comenzó a dar clases en octubre de 2012 en la Universidad de New York y luego de cuatro años recibió de parte de la propia casa de estudios el título honorífico de `profesor del año´.

    Su trabajo en el laboratorio
    En pleno corazón de Manhattan, Esteban trabaja todos los días en su laboratorio con un equipo de diez personas. “Investigamos células madres porque tienen el potencial de convertirse en cualquiera de las células del cuerpo. Y concretamente buscamos cómo hacer que estas células madre se conviertan en las células que nosotros queremos. Hay distintas aplicaciones de las células madre pero nuestro estudio se basa en las enfermedades neurodegenerativas, por ejemplo el ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica). En estas enfermedades mueren ciertas neuronas que controlan el movimiento y los pacientes se van quedando inmovilizados de a poco. Hoy en día nosotros podemos crear y hacer estas neuronas en el laboratorio, y si podemos descubrir por qué mueren también podemos encontrar métodos para que esto no ocurra. Por ejemplo nuestro proyecto es tomar casos como el del físico Stephen Hawking, que tenía ELA. Él no se podía mover pero podía manejar la silla de ruedas y escribía pese a que estaba paralizado todo su cuerpo. Esto lo lograba hacer mediante sus ojos, es decir que podía mover los ojos estando paralizado. La incógnita es que por algún motivo aún misterioso, las neuronas que controlaban el movimiento de los ojos no se morían como las otras con esta enfermedad. Pero de estas motoneuronas hay muy pocas, los músculos son muy chiquitos y son difíciles de extraer. Es por ello que generamos un protocolo de células madres embrionarias para analizar a las neuronas que se mueren y cuáles no. Tenemos cantidades limitadas de estos dos tipos de neuronas y nos encontramos analizando sus diferencias, buscando un gen o la droga que nos permita transformar a una neurona tan resistente como la otra”, explicó Esteban.
    Cuando vuelva el mes entrante a New York, él y su equipo seguirán en este camino. “Llegamos a un punto de inflexión en la investigación; tenemos una hipótesis fuerte sobre el por qué de la muerte de este tipo de neuronas aunque debemos decidir si el desarrollo de esta hipótesis la hacemos nosotros, lo cual implicaría otros diez años de investigación y más de 20 millones de dólares de inversión; o se lo damos a los laboratorios farmacéuticos para que lo desarrollen y nosotros seguimos con la investigación de otros temas; uno de ellos es el de investigar el efecto de los medicamentos para el cerebro sobre ciertos neurotransmisores.

    Dr. Esteban Mazzoni en LA VOZ.

    FRASES
    Creo que me gusta la ciencia porque es lo opuesto al dogma, ya que implica cuestionarse constantemente todo lo que estamos diciendo y haciendo. La religión no se cuestiona. En cambio la ciencia es un modelo de la realidad hecho para ser cuestionado siempre. Es dinamismo absoluto. Cuestionamiento e incertidumbre.

    Creo que la propuesta educativa de la Universidad de Buenos Aires a nivel de infraestructura está en decadencia; respecto a las aulas, los libros y los espacios. No obstante, intelectualmente es un ambiente completamente exigente y ahí nadas o te lleva la corriente. Eso es buenísimo y tiene que ver con tratar de superarse todo el tiempo y sobreponerse a diferentes factores. Además uno se puede encontrar con profesores excepcionales.

    Si uno está cómodo en un lugar, hay algo mal. Si uno hace todo de taquito puede transformarse en un haragán. Nos debemos preguntar dónde está el próximo desafío, no por un instinto de competitividad sino de autosuperación. Siempre será difícil aprender algo nuevo pero eso es la clave de todo.

    Al irnos de Argentina perdimos un capital social muy importante, nuestras familias y amigos. Y debimos empezar de cero en otro país, conocer gente nueva que nos valoraba y se relacionaba con nosotros por lo que veían; eso también es clave, el aquí y ahora. En el laboratorio hay una planificación pero vivimos el día a día de una investigación, las diferentes dificultades y variables que van apareciendo. Y esto también lo hacemos a nivel familiar, siempre vamos día a día. Creo que esto también es muy importante.

    “Como sociedad estamos muy a contrapierna de la ciencia”
    El debate sobre la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo que trataron los diputados y senadores nacionales recientemente se fue colando en la conversación y Esteban marcó su postura desde su experiencia de biólogo. “La cuestión de dónde empieza la vida creo que es personal y cada persona decide; el asunto es que hay que legislar para los que piensan como vos y para quienes no piensan como vos. Y en el sentido en que muchos establecen cuándo comienza la vida, tendríamos que definir también cuando no termina la vida. O sea deberíamos definir con los mismos criterios cuando empieza y también cuando termina. Con este razonamiento se caerían un montón de los planteos de qué es vida y qué no lo es. Pero estos planteos que se están dando hoy en día comenzarán a complejizarse a futuro. Nosotros en el laboratorio tomamos a las células madres y podemos recomponer tejidos simples, sin embargo hay una máquina muy barata que en ocho meses crece como un humano y produce órganos parecidos al de los humanos, y es el cerdo, un animal que todos conocemos. Entonces hay mucha gente que tiene válvulas de corazón porcinas, teóricamente yo puedo agarrar células humanas, inyectarlas a un embrión de cerdo y ese cerdo puede llegar a desarrollar cierto porcentaje de células humanas. Por lo tanto si busco estudiar algún tipo de tumor en el laboratorio con un cerdo, y le voy inyectando células madres humanas y finalmente muere, hasta qué punto no soy un asesino o, mejor dicho, hasta qué porcentaje ese cerdo es animal o humano. Este ejemplo dispara el debate y lo complejiza teniendo en relación a todo lo que se está debatiendo hoy. Y veo que hay muy pocos poderes legislativos con la capacidad de discutir estos temas, no solamente en Argentina, sino en el mundo. Este tipo de ejemplos están pasando hoy en día y como sociedad estamos muy a contrapierna de la ciencia, discutiendo recién situaciones y hechos que son sólo la introducción a lo que tendríamos que empezar a discutir. Otra situación parecida es el calentamiento global, es algo que no se puede debatir o discutir, existe y es hora de actuar”, opinó el profesor de la New York University.
    En este sentido continuó su perspectiva sobre qué es vida y qué no es; “el Código Penal Argentino es muy claro, si yo mato a alguien voy preso por muchos años. Si yo mato un embrión no voy preso la misma cantidad de años, por lo tanto la propia ley distingue entre ambos estadíos de vida. A mí me parece que esto de las `Dos Vidas´ no es así, porque legalmente no se establece así. La otra situación remite a los embriones fecundados que almacenan las clínicas de fertilidad para luego implantar en la pared del endometrio de la mujer. Una clínica de fertilidad asistida hace crecer un embrión hasta el último estadío en el que puede sobrevivir fuera del cuerpo de la mujer y los que no son implantados, los almacenan en frío. Según lo que proponen muchos, esto ya sería vida, por lo tanto hay millones de clínicas de fertilidad cometiendo homicidios porque la ley estipula que los embriones se destruyen pasado un cierto tiempo, previo aviso a los donantes. Lo que quiero decir es que el concepto de qué es vida debe aplicarse para la ley del aborto pero también para los casos de fertilización asistida en clínicas. La ley debe ser para todos igual. Otro caso hipotético, si ocurriera un incendio en un edificio y en planta baja funciona un jardín de infantes y en el primer piso una clínica de fertilización asistida; un bombero está obligado a rescatar a la mayor cantidad de vidas posibles. Entonces qué elige el freezer con miles de embriones o a los 60 niños del jardín de infantes. Si los embriones son vida, debe salvar a los embriones que son más. ¿Pero quién estaría de acuerdo con eso? Como dije antes, entiendo que hay debates éticos y morales que se deben dar pero la ciencia va un paso más allá y no debemos retrasarnos en discutir cuestiones que son solamente el inicio al tema central”.

    La Universidad de Nueva York, en pleno corazón de Manhattan.