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  • Un cirujano zarateño desarrolló una máscara para reconstrucción facial

    28/9/2019

    Entre las facultades que se les atribuyen a los artistas, está la de poner en el universo, algo que antes no existía; Hernán Aguilar (42) no es artista, es cirujano plástico del Hospital Italiano y coordinador del Área de Quemados de la Unidad de Terapia Intensiva de Adultos, y junto al subjefe del servicio de Cirugía Plástica del mismo hospital, Horacio Mayer, trajeron al mundo algo de lo que no hablaban ni los más eximios libros de medicina.
    Hernan Aguilar nació en Zárate; cursó sus estudios primarios en la Escuela Nro.1, mientras que el secundario lo cursó en el turno tarde del Colegio Nacional. A los 18 años se instaló a estudiar en Capital Federal, donde ingresó a la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Fue docente de Anatomía, realizó su primer residencia de cuatro años en Cirugía General en el Hospital Español, luego tres años mas de Cirugía Plástica en el Hospital Italiano, hasta que su perfeccionamiento, lo llevó a Galveston, Texas.
    La ciudad de Galveston se encuentra a 30 millas de Houston; una zona de extracción de petróleo, donde los hospitales suelen recibir emergencias por casos de graves quemaduras. De hecho, allí se encuentra la unidad de quemados más grande de Estados Unidos. Fue en la Universidad de Texas, donde Hernán residió durante un año y medio, jugando en “las grandes ligas”.
    Cuentan las historias, que Arquímedes gritó “Eureka!” al descubrir que el volumen de agua que asciende es igual al volumen del cuerpo sumergido. Posiblemente, alguna exclamación similar haya lanzado Hernán, en alguno de sus viajes a Zárate, cuando solo, en interior de su automóvil, la solución apareció.
    Decimos solución, porque el cirujano define que desde que se levanta, hasta que se acuesta, su trabajo es “resolver problemas”. Y lo que hace un año se le presentó, era un grave problema.
    Un hombre de 38 años ingresó al hospital con un grave cuadro: presentaba el 40% de su cuerpo quemado, incluida la cara. Su camioneta había explotado cuando se dirigía a su trabajo, afectando también sus piernas y manos. Luego de salvarle la vida, los cirujanos comenzaron a trabajar en la reconstrucción facial del paciente.
    Hasta ese momento, las técnicas quirúrgicas convencionales no garantizaban una exitosa reconstrucción del rostro; por el contrario, dadas las particularidades morfológicas y la constante exposición al movimiento, resultaba casi imposible obtener los resultados esperados. Para dimensionar la importancia del desarrollo de Aguilar, es necesario saber que la piel se encuentra compuesta por diez capas; las inferiores, son las únicas con poder para regenerarse.
    Cuando un paciente ingresa con tal cuadro de gravedad, lo primero que hacen los cirujanos es realizar la remoción de toda la piel muerta de la cara. Luego, los profesionales colocan injertos de piel sintética, que en realidad es piel de vaca o cerdo, a la cual mediante un proceso de radiación, se eliminan todas las células animales, manteniendo la estructura. Las células humanas migran, se alojan en esa estructura y empiezan a crecer allí.
    Hasta aquí, no hablamos más que del método convencional, pero en este punto, la historia toma un camino divergente.
    Para continuar el tratamiento, el método implementado hasta el momento, utilizaría vendas o apósitos para “mantener” la piel artificial en su lugar, a la espera de que los vasos sanguíneos comiencen a nutrir esa membrana y la hagan vivir. Pero lo que no está fijo, no prende.
    Una cosa es fijar la zona con vendaje en un brazo, y dejarlo inmóvil; pero otra muy distinta es tratar de fijar la cara, donde se producen innumerables movimientos. La fijación es importante, porque una vez que la piel sintética recupere la función, el cirujano podría extraer las capas superiores de la piel del paciente, de otra parte del cuerpo, para su colocación en el rostro, en lo que se conoce como “injerto de piel total”.
    El método desarrollado por Aguilar y Mayer pone en crisis las técnicas tradicionales. Luego de retirarle la piel muerta al paciente, mediante la utilización de un Ipad y un software llamado Crisalix, se hace un escaneo de la superficie del rostro, lo que permite realizar un mapeo digital de la cara, y la creación de un archivo imprimible.
    Crisalix, es una empresa de origen suizo, que trabajó junto a Hernán Aguilar, quien también es Analista Programador, en el desarrollo del software de acuerdo a las necesidades de los cirujanos. El desarrollo para programar la parte imprimible de ese escaneo, llevó una inversión de casi 100 mil dólares.
    Con el archivo imprimible y una impresora 3D se realizó una máscara a medida del paciente, que garantiza la preservación intacta de los injertos de piel sintética, que deberán permanecer 21 días cubiertos. Luego, al retirar la máscara, la piel de cerdo o vaca estará pegada, y a ella se le añadirán las capas de piel extraídas de otra parte del cuerpo del paciente, en este caso, de la zona del tórax.
    Tras una semana, esas capas también estarán pegadas; pero el paciente deberá continuar utilizando la máscara para generar presión sobre las cicatrices y disminuir la hipertrofia cicatrizante.

    El Dr. Hernán Aguilar dialogó con LA VOZ.

    Un desarrollo revolucionario

    El trabajo realizado por los cirujanos con el apoyo de cinco empresas no sólo mejora los resultados en los pacientes y, como dice Hernán, “rompe la estructura de lo que se venía haciendo”, sino que además, el carácter revolucionario del desarrollo también radica en lo accesible que resulta.
    “La innovación es que pasamos del escaneo con un Ipad, al molde. Con ese software, que està online y solo hay que acreditarse, un Ipad y una impresora 3D, se imprime la máscara en ácido poliláctico, que es el insumo más común utilizado en impresión 3d, y que es derivado del almidón, la mandioca y la remolacha, por lo tanto es antialérgico, esterilizable y accesible”, comenta Aguilar. El costo total de impresión es de 100 dólares; pero además, también permite acortar los plazos desde que el paciente ingresa con la emergencia, hasta que se inicia el tratamiento. La impresión de la máscara, demora entre 13 y 18 horas.
    La máscara 3D ganó el 1er Premio en el Congreso Argentino de Quemaduras; se presentó en el Congreso Mundial de Cirugía Plástica en Beirut y en el Congreso Estadounidense de Cirugía Plástica, en San Diego.
    Al recorrer los ámbitos de la comunidad científica, el mundo entero comenzó a enterarse los que dos cirujanos habían realizado en un hospital de Argentina. La novedad estallaría primero en el exterior, y luego, a traves de la agencia Télam, la información llegaría a los medios nacionales a comienzos de esta semana.
    “Toda esta repercusión es la consecuencia de todo el trabajo que uno viene haciendo; esta técnica que desarrollé, lleva un año de desarrollo y ha ido escalando consecutivamente hasta tener una trascendencia internacional, que luego llega a la Argentina”, cuenta Hernán, y agrega: “La máscara 3D fue aprobada por la Asociación Americana de Quemaduras, que es referente mundial y tiene una revista llamada Journal of Burn Care, que son revistas donde se publica todo los trabajos científicos que cobran relevancia a nivel mundial; donde se traza el camino de lo que se puede y lo que no se puede hacer. Esa revista indexa online en lo que es PubMed, que es la biblioteca virtual de la Academia de Medicina de Estados Unidos. Por lo cual, este trabajo pasa a ser parte de la Academia de Medicina de Estados Unidos”.