• Hoy 30 - Zárate - 12° / 13.2°
    • Despejado
    • Presión 1007 hpa
    • Humedad 70%
  • “Con la lucha de las mujeres se abrieron muchas puertas y se abrirán muchas más”

    7/3/2020

    Pocos minutos pasan de las 13 horas y en la Terminal de Larga Distancia “Néstor Kirchner” un grupo de trabajadores hamaca sus cortadoras de césped y derriba los yuyos que la rodean. Dentro del edificio, unos hombres revisan unas planillas y afuera, bajo el alero de la galería, dos mujeres comparten un mate sobre un banco.
    Son Julia García y Romina Pérez, quienes desde hace casi seis meses forman parte del plantel de mujeres conductoras de colectivos del Sistema Integrado de Transporte, junto a otras cuatro compañeras.
    La convivencia social para las mujeres y las disidencias se encuentra plagada de micromachismos como parte de un devenir cultural patriarcal que establece -quién sabe por qué designio- que los varones deben ocupar un lugar y un rol, y que las mujeres deben acotarse al suyo. Obras de construcción, astilleros, entre otros espacios de trabajo, así como también los campos de juego de varios deportes, fueron monopolizados por la masculinidad a lo largo de los años, bajo la atenta y sesgada mirada de un sistema que insiste en ubicar a la mujer como un cuerpo débil, frágil, desprotegido, y en el peor de los casos, incapacitado e inferior.
    A sus tempranos 13 años, cuando aprendió a manejar, Julia ya soñaba con sentarse en una butaca, ajustar algunos espejos, poner primera y manejar camiones y colectivos. “El estereotipo dice que esto no es para mujeres y somos juzgadas”, cuenta mientras recuerda una experiencia reciente, pero no menos violenta, que deja en claro cientos de años de opresión: “Un hombre me dijo que las mujeres no estamos capacitadas para manejar, y casi me golpeó en el colectivo”. Era el 24 de diciembre y una joven, a la que le colgaba un pañuelo verde desde su mochila, fue la primera en interceder a su favor.
    Su historial laboral acumula experiencia, entre otras cosas, en atención al cliente y limpieza domestica, este último, un rubro relegado casi en su totalidad (sino exclusivamente) a las mujeres. Cree que es muy difícil que eso se modifique, pero Romina sentencia: “Ojalá que no; ojalá que eso también cambie”.
    Conducir una unidad del SIT es la primera experiencia de ambas en el transporte de pasajeros. Romina, es evisceradora forense y también formó parte de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, una fuerza que aún conserva vestigios de predominancia masculina, sobre todo en cargos jerárquicos.
    Un día, en una de las calles de Zárate, vio cruzar un colectivo del SIT conducido por una mujer, enseguida pensó que ella quería hacer eso y de inmediato asumió el desafío de romper los esquemas establecidos y el techo de cristal que cercenaba su potencia y su deseo.
    “A mi encanta esto, aunque a veces renegamos mucho; hay quienes se suben, nos halagan y hasta nos hacen regalos por tener el coraje de subirnos a un colectivo y manejar”, cuenta y agrega que haber conquistado ese espacio “sirve para demostrar que no hay diferencia, tanto el hombre como la mujer podemos llegar a hacer lo mismo”.
    Amenazar el status quo de la masculinidad sigue teniendo sus consecuencias y es una dinámica que se desarrolla en distintos lugares de trabajo, atravesando líneas políticas, partidistas e históricas. La mujer como sostén del hogar, fuente afectiva y crianza de los hijos; el hombre, como proveedor familiar, encarnación de la fuerza y pilar de la economía. Este último, un trabajo remunerado. El otro, no.
    Julia y Romina decidieron desafiar esa perspectiva estereotipada; y cuando decimos desafiar no es casual, porque no faltaron los comentarios que intentaron atarlas a un rol que ellas sentían que no era el suyo, recibiendo como argumentos, la repetida falacia de la “incapacidad” para esta tarea. Eso las llevó a deshacerse de eso vínculos negativos y redoblar la apuesta.
    Ambas, son mamás y jefas de hogar, lo cual –aseguran- les permitió desarrollar una mayor empatía en su trabajo: “En cierto ámbito tenemos más paciencia a los abuelos, a las mamás, a los chicos, eso es lo que más nos caracteriza”.
    “Mis expectativas las logré, es mínimo el número de personas que están en contra, generalmente la gente nos halaga así que estoy más que agradecida y contenta. Nos sentimos contenidas y acompañadas”, cuenta Julia y, mientras busca contagiar a otras mujeres, agrega: “Me propuse que lo iba a lograr, si una se lo propone, se puede”.
    Ninguna es ajena a la lucha de mujeres a través del feminismo que se viene desarrollando hace varios años y la acompañan con seguridad. “Se abrieron muchas puertas y a medida que pasa el tiempo se van a seguir abriendo mas. Hoy vemos mujeres camioneras que viajan por el mundo manejando un camión, algo que era impensado porque qué mujer se iba a ir de viaje con un camión, sola, era imposible. Y hoy se está naturalizando. Nosotras sentimos mucha emoción, es algo hermoso, te tiene que gustar. Para nosotras, representa un triunfo. Lo hacemos con pasión, amamos nuestro trabajo. Hace cinco años esto era imposible, lo hacemos como algo cotidiano, natural. Nos dicen que tiene que haber más mujeres”, refieren inspiradas por los vientos de cambio.
    Por eso, también apuestan a las nuevas generaciones y contribuyen a través de la educación de sus hijas e hijos, con la confianza de que se puede seguir revirtiendo la situación. “Los jóvenes están más predispuestos. Antes estábamos todo encasillados en que era así: mamá y papá. Papá trabaja y mamá se queda en casa; hoy los chicos crecen con otra información, de que no es así y que el trabajo se puede dividir entre los dos. De acá en adelante será diferente”.

    Las conductoras de micros del SIT, Julia y Romina.