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  • Inseguridad, rugbiers y pandemia: La realidad zarateña cambió sustancialmente desde diciembre

    18/4/2020

    Los “años calendarios” son arbitrarios, cada 31 de diciembre será el último día de cada año pero en función de procesos y etapas sociales, sólo un día más.
    El 2019 fue un año marcado por lo político, por las elecciones y las posteriores “esperanzas” en el nuevo gobierno. Pero a la par, fue un largo año signado por la violencia, la inseguridad, la marginalidad social, la inflación y las corridas cambiarias que depreciaron los salarios y el peso.
    La realidad zarateña fue moviéndose en espiral, tironeada por los relatos y las promesas de uno y otro frente político; pero siempre mantuvo los ojos bien abiertos en la cruda realidad económica, social y política. En ese orden.
    Para la mayoritaria clase media local, la preocupación central fue la de no llegar a fin de mes, no mantener el empleo y tener que mudarse a la periferia, a locaciones más baratas o, en el peor de los casos, a su casa paterna por no poder sostener un mínimo nivel de vida. Aquí lo saliente fue el aspecto económico.
    Para la clase baja, el 2019 significó tener que subsistir a la sombra del empleo informal, subsistiendo como albañil, plomero, cortando pasto, atendiendo un kiosco o revendiendo productos en ferias o por facebook. Como reconoció el propio municipio, se volvió a hablar de hambre en Zárate. Además, estas familias continuaron padeciendo problemas con el sistema de salud, la falta de seguridad y la ausencia de políticas públicas.
    Es por ello que desde hace años la cantidad de asentamientos creció exponencialmente a 27 asentamientos informales.
    Pero para la mayoría de la población zarateña el problema sigue siendo el mismo; viviendo en los barrios más cercanos o alejados del Centro, las contraprestaciones básicas que el propio Estado, en sus tres niveles, no realiza. La salud, la seguridad, la educación, la justicia y la vivienda.
    Y aquí es donde se mezcla lo social con el aspecto político. A la par, el avance de las drogas fue transversalmente tiñendo a hechos vinculados a cada una de estas demandas sociales, sin distinguir entre clases o entre drogas “legales o ilegales”; obligando a la clase política a un sinceramiento de la realidad y tener que incluir nuevos párrafos en sus discursos sobre este tema, siempre solapado y que no encuentra programas gubernamentales serios en relación a este flagelo que significa la drogadependencia.
    Como “primera escala”, se llegó al 10 de diciembre, el primer “mojón” cronológico, con el trágico desarrollo de otra verdadera pandemia, la violencia de género. El segundo tema que, a raíz de la demanda social, interpeló a la clase política y también se convirtió en un tema de campaña. Pero, al igual que las drogas, no encontra soluciones.
    Tras la asunción del nuevo gobierno nacional y provincial, el reacomodamiento de funcionarios se extendió mucho más de lo que se esperaba a raíz de diversos vencimientos de deuda pública tomados por el anterior gobierno y de la situación financiera estatal. Por lo tanto la aplicación concreta de programas y de un verdadero plan político, entrado marzo, tampoco se presentó. Algo que esperan escuchar, en primera fila, el empresariado y el campo.
    Entonces al no haber respuestas, sólo la renovación lógica de las esperanzas ante un nuevo gobierno, el 2019 pareció extenderse, sensorialmente, en el tiempo hasta llegar al verdadero “mojón” cronológico que significa el coronavirus. Una pandemia global que pasó temporalmente a la primera fila de la agenda pública internacional y nacional, pero que sólo relega a las verdaderas demandas sociales, y temporalmente, a un segundo plano.
    Violencia de género, drogadicción, hechos de inseguridad, desempleo y/ o baja en la producción industrial, inflación y falta de infraestructura sanitaria acorde a las demandas zarateñas son problemas comunes de toda la sociedad, más allá de clases sociales que organizan y estigmatizan.

    Violencia
    Según el Registro Nacional de Feminicidios del Observatorio “Mujeres, Disidencias, Derechos” de las Mujeres de Matria Latinoamericana, y a partir de la información de medios de comunicación, en los primeros cien días del 2020, 96 fueron las víctimas fatales del machismo en la Argentina.
    Por otro lado, la violencia también fue el denominador común en nuevos hechos policiales que generaron, a nivel local, una nueva rotación de funcionarios en la secretaría de Seguridad.
    Debió intervenir el Concejo Deliberante para que se genere una mesa de trabajo con familiares de víctimas; vecinos de barrio Bosch tuvieron que cortar la ruta 6 para que allí se aplique un plan de seguridad con patrullajes preventivos; proliferaron los grupos de whatsapp vecinales ante la falta de presencia policial; los “escruches” crecieron (robos a viviendas mientras no están sus moradores”); se produjeron “salideras” bancarias y robos a comercios con disparos de arma de fuego en pleno Centro y vecinos de diferentes vecindarios reclamaron más control en la nocturnidad, por todo lo que implica la desconcentración de jóvenes en los boliches céntricos y en el sector de costanera; aparte de la proliferación de fiestas clandestinas.
    A esta compleja situación se le agregó el caso de los diez joveénes zarateños acusados de matar a Fernando Baez Sosa en Villa Gesell, a mitad de enero. Un hecho que terminó interpelando al conjunto de la sociedad zarateña por el carácter ritualizado de la violencia que ya venía desarrollándose a la luz del contexto social del país. Párrafo aparte merece el rol de los medios de comunicación masivos y hegemónicos nacionales como caja de resonancia de discursos que clamaron venganza en lugar de justicia.

    La pandemia
    Con el bolsillo vacío y los puños apretados llegó la ciudadanía a marzo, recibiendo inesperadamente a la pandemia y al decreto nacional de cuarentena obligatoria. La verdadera “bisagra” que obligó a todos y todas a detener abruptamente su rutina, a analizar otros modos de empleo y de subsistencia, pero que también podría servir como bálsamo para analizar lo cambiante de las cosas y de la propia realidad. Sin embargo, las demandas pese a la pandemia siguen siendo las mismas; las obligaciones básicas de un Estado que pareciera querer abarcar cada vez más aspectos de la sociedad sin hacerse cargo de las primeras. Precisamente el sacerdote Osvaldo Montferrand y el grupo de Doctrina Social mantuvo una reunión en octubre sobre la “subsidiariedad” del Estado, es decir que no ocupe el Estado lo que puede hacer cada individuo o las sociedades intermedias.
    Por último, la pandemia deja nuevos desafíos para la sociedad y la revisión de parte de las administraciones estatales de las viejas demandas que hoy regresan transformadas, la reestructuración sanitaria, el necesario control de precios ante un mercado voraz y la especulación comercial (avivadas argentinas), la postura gremial ante nuevas manifestaciones del empleo informal como los delivery, la educación a través de nuevas plataformas digitales pero no concediendo a las pantallas un lugar preponderante de credibilidad e información, y el necesario acompañamiento familiar en la verdadera educación de sus hijos, que termina formándose en los hogares y no en las aulas.