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  • Impulsan la reactivación del sector nuclear

    14/7/2020

    A la par de la reconstrucción de la central nuclear de Atucha II, se puso en marcha el proyecto de extensión de vida de la Central Nuclear de Embalse, Río Tercero en Córdoba.
    La obra se inició en el año 2005, con la idea de inspeccionar, reemplazar y mejorar diferentes componentes de la central.
    Los 437 reactores construidos en el mundo tienen una edad promedio de 29 años. De ellos, 280 superan esa edad. Aunque los diseños originales de las centrales nucleares contemplaban una vida útil de aproximadamente 30 años, los condicionamientos externos y una serie de avances tecnológicos transformaron los proyectos de extensión de vida útil en proyectos de alta viabilidad desde el punto de vista de seguridad, tecnología y financiación.
    En este contexto, el 22 de agosto de 2019 la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) emitió la Licencia de Operación de la Central Nuclear Embalse (CNE) para su segundo ciclo de vida, luego que la central completara satisfactoriamente las pruebas de puesta en marcha hasta el 100% de plena potencia y resultara adecuada a las evaluaciones de seguridad, realizadas por ARN.
    La Central Nuclear Embalse, ubicada en la provincia de Córdoba, fue inaugurada en 1984 y es una de las tres centrales de generación de electricidad mediante la fisión controlada de uranio que opera la empresa estatal Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA). Ahora tendrá para otros treinta años más de funcionamiento, luego de la “extensión de vida”, con una potencia de 683 Mw.
    Por lo tanto, y como era de esperarse, ahora le toca el turno a Atucha 1, inaugurada el 19 de marzo de 1974.
    EXTENSION DE VIDA DE ATUCHA I
    Lo que argumentan los técnicos y profesionales en el campo de la energía nuclear, es que la extensión de vida de una central de recipiente de presión como la de Atucha I es distinta de la de una central de tubos de presión como Embalse. En el caso de las centrales de recipiente de presión la extensión de vida es un proceso continuo que está siempre en marcha; argumentando que Atucha I vive en extensión de vida con la modernización de varios de sus componentes periféricos.
    De ahí que muchas paradas se hacen para ir modernizando progresivamente el equipamiento; por ejemplo, para incorporar equipos diésel de emergencia nuevos en reemplazo de aquel de 40 años atrás.
    De hecho durante una parada programada del año pasado, se ejecutaron algunas de las tareas necesarias para la extensión de vida de la planta, que permitirán que la primera central nuclear argentina esté operativa hasta el año 2046.
    Según lo acordado con la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN), Nucleoeléctrica se comprometió a abordar la operación a largo plazo de Atucha 1 mediante un plan de acciones graduales y se acordó una visita de expertos que iniciarán una revisión de seguridad integral que aborda la estrategia y los elementos claves para el funcionamiento seguro a largo plazo de la central nuclear. Se han realizado dos reuniones preparativas a la misión, una en 2016 y otra en 2018, y está previsto que el año que viene, finalmente, se realice tal visita.
    Una de las obras que se iban a realizar en marzo pasado, como parte de un esquema de mantenimiento progresivo, es la construcción del edificio para el Almacenamiento en Seco de los Elementos Combustibles Quemados (ASECQ); un proyecto clave para la extensión de vida de Atucha I.
    Los avatares económicos y las acusaciones cruzadas de corrupción entre el actual gobierno y el pasado, terminaron por retrasar las obras. Hoy, con nuevo directorio, la empresa Nucleoeléctrica Argentina se dispone a reiniciar tales obras.
    De hecho esta semana se firmarán los contratos con las empresas contratistas y, pese a la pandemia, dicha empresa estatal se encuentra en un proceso de recuperación de su rol de constructor.
    “La reconfiguración de la Unidad de Gestión de Proyectos Nucleares, que el gobierno anterior cerró y dejó a 232 profesionales sin trabajo, ahora va a abarcar la extensión de la vida de Atucha I, las construcción de dos piletas de almacenamiento en seco para elementos combustibles (ASECQ) y el reactor Carem 25″, detalló Lucas Castiglioni, miembro del directorio de Nucleoeléctrica Argentina.
    EL “IMPACTO” LABORAL EN LA ZONA
    Una vez las inmobiliarias locales definieron que su sector comercial era “atucha-dependiente” ya que todo el mercado se movía a la par de la construcción de Atucha 2. Hoy en día no hay proyectos de obra de tal envergadura, con lo cual el mercado inmobiliario para alquileres y compras está depreciado; aún antes de la pandemia y de los avatares macroeconómicos del anterior gobierno con su política cambiaria. Pero un “cierto verano” laboral es lo que ansían desde el sector de la construcción para emplear a cientos de trabajadores desocupados y también desde diferentes empresas chicas y medianas que aportan insumos o mismo de cualquier bulonería o ferretería que trabaje con el rubro industrial.
    La ciudad se beneficiaría con la finalización del Carem 25 y la extensión de vida de la Central Nuclear Atucha 1, con paradas y la contratación de gente, traiga esperanzas para el comerciante y el trabajador, muy vapuleados por la pandemia y la crisis económica de arrastre.

    Complejo Nuclear Atucha en la localidad de Lima.

    BUSCAN CONTRATISTAS PARA EL CAREM

    El gobierno de Néstor Kirchner reactivó en 2006 el Plan Nuclear Argentino. El principal objetivo fue continuar con la construcción de Atucha II, pero entonces también se rescató del olvido el CAREM, un proyecto que tuvo su origen desde lo conceptual a comienzos de los años 80 y se mantuvo en el papel, con avances y retrocesos, hasta que en noviembre de 2009 el Congreso declaró el CAREM de interés nacional y le encomendó a la CNEA avanzar con el diseño, ejecución y puesta en marcha de un prototipo, que se instalará en Zarate. El recipiente de presión se licitó en 2013. La empresa IMPSA obtuvo la adjudicación del trabajo y al año siguiente comenzó con las obras.
    Ese mismo año IMPSA entró en default y recién en abril del año pasado completó la reestructuración de su deuda. Desde entonces, el 65 por ciento de las acciones de la compañía está en manos de un grupo de entidades financieras encabezadas por el Banco Nación, mientras que la familia Pescarmona se quedó con el 35 por ciento restante, aunque ya no tiene incidencia en el día a día ni en las decisiones estratégicas de la compañía. Por ese motivo, de Industrias Metalúrgicas Pescarmona solo quedó la sigla IMPSA. No obstante, durante todo ese proceso la empresa nunca dejó de producir.
    Se llegó a diciembre pasado, con la proyección de que con una inyección importante de dinero la obra se podría terminar para el 2021; lo cual sería fundamental para el futuro de Argentina que logre exportar reactores nucleares de generación de energía. Y los trabajadores del Carem citan el ejemplo de Indonesia como principal comprador; país que tiene 13 mil islas con 3500 muy habitadas. A esas islas todos los días les llevan combustible con barcos.
    Si se instalara un Carem se podría solucionar el problema permanentemente. Pero para ello es necesario terminar el prototipo para iniciar cualquier tarea de promoción y comercialización, ya que si no se conoce su funcionamiento, no se podría vender. La construcción de una central nuclear de potencia puede demorar entre 7 y 10 años, pero los reactores SMR, una vez que la tecnología esté probada y comiencen a fabricarse en forma seriada, con una potencia de entre 70 y 120 megas, podrían demorar entre 2 y 3 años.
    La realidad del proyecto Carem 25, es que se inició un nuevo concurso para incorporar a empresas contratistas y así comenzar la última parte de su montaje civil.
    El proyecto Carem 25 consta de la construcción del primer reactor nuclear de potencia íntegramente diseñado y construido en la Argentina, ubicado al lado del complejo nuclear de Atucha.