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  • “Si seguimos así, cambiaremos drásticamente la naturaleza del Delta como lo conocemos”

    27/8/2020

    Desde que el Delta del río Paraná comenzó a sufrir numerosos focos de incendio a lo largo de su territorio, fueron incontables las publicaciones en distintos medios de comunicación que se encargaron de visibilizar el daño ecológico que representan quemas indiscriminadas, con pérdidas inimaginables de la flora y fauna autóctona que habita en ese territorio.
    Pero una cosa es sensibilizarse con las devastadoras imágenes que reproduce la televisión o con las crónicas periodísticas sobre el tema, y otra muy distintas es conocer el testimonio de quienes dejan a sus familias para vestir un traje ignífugo, un casco y salir a combatir en la voracidad de los incendios.
    LA VOZ dialogó con Oscar Miranda, miembro del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Ibicuy, una zona que no es ajena a esta problemática y que desde hace varias semanas respira el humo y las cenizas de las quemas.
    “Acá los incendios forestales son algo de todo el año debido a la región en que estamos situados. Obviamente la situación actual se agrava, debido a las condiciones climáticas que se vienen desarrollando desde hace varios meses, principalmente la falta de lluvias tanto en la zona como al norte argentino. Esta situación hace que se esté produciendo una bajante histórica del río Paraná y sus afluentes y por ende, toda esa vegetación que normalmente está húmeda o bajo de agua, se transforma en material combustible. Particularmente en la zona de islas, existen muchos arroyos y lagunas que hoy están secos, aumentando aún más la cantidad de vegetación seca que se traduce en ese ‘material altamente combustible’”.
    Si bien las quemas en el Delta del Paraná comenzaron en el mes de febrero, aproximadamente, los focos se situaban en las cercanías de ciudades como Rosario o San Lorenzo, en Santa Fe. Pero con el correr de los días, los incendios se fueron expandiendo y se sumaron nuevos focos provocados por acciones intencionales, muchas de ellas, vinculadas a la generación de pasturas para la actividad ganadera.
    En este marco, hace dos meses se incrementaron los incendios en la zona de Ibicuy, donde los bomberos voluntarios de esa localidad -tal como ocurre con los servidores del Cuartel de Zárate- debieron duplicar los esfuerzos para contener la situación que atenta gravemente contra la biodiversidad del territorio insular.
    Uno de los principales problemas que enfrentan en estas circunstancias, es el acceso al lugar donde se encuentran los focos de incendio.
    “En la mayoría de los casos se accede a pie cuando se trata de la parte continental del lugar y en lancha cuando se producen en las islas”, cuenta Oscar, y continúa: “El trabajo que se realiza para la extinción es mayormente manual, se utilizan herramientas como mochilas de agua con capacidad de 20 litros, látigos, rastrillos, palas, entre otras cosas. En muchos casos se realizan cortafuegos (que es básicamente la limpieza del terreno para eliminar las malezas) y contrafuegos (se prende fuego de manera controlada para eliminar las malezas) y de esta manera lo que se trata de hacer es limitar la propagación del fuego”. Estas maniobras, generalmente tienen lugar en zonas como médanos, donde resulta imposible el ingreso de las autobombas.
    Más allá de la vocación de servicio con la que cuentan los bomberos, en ellos también confluyen varias emociones ante este escenario, que se unen, por ejemplo, a la desesperación de los animales salvajes que, acostumbrados a huír de la presencia del hombre, en su afligida carrera de supervivencia ahora pasan por al lado de los humanos casi sin percibirlos: “Las sensaciones que generan es, básicamente, de impotencia; de llegar al lugar y ver a las personas que están desesperadas por salvar lo poco que tienen, ver los animales huir asustados y ver muchos otros que no han podido sobrevivir, en algunos casos quemados o ahogados por el humo. El sábado pasado uno de los chicos rescató a un gato que se estaba quemando. Estaba moribundo, por lo que se le suministró oxígeno y agua, y cuando se recuperó se lo alcanzamos al dueño”.
    La vida, pareciera ser lo único que está en juego detrás de todo esto. Más allá de las cifras económicas, de las estadísticas, los índices, lo único que peligra es la vida misma. La vida de las plantas y árboles que tuvieron que esperar varios ciclos para desarrollarse y garantizar su reproducción y permanencia, la vida de los animales que desde tiempos inmemoriales tienen allí su hogar y ambiente, y claro, la vida de los bomberos que en pos de preservar todo eso, ponen delante hasta su propia salud.
    “El trabajo es muy desgastante, generalmente llevan muchas horas para extinguirlos. Muchos son los recursos que se ponen a disposición, no solo materiales y económicos, sino el cansancio que genera físicamente”, señala Oscar, y cuando se le pide que ponga en palabras un mensaje ante esta triste situación, concluye: “Más que nada, quisiera pedirle a la gente que tome conciencia de todo lo que hay detrás de cada incendio. No es sólo pasto lo que se quema, siempre solemos decir, hay cosas mucho más profundas. Se quema pasto, pero se quema una vegetación que es el ambiente de miles de especies, como carpinchos, nutrias, comadrejas, aves y hasta microorganismos que son tan importantes para la vida del ser humano. Se queman grandes reservas de carbono y vuelven a la atmósfera años de acumulación, en tan solo segundos, incrementando los gases de efecto invernadero acelerando el proceso del calentamiento global; si seguimos así, en pocos años cambiaremos drásticamente la naturaleza que ofrece el delta como hoy lo conocemos”.