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  • Cómo afecta la crisis a los artistas locales

    25/2/2021

    La pandemia significó un antes y un después para los trabajadores del arte en todo el mundo. Junto con los de la industria turística que perdieron miles de empleos, los artistas fueron los más afectados económicamente tras el confinamiento decretado el 19 de marzo del año pasado. A casi un año del comienzo de la crisis, para ellos la situación es de verdadera emergencia.
    En estas columnas nos hemos ocupado ya de la repercusión a nivel nacional de los efectos de la crisis y hemos sentido esperanza por el repunte que la actividad está viviendo desde principios de año. Una situación que, a nivel global y nacional, tiene características dramáticas por el enorme parate que conlleva, también tiene su correlato a nivel local. Por eso, nos hemos preguntado cómo vivieron y cómo viven hoy los artistas de Zárate los efectos del aislamiento y la falta de trabajo. Y lo hicimos consultando a algunos de ellos, referentes del ámbito musical y que desarrollan su labor en forma individual o grupal, teniendo en cuenta que no tenemos en la zona prácticamente industrias ni pymes culturales, que hayan sido especialmente dañadas en su estructura laboral o que generen desocupación. Sin embargo, y sobre todo en el ámbito de la música, nuestra ciudad tiene una movida muy interesante desde siempre y, muchos de sus representantes, artistas independientes, han visto totalmente modificada su forma de conectarse con el público y seriamente afectados sus ingresos, ya que varios de ellos dependen de los shows en vivo para subsistir.
    Para bien o para mal, la mayoría de los artistas locales no viven sólo del arte y se sostienen con algún otro tipo de empleo formal que les provee el sustento, siendo la música, por ejemplo, en el caso de una figura de nuestro folclore como Maxi Salvatierra, un cable a tierra que lo conecta con su lado creativo, y le genera otro ingreso extra, pero de la que no depende para su sustento diario. En su caso, la pandemia fue un impulso para crear, incorporar nuevas alternativas y llegar, por medios virtuales, a nuevos y lejanos públicos, ” sin el trastorno y el costo económico que implica organizar una gira con largos viajes e inversión en equipos”, aclara el músico.
    Para Maxi, fue un año positivo de crecimiento artístico y exploración tecnológica pese a lo inesperado de la situación, pero reconoce ” que es indispensable la vuelta al vivo, ya que la conexión con el público es totalmente distinta ” y espera ” que los conciertos con gente presente sean algo que siga sucediendo en el futuro y cuanto antes, mejor”.
    Maxi fue uno de los que mejor incorporó a su vida el ya famoso formato del streaming, que le sirvió para afrontar esta nueva realidad, aunque entiende que “mucho del público más grande del folclore ha tenido dificultades para adaptarse a este boom tecnológico, cosa que también les ha sucedido a colegas de mayor edad”. Maxi también razona que, más allá de los aportes que hizo el Estado para sostener la actividad, hay mucho músicos jóvenes y talentosos que ven con desazón la falta de horizontes a nivel local, y piensan en un futuro próximo aventurarse hacia otros destinos del mundo, donde su trabajo pueda ser mejor valorado. Una triste posibilidad que se expande a todo el espectro de la Cultura nacional.

    Con una pequeña ayudita del estado

    Antonella Gabutti y Agustìn Krôger son también grandes y jóvenes exponentes de nuestra música nativa. A ellos, la llegada del coronavirus los tomó desprevenidos y teniendo que suspender su actividad cotidiana con público en una pulpería que está ubicada en Chenaud, donde solían hacer sus presentaciones hasta mediados de marzo. Ambos tuvieron que frenar y buscar trabajos alternativos para sortear el 2020, pero esperan expectantes la vuelta de la actividad con normalidad y ya han comenzado otra vez con sus shows con muy pocas personas en el local, del que Antonella particularmente se ocupa de toda la organización de los eventos. Resalta que, afortunadamente, en esa pulpería como está en el Partido de Exaltación de la Cruz han tenido más suerte que los que tienen que tocar en Zárate, donde la actividad tardó más en habilitarse.
    “Nuestra experiencia fue bastante mala con la pandemia, porque nuestros ingresos hasta el comienzo de la cuarentena eran las peñas y actuaciones, y eso se tuvo que cortar totalmente. Afortunadamente, pudimos sortear el año con otros trabajos y hoy esperamos ansiosos que la actividad vuelva pronto a los niveles normales, no sólo por nosotros, sino por todos los artistas que viven de su arte”, señaló Antonella.
    Por otro lado, la movida de la música llamada “popular” tiene dos grandes referentes a nivel local en Soledad Torres, quien además tuvo que cerrar su escuela de canto, y en Sergio Luis, “el Chayanne zarateño”, quienes viven casi exclusivamente de la música desde hace varios años, y fueron de los que más sufrieron la crisis. Antes del aislamiento social, no había un fin de semana que ninguno de los dos tuviera dos o tres shows en distintos escenarios de la ciudad y de toda la zona: restaurantes, bares, boliches; siempre de los más activos en el medio. Eso es hoy una postal de un pasado que se ve muy lejano. No hay fiestas ni karaokes a la vista.
    Soledad se refiere al 2020 como el “peor de todos los años que le tocó vivir en su carrera” y recuerda que “trabajo hace 20 años como cantante y no había shows y 10 años como coach vocal y no había alumnos “. Admite que fue beneficiada con los programas de Cultura de Nación, Sostener y Fortalecer Cultura, pero que así y todo tuvo que reinventarse e hizo un par de shows virtuales con modalidad “a la gorra”, pero para sobrevivir decidió encarar un nuevo emprendimiento de panificación (tortas, mesas dulces, desayunos) que llamó “Sabor a mí”, un nombre a la medida de sus amores musicales.
    Sergio Luis también fue, por suerte, otro de los beneficiados por los subsidios de Nación que fueron mínimos (cuatro mensualidades de $ 15 mil cada uno) y obviamente, no alcanzaron para suplir la falta de trabajo. Sergio comenta que “al margen de causarme la pérdida del ingreso monetario y sustento de vida, la pandemia afectó también mi estado emocional al no poder contar con mi actividad cotidiana, estar lejos de los escenarios y la gente”. De todos modos, es optimista y aclara que ” el cambio radical de la situación mundial nos obligó a reinventarnos en muchos sentidos”, y apuesta al optimismo cuando dice: “Creo que fue un gran aprendizaje para todos”.
    Los programas del Ministerio de Cultura de Nación facilitaron el acceso a cuatro subsidios de $ 15.000 cada uno en los últimos meses del año pasado. Algo más de 20 artistas zarateños de las más diversas disciplinas lograron calificar para obtener ese beneficio, que significó apenas un paliativo. Pero hay muchos artistas plásticos, bailarines, músicos, cantantes y actores que no sólo vieron mermados sus ingresos, para algunos de ellos vitales; sino que no tuvieron posibilidad alguna de expresarse públicamente más allá de lo virtual y que esperan, ansiosos, poder volver a la “normalidad” lo antes posible. Para eso, van a necesitar todo el apoyo del público y, sobre todo, del Estado, algo que tiene que ir más allá de un mero y básico subsidio. La cultura y al arte agonizan y sangran en medio de la pandemia, y no es algo que podamos solucionar rápidamente sólo con algunas vendas y “curitas”.

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