• Hoy 18 - Zárate - 7.2° / 8.2°
    • Nublado
    • Presión 1021 hpa
    • Humedad 93%
  • Bibliotecas populares y obreras en la cultura zarateña

    22/3/2021

    Durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX, se fue gestando en el seno de la comunidad zarateña un entramado social e institucional que promovió el reemplazo de los patrones culturales de la vieja sociedad hispano-criolla por otros, de carácter cosmopolita, bajo el fuerte influjo de la masiva inmigración europea a nuestro país.
    Este proceso de transformación social y cultural fue rápido y convulsivo, y estuvo asociado a un conjunto de factores que se vehiculizaron a través de una nueva organización productiva, predominantemente fabril. La consolidación de Zárate como pueblo industrial y portuario -con sus fábricas de alcohol, papel, productos químicos y frigoríficos- resultó posible en virtud de la masiva recepción de capitales e inmigrantes.
    Estos flujos de inversión y fuerza laboral transformaron a la -hasta entonces- modesta comunidad local en otra muy distinta -activa, compleja y contradictoria- que no tardaría en evidenciar las tensiones y la alienación emergentes de la nueva realidad.
    LAS SOCIEDADES MUTUALES Y LA MUSICA
    Las bibliotecas populares y obreras, además de ponerse al servicio de sus intereses sectoriales, se presentaron como una herramienta de uso común, utilizadas por las instituciones civiles, gremiales y políticas, para promover cultural y socialmente a los sectores trabajadores. No fue menor la tarea desplegada por las sociedades extranjeras de socorros mutuos que, organizadas solidariamente, procuraban dar asistencia a sus conciudadanos cuando lo necesitaban. Dichas instituciones cumplieron, además, un importante papel como espacios de socialización y reproducción de sus tradiciones culturales, que amalgamaron en una sociedad en plena transformación.
    La música, en particular la lírica, ocupó un lugar de temprano y singular interés. Así lo demuestra el hecho que, en marzo de 1899, una compañía pudo abrir en la semana que permaneció en el pueblo, un abono de cuatro funciones de ópera con bastante éxito. La popularidad de la lírica debió haber tenido un respetable alcance entre el público, si tenemos en cuenta que se fueron renovando los espectáculos ofrecidos. Como ejemplos, podemos mencionar los realizados, en febrero de 1901, donde una compañía lírica italiana, dirigida por el maestro Pisapía, hizo su debut en el Teatro de la Sociedad Italia; o el de noviembre de 1913, cuando en el Teatro Hispano Argentino se representaron “La Traviata” y “El barbero de Sevilla”.
    Para satisfacer éstos y otros gustos culturales las instituciones de las colectividades extranjeras construyeron edificios propicios para tales actividades, como el Teatro Hispano, la Operai Italiana y el Teatro Coliseo. A ellos se agregaron otros espacios multifuncionales que conjugaron la diversión, la socialización, el deporte y la cultura. El repertorio estaba integrado por Otello, Trovatores, Cavallería, Fausto Barbiere y la Traviata. También han de tenerse en cuenta, la temprana formación de bandas de música, a las que siguieron con el tiempo, tríos, cuartetos y quintetos de diversos géneros.
    En 1884, ya existía una banda bajo los auspicios del Municipio, cuyo funcionamiento fue reglamentado por una ordenanza. Poco tiempo después, Oscar Molo, un suizo que ocupó la dirección técnica de la fábrica de papel, creó otra, bajo el patrocinio de la empresa. La mayoría de sus integrantes eran extranjeros y estaban dirigidos por el maestro José Cavazzoni.
    Aunque fue disuelta en febrero de 1899, en su lugar se creó La Zarateña, que comenzó a actuar con integrantes de la anterior, bajo la batuta del mismo Cavazzoni y, más tarde, con la de Cayetano Galatti. La Zarateña fue sostenida por la Municipalidad y una comisión de vecinos. A las mencionadas se agregó, en julio de 1901, L´Abruzzese, que dirigió durante varios años Felipe De Francesco; y, más tarde, la que formaron los Bomberos Voluntarios.
    En sus repertorios musicales se incluían fragmentos de ópera, marchas militares, polcas, valses, tangos y milongas.

    Bibliotecas Obreras

    En este ambiente social, caracterizado por profundos contrastes, emergieron las bibliotecas populares y obreras. Al ocuparnos de su papel en la cultura zarateña, debimos desanudar una compleja red que tuvo por uno de sus principales actores al proletariado urbano, cuyo accionar organizado abarcó distintos campos, no siempre fáciles de escindir: el sindical, el político y el cultural. La sindicalización se organizó bajo la influencia de inmigrantes formados en las diferentes vertientes de izquierda y entrenados en las luchas sociales en sus países de origen.
    En Zárate, las bibliotecas desplegaron sus acciones a través de la promoción de la lectura, la alfabetización del adulto en escuelas nocturnas, las conferencias, las veladas culturales y las publicaciones institucionales, a fin de forjar nuevas conciencias permitiendo que se capaciten más cerebros para difundir la simiente del gran ideal de fraternidad humana. En la construcción de ese camino común durante la década de 1930, las bibliotecas junto con las entidades obreras constituyeron la Federación de Sindicatos y Bibliotecas Obreras. Esta entidad de representación colectiva tuvo una participación activa, tomando posición en las principales cuestiones que afectaban a la sociedad local. En su transitar, la encontramos levantando las banderas de lucha contra los monopolios que operaban en la ciudad y contra los fascismos europeos y vernáculos. Ese ejercicio de solidaridad -el cual arrancó en forma temprana- fue propicio para que las ideas de cooperativismo cristalizaran, ya en una modesta cooperativa de carniceros en los primeros años de mil novecientos, hasta instituciones que han tenido un importante lugar en la comunidad, como las cooperativas de electricidad, productos químicos, carne y de crédito, por citar algunas de ellas.
    Por otra parte, aunque la labor desplegada por las bibliotecas fue amplia y variada, los frutos recogidos no siempre fueron los esperados por algunos de sus actores. La tan anhelada transformación del proletariado no se tradujo en una “regeneración” masiva; más bien se limitó a la formación de una élite intelectual obrera, de principios éticos y filosóficos inflexibles y de vida austera, que entró en nuevas tensiones con la irrupción del peronismo. En 1958, Enrique Giesch, inmigrante alemán, marxista espartaquista y trabajador de la fábrica de papel, expresaba cierta desilusión sobre los resultados obtenidos en la prosecución de ciertos ideales, que atribuyó a las dificultades presentadas por un “medio ambiente” adverso. En un artículo incluido en una revista especial que editó la Biblioteca José Ingenieros, en ocasión de sus bodas de plata, decía: Las instituciones culturales, como la Biblioteca Popular José Ingenieros, que no sólo no cuentan con el afecto y el apoyo oficial, sino que, por el contrario, durante una larga serie de años de su existencia sabe de persecuciones, clausuras, hostilidades y toda clase de impedimentos de sus actividades, bajo distintos gobiernos y distintos regímenes políticos (…). No son esas las únicas dificultades que instituciones como la nuestra encuentran en su labor diaria y que derivan de un medio ambiente hostil. Un gran obstáculo para el trabajo cultural de nuestra institución es la gran indiferencia que demuestra la mayoría de la clase obrera ante toda obra cultural. Nadie ignora que arremeter contra un medio hostil, que esclarecer conciencias, que renovar los viejos conceptos, que desechar prejuicios no es tarea fácil, pero no por esa necesaria, tan necesaria que esta Biblioteca ha adoptado el lema del ilustre maestro de la juventud José Ingenieros “Renovarse o Morir”. Con esas palabras, Giesch dejaba planteado un desafío para el futuro de las bibliotecas populares y obreras dentro de la sociedad.

    Biblioteca Popular “José Ingenieros” de Zárate.
    A %d blogueros les gusta esto: