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“Ser madre nace con una, se va invirtiendo el amor en lo que uno más ama en la vida”

Silvia junto a su familia, celebrará mañana el Día de la Madre.

El Dia de la Madre que se celebra cada tercer domingo de octubre es, tradicionalmente, una fecha muy especial donde se reúnen las familias para homenajear a quienes llevan a cabo la inigualable tarea de maternar cuyo concepto fue cambiando a lo largo del tiempo en lo que respecta a sus formas, pero que siempre mantiene una esencia fundamental basada en la entrega y el amor.
Los cambios en los roles que fueron ocupando las mujeres a lo largo del tiempo, dio lugar a distintas formas de ejercer la maternidad, una acción que solo se aprende con la propia experiencia.
LA VOZ habló con Silvia Gaite, una docente ya jubilada que en su vida experimentó otra forma de ser madre luego de que con su pareja decidieran adoptar -a finales de los 80- a sus dos hijos: Agustín y Ramiro.
Silvia entiende la maternidad como “la más perfecta de las vocaciones que nos ha dado dios, creo que toda mujer que se sienta en su rol de mujer, siente el deseo de ser madre en algún momento de su vida”. En su caso, cuando era una niña ya sintió ese deseo mientras jugaba con sus muñecas y, años más tarde, volvió a experimentar esa sensación cuando cuidaba de su hermana 14 años menor, a quien vestía, alimentaba y hacía dormir.
Con su esposo siempre soñaron con tener hijos, pero por razones biológicas no podían cumplir ese deseo. Fue entonces cuando unos amigos los motivaron a buscar otro camino, quizás, con otras complejidades, pero que los llevaría a concretar ese deseado anhelo. Así comenzaron a recorrer el país a través de distintos juzgados y dejando sus datos, hasta que a sus vidas llegaron Agustín y Ramiro: “Son nuestros hijos, concebidos a imagen y semejanza de lo soñado. Hemos tenido muchos tropiezos, muchas piedras, un camino muy arduo donde tuvimos que poner el corazón, el alma, posponer todas las alegrías y llorar lágrimas de sangre porque fue duro, pero tenemos un presente muy positivo, muy hermoso, donde nuestros hijos hombres nos abrazan y nos dicen que somos únicos”.
Cuenta Silvia que la vida le enseñó que sus hijos fueron los que la eligieron como madre. Hoy se siente plena, realizada. “Nunca digo que soy mamá, digo que soy una ‘mamaza’. Nuestra unión va más allá de todo lo sanguíneo que pudo haber existido, es una comunión de amores, de corazones, un ensamble de muchas voluntades para poder armar esta bella familia que tenemos y este presente que vivimos con mucha alegría”.
Sus palabras se tiñen de un orgullo inconmensurable cuando habla de sus hijos. Cuenta que Agustin es muy trabajador, emprendedor y soñador como su madre y Ramiro es un artista, porque le apasiona pintar y cantar, y además es un gran compañero. También recuerda cuando los tuvo en sus brazos y ellos calmaban su llanto escuchando los latidos: “Parece que mi corazón lo hubieran escuchado siempre”.
Ser mamá es un desafío constante, un esfuerzo día a día que requiere un aprendizaje permanente. Silvia no sintió pesar en ese proceso, sino todo lo contrario: “Fue como si nada, como si siempre hubiera sido así. Los cambié, les di la leche, les hice las comidas. De un segundo a otro me convertí en ‘mamasa’. No tuve dudas, siempre tuve el instinto de saber qué hacer. Les cuidé cada ‘nana’, cada tos, cada angina. De nada me arrepiento, no existe receta para ser mamá, se siente, sale del corazón. Ser madre nace con una, se va invirtiendo el amor en lo que uno más ama en la vida”.
Silvia busca en su memoria y recuerda cuando su hijo mayor quería ir a la escuela como su madre cuando solo tenía dos años y tuvieron que confeccionarle un guardapolvo y llevarlo al jardín de una amiga, donde lo cuidaban algunas horas mientras jugaba para satisfacerlo; por supuesto, cuando volvía a su casa aquel guardapolvo tenían que reconstruirlo casi por completo. También se acuerda cuando el menor veía a su hermano hacer los deberes y su madre entre carpetas de docente, y él pedía una hoja y lápices para ponerse a dibujar.
“En esto se unió mi gran deseo de ser madre y haber encontrado este amor que tenían ellos reservado para mi. Sentí que cada día debo agradecer por esto y sentirme bendecida. Por eso aliento a todas las personas que tengan amor, que lo hagan, que no es tan difícil como se cree. Hay que seguir unos pasos, hemos dejado una estela en el camino y mucha gente se ha acercado a nosotros a preguntarnos cómo hacerlo”, cuenta Silvia.
Ante la pregunta sobre qué fue lo más difícil que le tocó atravesar como mamá, sostiene: “Lo más difícil fueron las ‘nanas’ que tenían y que yo no podía saberlas. Las ‘nanas’ que trae el alma y uno tiene que curarlas. Eso se trabaja despacio, con calma, con profesionales, dejándose asesorar, aconsejar, pidiendo ayuda, buscando la excelencia en la ayuda. Las ‘nanas’ del alma hay que descubrirlas y sanarlas”.
Por último, envió un mensaje a todas las madres en su día: “Mi deseo es que todas las mamás puedan sentirse ‘mamazas’ como me siento yo, solamente con mirar a los ojos a sus hijos y no tener que bajar la mirada, porque han obrado con el corazón. Todos los días son nuestros porque todos los días tenemos algo nuevo que reinventar para acompañarlos en este proyecto que es la vida. Muchas felicidades siempre y mucha voluntad para ejercer este rol tan único y valorado como es ser madre”.

Silvia junto a su familia, celebrará mañana el Día de la Madre.