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Julia García, chofer del transporte público

No hay trabajos para mujeres y trabajos para hombres. Lo que hay son trabajos con cultura masculina. También, machista. Oficios que en forma tradicional, por costumbre y por arbitrariedad, fueron y todavía son “tierra de hombres”. Y aún hoy algunos hombres miran de reojo cuando ven a una mujer ejerciéndolos.
Uno de esos lugares lo ocupó -y aún ocupa- el manejo de colectivos. Mejor dicho, la mujer al volante, de un remis, colectivo o camión.
Especialmente en el colectivo, al haber tantos pasajeros, genera el terreno para que alguien grite algo o comente en voz alta situaciones que, en el caso de que fuese un hombre el que esté al volante, no sucedería.
Afortunadamente son cada vez menos este tipo de situaciones, y Julia García lo confirma. Desde octubre de 2019 es chofer del Sistema Integrado de Transporte (SIT), la línea de la ciudad que administra el Municipio.
“Siempre quise ser chofer de camiones y de colectivos. Tengo a mi hermano y a mi sobrino trabajando en el SIT y gracias a ellos y a los gerentes Carlos Lavagna y Walter Cevasco, ingresé a la empresa”, recuerda Julia. “Nunca había manejado un colectivo y el 7 de octubre de 2019 me subí a uno por primera vez. Y a los cinco días ya me largaron a la calle”, destacó asombrada la chofer, que suman siete en un plantel de setenta hombres.
Con la incorporación de choferes mujeres, la empresa municipal debió reacondicionar toda su estructura, dotar de otro baño al predio donde estacionan las unidades y hacer lo propio en el resto de las terminales de micros, como en la terminal Néstor Kirchner.
“Marina Miño fue la pionera en esto, ella nos abrió las puertas aún trabajando para la cooperativa 3 de Julio. Una señora rubia, muchas le deben recordar aún hoy. Ella fue chofer y eso allanó el camino para quienes tenemos pasión por manejar y queremos experimentar en esta profesión”.
La dinámica con el pasajero hoy es más relajada y está naturalizada la incorporación femenina al rubro, pero recuerda que a los pocos meses de trabajar le tocó vivir una situación traumática con un pasajero que la increpó con violencia por ser mujer y manejar un transporte público. El episodio llegó a la violencia física y debió intervenir la fuerza pública. Lejos del temor, ella siguió manejando hasta el día de hoy. “Hombres y mujeres nos felicitan y aplauden, ya nadie nos subestima y, personalmente, me apasiona. Tengo cuatro hijos y un nieto que se vuelve loco cuando me cruza y se sube al micro. Ellos me apoyan porque saben que me encanta mi profesión; y hasta que no sea chofer de camión no voy a parar. Ese es mi sueño; manejar, viajar y la ruta”, adelantó Julia.
“Si alguna mujer tiene ganas de agarrar el volante y que eso sea parte de su profesión, que lo haga. Los prejuicios van a estar siempre pero hay que seguir adelante. Las mujeres podemos todo”, concluyó.