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Mujeres abogadas

Natalia MINGALL

Ciento once años pasaron de aquel 8 de marzo en el que 123 trabajadoras no pudieron abandonar el edificio que tenía cerradas sus puertas de emergencia en la fábrica Triangle Shirtwaist de Nueva York, hecho trágico que motivó que por decisión de la Organización de las Naciones Unidas en el día de la fecha estemos conmemorando el Día Internacional de la Mujer.
Desde entonces es notoria y evidente la reivindicación de la igualdad conseguida con el paso del tiempo, la conquista de derechos y espacios que tantas veces fueron negados y, principalmente, del comienzo de la liberación de la opresión que el patriarcado ejerce y continúa ejerciendo sobre cada una de las mujeres.
Aún hoy, existen muchas deudas pendientes y queda mucho por hacer.
El ejercicio de la abogacía como profesión independiente no escapa a las diferencias existentes entre hombres y mujeres en el resto de los ámbitos laborales, pero obviamente tiene particularidades que son evidentes.
Las primeras diferencias las noté desde que decidí estudiar esta apasionante profesión al ingresar a la facultad de Derecho de la UBA. En esta prestigiosa Universidad Publica de la que me encuentro orgullosa de ser parte, a pesar de su impronta resultaba por aquellos años notorio que las cátedras en su gran mayoría estaban a cargo de hombres y hoy podemos ver que debieron pasar 189 años para que una mujer sea decana de la Facultad de Derecho de la UBA.
Al insertarme en el mercado laboral también observé las diferencias, pudiendo por entonces notar por ejemplo que en los principales estudios jurídicos del país,si bien ingresar en cargos de abogada junior es posible y existe una paridad de hombres y mujeres, en los cargos de socios, éstos son – en su mayoría- hombres. En los departamentos legales de empresas y en las entidades publicas lo que ocurre es similar.
En nuestro departamento judicial de Zárate–Campana, ejercer la abogacía para las mujeres, tiene la ventaja que destacadas colegas desde aun antes del nacimiento de este Departamento Judicial se fueron abriendo camino. A pesar de esto es la sociedad patriarcal la que hoy nos muestra que en nuestro colegio de abogados sólo una mujer fue elegida como Presidenta del Colegio de“Abogados”; nombre de la institución que abogamos para que sea modificado, siguiendo el camino de la antes denominada Caja de Previsión Social de Abogados, hoy llamada “Caja de la Abogacía”, que pretende con ello mostrar apertura e inclusión. También tenemos el orgullo de que por primera vez en dicha entidad previsional se haya nombrado una Vicepresidenta, y que la misma pertenezca a este departamento judicial. Creo no equivocarme si digo que nunca COLPROBA (Colegio de Abogados de la Provincia de Buenos Aires) y la Caja de la abogacía tuvieron una presidenta.
Las causas de estas situaciones desiguales son múltiples, pero entre ellas ciertamente no es la falta de capacidad ni compromiso ni eficiencia, pero si están los lineamientos de una profesión aun hoy conservadora, y de una sociedad que a pesar de los avances, discrimina, y exige mayores esfuerzos y condiciones para que se destaque una mujer.
No puedo quedarme solo con lo que falta conquistar, obviamente la lucha de las mujeres, también en el ejercicio de la abogacía permite que nos destaquemos. Considero que en el ejercicio de la profesión si bien existen diferencias entre ambos sexos, las mismas son complementarias y no deberían generar actitudes discriminatorias. Lo importante es la capacidad y personalidad de la abogada y del abogado, no su género.
Como operadoras en el sistema judicial y auxiliares de la justicia que somos las abogadas debemos intentar desde nuestros lugares tratar de disrumpir las estructuras patriarcales, colaborar y trabajar para introducir políticas más justas y mejorar las perspectivas de las abogadas más jóvenes.
Como profesión que se esfuerza por defender la justicia, el sector legal debe estar a la vanguardia de la lucha por la igualdad en el lugar de trabajo.

(*) Natalia Mingall es abogada, recibida en la Facultad de Derecho de la UBA.
Trabajó en departamentos legales de destacados estudios jurídicos nacionales y de empresas.
Fue auxiliar letrada del Juzgado de Familia N° 2 de Zárate Campana.
Es socia de MM Abogados, estudio que desde Zárate representa a empresas, PyMes y es corresponsal de importantes estudios jurídicos.
Como socia de MM Abogados forma parte de la Red Federal Pro-bono, Abogados por el bien común.
También es mamá de Agustín y Catalina.