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Lima y las centrales nucleares

Complejo Nuclear Atucha en la localidad de Lima.

Desde la construcción de Atucha I, en junio de 1968, el destino de Lima cambió para siempre. La actividad laboral, comercial y social fue creciendo con la luz de la fisión nuclear; de grandes obras civiles que empujaban a a tiempos de bonanza y otros que eran considerados compases de espera ante cada nueva promesa del gobierno de turno de que se iba a conformar un polo nuclear, con la instalación de otra central nueva.
Así pasaron los años y recién en 1981 Atucha II comenzó a construirse. Permaneció a medio terminar y con varios componentes sin ensamblar bajo lonas en el mismo predio por 30 años. Recién en septiembre de 2011 se retomó la obra para terminarla en 2014.
Con su inauguración, se anunció una nueva central nuclear, Atucha III. Y las promesas comenzaron un nuevo compás de espera hasta este año, cuando se confirmó la construcción de tal obra con capitales chinos, con la posibilidad de incorporar 1200 trabajadores antes de fin de año y unas 6 mil personas en el pico de la obra.
Sin embargo, los diferentes niveles de Estado tienen una gran deuda con Lima, la única localidad del país que tiene dos centrales nucleares en funcionamiento, de infraestructura urbana; por ejemplo calles en buen estado ante la posibilidad de evacuaciones masivas por un accidente nuclear; un hospital de alta complejidad; transporte público de calidad; mejoramiento de toda la red sanitaria de aguas y cloacas, entre otras gestiones que, en una ciudad “nuclear”, deben tornarse urgentes.
Así lo plantean vecinos limeños que ven cierta preocupación en la instalación de una tercera central nuclear ante la falta de infraestructura y un plan que atenúe el crecimiento demográfico y el movimiento de miles de trabajadores en la pequeña localidad.
“La experiencia de Atucha II, para el pueblo limeño, no fue tan grata en cuanto al legado social y de infraestructura que dejó tal proyecto. Muchos obreros iban a quedar a la deriva a expensas de las promesas del gobierno de que Atucha III se iba a iniciar brevemente y algunos de ellos se quedaron a vivir en Lima. Y fue a partir de la finalización de Atucha II que crecieron los asentamientos. Estimamos que un 10% de las personas empleadas en diversas tareas de puesta en marcha de Atucha 2 se quedaron a vivir en Lima, muchos de ellos en condiciones muy precarias”, confirmaron desde la Asociación para la Autonomía de Lima (APAL); institución que desde hace 18 años viene luchando para que Lima sea un municipio independiente de Zárate.
“Un inmenso orgullo sentiremos al contar que seremos una de las pocas ciudades del mundo donde se emplace un proyecto nuclear de semejante envergadura. Pero también reconocemos que nos genera incertidumbre saber si el ciudadano limeño será parte de semejante obra o si alguien se detuvo a pensar que es lo que el limeño desea o merece al otorgar su licencia social nuevamente. Ojalá quienes nos representan ubiquen a la localidad de Lima en el lugar que realmente se merece”, establece el comunicado de APAL
En esta carta incorporan un término interesante, la licencia social, que obliga a pensar la instalación de una cuarta central nuclear en términos de impacto social y urbanístico. Claro está, que entidades ambientalistas también expondrán sus razones sobre el impacto ambiental y ecológico.
Si todo avanza como hasta el momento, la construcción de la tercera central nuclear llevará un plazo de ocho años, tiempo suficiente para que los gobiernos se pongan de acuerdo para atender las demandas del pueblo limeño.

Complejo Nuclear Atucha en la localidad de Lima.