Según los datos difundidos por el Ministerio de Salud de la Nación, durante 2020 la mortalidad materna argentina aumentó de 3 a 4,1 mujeres fallecidas por cada 10.000 nacidos vivos. En ese sentido, el primer año de la pandemia de COVID-19 registró 221 muertes por causas vinculadas con el embarazo, el parto y el puerperio, 33 más que en 2019.
Si bien en números absolutos no parece mucho, los especialistas comentaron que en términos del indicador utilizado para medirla, razón de mortalidad materna, un punto es un aumento significativo y llama la atención porque este índice venía en descenso.
La mortalidad materna se puede producir por causas obstétricas directas o indirectas. Las primeras son el aborto, la preeclampsia (hipertensión durante el embarazo), las sepsis y otras infecciones y las hemorragias posparto. En cambio, las indirectas ocurren cuando una mujer embarazada muere por una enfermedad que no se produce por causas obstétricas directas. Por ejemplo, cuando se detecta un linfoma y, por estar embarazada, se retrasa el tratamiento y la mujer termina muriendo.
En 2020, el 51% de las muertes maternas fueron por causas directas, el 39% por indirectas, entre las que aparece COVID-19 y el 10% por embarazos terminados en aborto. En 2019, los mismos porcentajes fueron de 61%, 26% y 13%, respectivamente. Es decir, a partir de la pandemia aumentaron las muertes maternas por estas últimas causas como el virus SARS-CoV2, pero más de la mitad de los fallecimientos siguieron siendo resultado de complicaciones propias del embarazo, el parto y posparto y todas las intervenciones relacionadas.
En 2020, con la aparición de la pandemia, murieron mujeres por la infección de COVID-19, por lo cual aumentó la mortalidad materna. Además, hubo un bajo control prenatal durante el embarazo. Muchos hospitales y clínicas bloquearon el acceso, abocaron todos sus recursos a la pandemia y no se daba turno a las embarazadas. Hubo un problema de accesibilidad y mala atención a las pacientes embarazadas que se infectaron. Al principio no había parámetros claros para su atención.
La mortalidad obstétrica directa no se modificó y eso llama la atención ya que se hubiera esperado que después de la legalización del aborto, ésta hubiera caído, ya que constituía entre el 10% y el 30%. Y por otro lado, las defunciones obstétricas indirectas se duplicaron. Cuando se analizan estas causas aparece un ítem, enfermedades virales que complicaron el embarazo, que antes no existía y sin duda son muertes debido a la COVID-19.
La prevención de la mortalidad materna es un tema muy complejo, porque no existe una única estrategia. Las causas son diversas, algunas más prevenibles que otras y algunos componentes no. En las causas relacionadas al parto, se debe actuar a través de cambios en el sistema de salud en cuatro áreas: política, administración, práctica clínica y capacitación; y enfocar en la hipertensión, atención prenatal precoz, predicción, vigilancia, aspirina en bajas dosis y atención en centros de alta complejidad. La legalización del aborto debería haber tenido un impacto sobre esta causa. Las indirectas hay que trabajarlas con asesoramiento preconcepcional y planificación del embarazo en mujeres con enfermedades crónicas.








