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  • La muerte de Eva Perón: cómo vivió su enfermedad y sus últimos días

    26/7/2022

    En 1950, Eva Perón fue operada erróneamente de apendicitis. Algo andaba mal. Pero los médicos no lograban precisar qué le ocurría a la primera dama, que experimentaba decaimiento y pérdida de peso.
    Los estudios (tardíos) realizados al año siguiente arrojaron un diagnóstico alarmante. Evita padecía cáncer de cuello uterino. Su estado de salud constituía un verdadero secreto de Estado y requería un profesional a la altura.
    En ese marco, el 21 de septiembre de 1951, el ginecólogo Jorge Albertelli fue convocado para el trabajo más difícil de su vida: curar a la esposa del presidente. Tras ver el informe de biopsia, aceptó y se mudó durante tres meses a la residencia presidencial.
    Casi cuarenta años más tarde, en 1994, publicó Los «cien días» de Eva Perón. Allí reveló detalles desconocidos de la enfermedad, pero también de su relación con una mujer tan vulnerable como imbatible.
    Albertelli fue quien explicó a Perón que Eva padecía «un cáncer cuyo punto de partida está en el cuello del útero». «Cuando el diagnóstico se hace tempranamente, existe un porcentaje de curaciones. No es el caso. (…) La presencia de células malignas en la luz de las venas hace presumir que en un futuro no lejano se produzcan metástasis. (…) Es sabido que la virulencia del tumor es mayor cuanto menor es la edad», detalló.
    Pese a lo difícil del cuadro, el ginecólogo creía que la obligación era luchar. Por eso, sugirió la aplicación de radium -para detener el crecimiento del tumor-, intervención quirúrgica y terapia de rayos X.
    El primer mandatario le pidió que hiciera todo lo que estuviera a su alcance y enfatizó la importancia de Evita «como compañera, como amiga, como consejera y como punto de apoyo leal en la lucha». El 27 de septiembre de 1951 se colocó el dispositivo radioactivo (radium).
    Según él, Evita no era una paciente dócil y siempre estaba preocupada por la situación política, lo cual incluso le generaba insomnio. A pesar de su anemia, anorexia y dolores, no abandonaba completamente la actividad.
    El 15 de octubre de 1951, mientras estaba en cama, publicó su famoso libro autobiográfico La razón de mi vida. Dos días después, participó del acto por el Día de la Lealtad. Su esposo la sostuvo de la cintura, mientras brindó su más emotivo discurso. «Tengo con ustedes una deuda sagrada. Y no me importa si para saldarla tengo que dejar jirones de mi vida en el camino. (…) Si este pueblo me pide la vida, se la daría cantando», afirmó.
    Debido a la presión de uno de sus ministros, Perón decidió convocar para la cirugía al oncólogo norteamericano George Pack. El asunto se manejó con total reserva. Nadie tenía que enterarse, ni si quiera la propia Eva, quien pensó que la operaría Ricardo Finochietto.
    La cirugía se realizó en el Hospital Policlínico de Avellaneda, el 6 de noviembre. Albertelli no quedó conforme. En primer lugar, afirmó que Pack era un cirujano general (no ginecológico), sin nuevas ideas para el caso. También criticó el procedimiento, así como el instrumental. «En resumen, una operación discreta, menos que buena», escribió. Aunque aceptaba -viendo los resultados posteriores de los estudios- que a esa altura ya nada podía hacerse.

    Eva Perón, ya muy enferma, rodeada por Juan Domingo Perón, y los doctores Raúl Mendé, Armando Mendez San Martín, Roberto Goyenechea, Ricardo Finocchieto, Jorge Albertelli y Raúl Apold.
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