Las esculturas del artista Jorge Santangelo siempre generan algún tipo de emoción en toda aquella persona que logre detenerse, aunque sea por un instante, para observar y sumergirse en las costuras del mundo poético y político del autor.
Sus obras no solo apelan a la emotividad, sino que trazan una perspectiva de construcción social, con valores, puntos de vista y una fuerte carga simbólica que dispara mensajes en varios sentidos. Santangelo es un artista del hierro, manipula con tenacidad ese material que resiste la torsión para crear nuevos universos. Quien pretenda conocerlo, podrá comenzar por dejarse atravesar por sus obras.
“Desde chico tengo una buena predisposición para el arte, tanto para escribir como para dibujar, para hacer cosas con plastilina, para hacer artesanías. Tengo una imaginación muy amplia”, cuenta. En su casa tiene un atelier al que ahora le construyó un anexo. Allí prepara su obra más grande, la de mayor dimensión. De hecho, si bien por ahora prefiere no revelar más detalles, cuenta que también será la obra más grande para la ciudad que hasta podría ser incluida en los Records Guinness.
“El hierro es una lucha en sí, yo siento orgullo de manipularlo. El hierro puede ser muy duro y yo lo transformo. Ahí está el tamaño de la satisfacción”, dice Santangelo. Es justo decir que sus obras se componen de materiales reciclados, es decir, piezas férreas que tuvieron una determinada vida útil y Jorge las rescata de la inutilidad, de una vida yerma, inerte, del inevitable olvido, para moldear expresiones, alas de mariposa, gestualidad y movimiento a una figura humana.
Cuenta que necesita sentir la dureza de la frontera infranqueable que le propone el material. Respirar el olor de las soldaduras, transpirar envuelto en un delantal dentro de su taller. Pero su vínculo con esa composición de olores, texturas y luces viene de mucho tiempo atrás, cuando era apenas un niño.
“Yo vengo de una crianza en un depósito de chatarra. Tengo una infancia donde al lado de mi casa había un depósito de chatarra y yo iba a jugar con hierro, imaginaba y me hacía los propios juguetes con hierros viejos. Ahí empecé a tener lastimaduras. Un pedazo de hierro era el chasis del camioncito, otro la cabina, de algún otro lado sacaba rulemanes y hacía las ruedas”, recuerda. A medida que fue creciendo amplió su horizonte de exploración y pasó a intervenir bicicletas. En su adolescencia su padre dejó el negocio de la chatarra y Jorge se interesó por los deportes, pero después de sus 30 años esta pasión volvió “en forma de refugio”.
Un refugio es un lugar para guarecerse y estar a salvo. El confinamiento de la pandemia fue un período que le ofreció la posibilidad de conectar con la composición artística y dio inicio a una serie de obras que hoy todos podemos disfrutar, ya que se encuentran habitando el espacio público de la ciudad.
LA OBRA DE FAVALORO
Cuando habla de Favaloro, habla de su última obra y se encuentra ubicada en Rivadavia y 19 de Marzo, sobre la vereda de la Escuela Primaria Nro. 1. La figura del cardiólogo creador del by pass es también una remembranza de otros dos pilares de la medicina argentina: Ramón Carrillo y Laureano Maradona. Debajo, la pieza lleva una leyenda que agradece y pide perdón. “Abajo dice gracias y perdón, por el anonimato al que los subsumieron y porque no recibieron el reconocimiento que merecían”, explica el autor.
Santángelo es un sastre del hierro. Su técnica -de la que le gustaría formar escuela- consiste en el armado de un esqueleto metálico que luego “viste” con piezas de hierro.












