Caminar por esta época del año por las calles de nuestra ciudad tiene un encanto particular porque los tilos florecidos aportan ese perfume delicioso y tan característico. También es habitual ver a muchos vecinos cortar las flores de los tilos para preparar el té de propiedades tranquilizantes, según se cree erróneamente.
Las variedades medicinales de los tilos están muy extendidas en la península ibérica, centro y sur de Europa, como también en la zona de los Balcanes y en Escandinavia, por lo que muchos inmigrantes trajeron consigo conocimientos sobre estas plantas que, en el caso de las variedades locales, no son aplicables.
No obstante, hay mucha gente en nuestra ciudad que recolecta las flores de los tilos que son muy perfumadas, para incluso darles una utilidad gastronómica para aromatizar ensaladas de vegetales o de frutas, y espesar sopas; también se las emplea en la elaboración de postres y bebidas. Además, hasta la década de los años 60, en La Plata era frecuente utilizarlas para rellenar cojines y almohadas, siempre en la convicción de que tenían efectos tranquilizantes, además de su inconfundible aroma.
El nombre genérico Tilia, es la antigua denominación grecolatina empleada por Virgilio y Plinio para designar a estos árboles. Quizás el nombre tenga algo que ver con el griego tilos, fibra. Hay quienes sostienen que la denominación procede del término latino lentus, que significa calmar, aliviar, apaciguar.
Los historiadores de la antigüedad Teofrasto y Plinio se ocuparon de los tilos y de sus utilidades. Según Plinio, la madera servía para hacer escudos y aperos de labranza, y la corteza se empleaba para hacer grandes cestos con el fin de transportar el trigo y las uvas. Antiguamente se escribía sobre las capas más finas de la corteza interior, el liber, que en griego se llamaba phylira. Con las fibras de la corteza se tejían alfombras y se hacían calzados y cuerdas. El célebre médico griego Galeno indicó que poseía obras de Hipócrates, con más de 300 años de antigüedad, realizadas sobre corteza de tilo.
Los tilos han sido cultivados desde los tiempos antiguos, primero por los griegos y después los romanos, generalmente por proporcionar buena sombra y por considerarlos árboles sagrados. Son muy estimados en los países del centro de Europa, incluso en algunos es considerado como símbolo como en Eslovenia y Hungría. El rey francés Luís XIV estableció la costumbre de orlar con tilos las avenidas de entrada a los castillos. En Holanda y Alemania se encuentran los mejores ejemplares de tilo del mundo. En el poema épico alemán Los Nibelungos, al héroe Sigfrido se le adhirió una hoja de tilo mientras se bañaba para hacerse inmune a las armas, y precisamente fue allí donde se le produjo la herida que le ocasionó su muerte.
Después de estas historias, cargadas de mitología, nada más que salir a caminar por nuestras calles y parques para disfrutar del aroma embriagador de los tilos que ya están en plena floración esperando a las abejas para la polinización.











