Cuando en 1994, se inaugura la planta de la cervecería CASA Isenbeck fundada por el Grupo Warsteiner en Zárate, Beckenbauer fue uno de sus ilustres invitados, y el centro de atención de quienes participamos de ese evento importantísimo para Zárate. Era la década del 90, la de las radicaciones industriales en este Partido, e Isenbeck era la segunda cervecera -esta vez alemana- que se establecía en la Ruta Panamericana kilómetro 94.
Por entonces Beckenbauer, nacido en Munich, plena Selva Negra, capital mundial de la cerveza, era una figura futbolística de gran prestigio mundial por su trayectoria. Había brillado en el Bayern Múnich y en la selección alemana. Subcampeón del mundo en 1966 y tercero en 1970, alzó la Copa del Mundo como local en 1974. También ganó la Eurocopa de 1972. Obtuvo tres Copas de Europa con el Bayern y dos veces recibió el Balón de Oro. Dirigió a la selección alemana: subcampeón en México 86, se llevó el trofeo en Italia 90.
Por todo esto, sigue siendo considerado el mejor futbolista alemán de la historia. El fútbol alemán se caracterizó desde la década del 50, cuando ganó sorpresivamente su primer Mundial, por su competitividad y organización. Beckenbauer resumía ambos conceptos pero con el plus de su inmensa jerarquía técnica, prácticamente inventó el puesto de líbero y se distinguió tanto en su capacidad defensiva -atemorizaba a cualquier oponente- como en la solvencia y elegancia de sus desplazamientos y en sus proyecciones.
Leyenda del Bayern Munich, fue uno de los tres hombres que logró ser campeón mundial como jugador (Alemania 1974) y como entrenador (Italia 1990) . El anterior había sido el recientemente fallecido Mario Lobo Zagallo (campeón con Brasil como jugador del 58 y 62, como DT en el 70, con Pelé como emblema).
Símbolo de una Alemania potencia en el fútbol, ninguno como él se pudo quedar con el apodo de Kaiser.











