Resulta extraño, o por lo menos curioso, por qué a veces suceden las cosas en la fecha que suceden.
Como bien sabemos, hoy conmemoramos un aniversario más de la Creación del Partido de Zárate hacia 1854. Como tal vez menos tengamos presente, también un 19 de marzo pero de 2010 abandonaba el plano terrenal uno de sus hijos pródigos, querido vecino y celebrado realizador audiovisual de la industria nacional: Raúl Rufino de la Torre. Tal vez, y sin que esto sea una respuesta certera, esta superposición entre un nacimiento y una muerte se hayan sucedido para que recordarlo también pueda hacerse en clave de celebración.
Sentado con los pies en el aire en un escenario, regalando una sonrisa compradora, anécdotas de la “noviecita” que tenía cuando vivía en una pensión en Buenos Aires y reflexiones a las que llegó a lo largo de su extensa carrera en la publicidad, el cine y la televisión (cabe recordar que dirigió doce largometrajes entre los que se destacan “Juan Lamaglia y Sra.” -1970-, “Crónica de una Señora” -1971-, “Pobre Mariposa” -1986-, “Funes, un gran amor”- 1993-, “Peperina” -1995-); que trabajó con parte de los más destacados actores y actrices de nuestro país como Graciela Borges, Federico Luppi, Alfredo Alcón, Andrea Del Boca, Pepe Soriano, Nacha Guevara, Luis Brandoni, Alberto de Mendoza o Moria Casán;que colaboró con importantes músicos como Charly García, Virgilio Expósito, Astor Piazzolla, Lionel Hampton, Ariel Ramírez, Jorge Calandrelli, Susana Rinaldi y Mercedes Sosa; que ha llevado a la pantalla adaptaciones de escritos de Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti y Manuel Puig; que ha recibido, entre muchos otros, premios como el Cóndor de Plata o reconocimientos en Festivales Internacionales como el de San Sebastián – en una charla con estudiantes de la Universidad del Cine (que podemos encontrar disponible en la Plataforma Youtube), Raulito -como dice él que lo llamaban los de su familia- responde a una de esas preguntas recurrentes pero que siempre sorprende cómo se las enfrenta: ¿Por qué haces cine? Con algunos rodeos llegó a la siguiente conclusión: que hacía cine para poder volver a hacerlo, que hacía una película para poder volver a hacer la próxima, que hacía cine, en pocas palabras, para poder seguir viviendo. Y es que su vida indisolublemente estuvo ligada a la imagen, ya que antes que hablar lo primero que hizo fue dibujar – como también recuerda en este evento- creo yo por ya haber entendido a su corta de edad de dos años el enorme poder de la imagen para decir muchomás de lo que aparece en su superficie.
Y su vida que, por los gajes del oficio fue una vida nómade, sea porque el apellido que portaba lo conectaba directamente con su historia, sea porque eligió sus paisajes urbanos, industriales y naturales más de una vez para ser escenario y protagonista de sus filmes, sea porque es aquí donde recibió la distinción de Personalidad destacada de la Provincia de Buenos Aires, sea porque eligió una antigua casaquinta de la barranca de Ituzaingó -a la que nombró “Quinta La Azucena” en honor a su madre- como su refugio, sea porque siempre confió en su fuerza y en sus recursos -sobre todo humanos- para salir adelante y ser una gran ciudad, indisolublemente también estuvo ligada a Zárate. Raúl, como tantos de nosotros que nos hemos ido a estudiar o trabajar a otros lares, siempre volvía y, en sus propias palabras, nunca se fue. Celebrarlo nos invita a hacernos a nosotros la pregunta por qué volvemos a Zárate, por qué nunca nos vamos del todo, porqué por más lejos que estemos siempre la extrañamos, por qué siempre formará parte de nuestra identidad, por qué amamos vivir aquí, cuánto hay en nuestro ADN de zarateños. Tal vez esto lo podamos hacer evocando imágenes que perduran en nuestra memoria de Zárate, y tratando de descifrar que más nos dicen para acercarnos a algunas respuestas; tal vez podamos hacerlo poniendo play y viendo algunas de las que nos dejó en su obra.
Recientemente, la Quinta “La Azucena”, ha sido puesta en valor y esto ha abierto la posibilidad para revisar parte del legado de Raúl Rufino de la Torre conservado por el Archivo Histórico de Zárate(guiones originales, fotografías, intercambios epistolares, cintas magnéticas, premios, revistas, etc.) y con ello, despertado la ilusión de que sus vecinos, contemporáneos y presentes, puedan pronto acercarse para que esta celebración sea permanente.
Ana Josefina Fox.
Licenciada en Sociología.
Profesora y zarateña.









