¡Me cacho con los mosquitos..!
No hace tanto tiempo eran más respetuosos. Comían a horario y con decoro… Merodeaban sólo en días calurosos y húmedos. Pertenecían a la fauna de entrecasa, invisibilizados como los gorriones y las vaquitas de San Antonio. Pudorosos, cerca de nuestras vidas y sin pretender arrebatarlas.
Pero ahora… (y decime si no es cierto), los mosquitos se sientan a nuestra mesa los 360 días del año.
No sólo en el atardecer, como a la antigua…Nos zumban desde temprano y se entreveran a cada paso.
¿Qué ocurrió? ¿De dónde salió esta invasión que no deja títere con cabeza?
La ciencia (y cualquiera que sabe un mínimo de ecología) aseguran que un desequilibrio ambiental puede provocar desaparición de unas especies y multiplicación de otras.
Cantado que algo pasó en la cadena alimentaria de los mosquitos. Algo que a ellos los ha beneficiado. ¡Y cómo…!
¿Quieren que metamos las narices en el mundo de los mosquitos?
Identi-kit
Tamaño: entre 0,5 y un centímetro (a veces, parecen más grandes).
Son dípteros, ortorrafos, neumatóceros…
(Cheee… ¿no pueden poner nombres más sencillos?)
Miren… díptero quiere decir que tienen dos alas. Son como membranitas.
Lo de nematócero es por unas sutiles antenas que salen a cada lado de su cabeza. Con ellas te semblantean hasta que te asaltan y convierten en anémico.
Los mosquitos explican sus estudiosos pertenecen a la familia de los culícidos. Este término festivo tiene que ver con sus diligentes patitas, tipo zancos, que aterrizan con suma discreción sobre tus omóplatos. Esto, después de planear (tienen dos balancines) para calcular el aterrizaje.
Una vez que cayeron sobre la inocente piel del que está ocupado en instalar la loneta sobre el pastito y explorar su canasta picniquera, despliegan una trompa o probóscide, larga y recta, preparada para perforar y succionar.
Pero… sólo la hembra es hematófaga (pequeña Drácula). El macho se interesa por la savia de ciertas plantas.
Ahora bien…El mosquito no nace rozagante como lo conocemos sino que, primero, es un huevito; después, un diminuto gusano y, por último, sale volando (pequeño Colapinto). Y ya no lo para nadie….
Aquellas etapas infantiles, el mosquito las vive en el agua. Atención. Donde hay agua quieta pueden desarrollarse los mosquitos. Desde un florero hasta una zanja…
Ahora bien… hay una especie que tenemos que conocer a la perfección. Es el Aedes egypti.
Proviene de Africa pero se aquerenció en nuestro continente. En las regiones tropicales o subtropicales. Léase: nuestra casa, nuestro barrio…
Hace unas décadas hubo una campaña de erradicación. Parecía exitosa. Pero el Aedes resucitó de sus cenizas (de la ceniza de los espirales) y comenzó a provocar focos de ¡fiebre amarilla! y dengue: dos de las tantas enfermedades por virus.
Ocurre que Aedes es el transmisor, el vector. Pica a quien tiene el virus en su sangre (reservorio) y lo traspasa en cada picadura. Va y viene. Pican con gran disimulo, sobre todo en piernas y tobillos, aun a través de las medias. Así que de nada te sirven esos calcetines con los que te floreás, paseando al atardecer.
Lo repetiré: El virus llega de una sola manera a la persona: a través de la picadura del mosquito que lo lleva de acá para allá. El Aedes hace de cartero (¿se acuerdan del cartero?) entre una persona enferma y una sana. Es imprescindible. Sin Aedes no hay dengue.
El dengue da un cuadro con fiebre, dolores en todo el cuerpo, chuchos, dolor de cabeza, náuseas, vómitos…Es como una gripe pero sin tos ni catarro.
En ocasiones, puede aparecer una erupción en la piel. Hace acordar al sarampión o a la escarlatina.
El dengue es llevadero pero hay veces que ocasiona hemorragias. Particularmente, en la segunda vez que se lo padece. ¡Ojo!!
Deja cansancio y malestar durante varias semanas
Aedes…¡aquí no puedes!!!
Tenemos que desalentar al mosquito en sus pretensiones de comensal.
Colgá este listado en el imán de la heladera:
a) El Aedes es doméstico. Querendón. Está en tu casa y en sus alrededores.
b) Más que el uso y abuso de repelentes, intentemos que no se nos acerque.
c) Para lo cual hay que “correrlo”, no abrirle las puertas. Tinas, tanques, latas, floreros, cubiertas abandonadas, retretes sin uso, cisternas, piletas de las gomerías…vaciarlos permanentemente.
d) Zanjas y pantanos, que se reproducen en los barrios, también les dan la bienvenida.
e) ¡Qué buena oportunidad para que las sociedades de fomento y otras comunidades barriales convoquen, entusiastamente, a jornadas de limpieza de baldíos y yuyales!!!!
f) También, para que se acerquen al Municipio reclamos y propuestas de entubamiento de cunetas y desagües… Eso se llama: urbanizar los barrios.
g) Este listado es la mejor receta contra el dengue. Y no la escribe el médico. La escriben las vecinas y los vecinos.
Dr. Roberto Zaldua.











