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Recordando a Myrta Rivadeneyra

Laura Hietala, Alberto Bugatto, Myrta Rivadeneyra y Marcela Budano.

Con motivo del fallecimiento de Ofelia Myrta Rivadeneyra, nos propusimos contar en esta nota, aspectos de su vida que no eran conocidos para todo el mundo.
Y averiguando dimos con alguien que no tuvo problemas en contarnos cómo era ella. Se trata de Laura Hietala, quien conoció a Myrta alrededor del año 2012, pero que conoce toda su lucha.

La época en la que se conocieron coincidió con aquella que se iba a llevar a cabo el primer juicio de sobrevivientes de Zárate, Campana, Escobar, de lo que se había denominado “Área 400”.
Laura nos comenta que “el encuentro con Myrta, así como con otros familiares de detenidos desaparecidos, servía para reconstruir la historia de cada uno de nosotros. Myrta me confirmó -en aquel momento en el que la conocí- que había conocido a mi papá, incluso a mi abuela, y bueno así empezamos de a poquito a charlar, a conversar y fui conociendo y profundizando en su propia historia hasta hacernos, digamos, muy amigas, a pesar de la diferencia de edad.”
“Myrta tenía algo súper especial, Myrta si hay algo que la caracterizaba era ser como un poco madre de todos, una persona siempre bien dispuesta, alegre, con un corazón muy grande, con una voluntad súper fuerte y mucha determinación”. Laura nos dice que “ella estaba firme en cada encuentro, en cada reunión, y así lo estuvo desde un principio”.

LA VOZ: Cómo fue el caso de Myrta?
“El hijo de Myrta, Ricky, su hijo, fue detenido dos veces. La primera vez tenía 15 años, cuando se lo llevaron junto con Marita … Y la segunda vez tenía 17. La primera vez que se lo llevaron, yo creo que ahí es cuando empieza el peregrinar de Myrta y a conocer este circuito que tantas madres recorrían, visitando comisarías, visitando cárceles, yendo de un lugar a otro, los mandaban a consultar aquí y allá, yendo al obispado, a distintos lugares a donde, mirá, se te ocurra, porque les decían, miren, ¿por qué no hablan con fulano? ¿por qué no hablan con sultano? Vayan a la prefectura, vayan al área 400. Y ella se recorría todos los lugares. Desde aquel entonces, sola, la mayoría de las veces, con el tiempo es como que iba conociendo otras madres y se cruzaban en el camino, compartían historias con mucho sigilo, con mucho cuidado, porque eran épocas complicadas.”

LA VOZ: Cómo siguió?
“Y bueno, y ella en su andar, recorriendo los distintos lugares, yendo a hablar con personas que les daban de referencia, fue un largo, largo camino que duró hasta los últimos de sus días, porque siempre ella albergó la esperanza de encontrarlo a Ricky, de encontrar sus restos. Y bueno, la segunda vez, o sea, la primera vez lo detienen, después de pasar por varios centros clandestinos de detención, expuesto Ricky en una cárcel donde lo van a blanquear y se dan cuenta que es menor de edad, al igual que Marita .., y por ese motivo los tienen que liberar. Pero bueno, de todas maneras llegaron a estar en cárcel común durante ese período.”

LA VOZ: Cómo vivió Myrta todo ese proceso, como lo sobrellevó?
“Y bueno, Myrta siempre cuenta la desesperación sobre todo esto. Ella repetía mucho, ¿estará bien? ¿Tendrá frío? ¿Habrá comido? Viste, me parece escucharla mientras te lo estoy diciendo. Muy, muy, muy conmovedor. En alguno de todos esos viajes donde Myrta conoce a otras mamás que estaban en iguales circunstancias que ella, bueno, ahí empieza a armarse, en la época en que empiezan a organizarse las madres, y ella, bueno, lamentablemente pasa a ser una de las madres de Plaza de Mayo, una de nuestras madres de la ciudad de Zárate, que tristemente no fue la única. Y bueno, desde ahí es como que se organizaban, hacían listas, tenían datos de lugares donde buscar, y bueno, el recorrido era tremendo, era ir de una ciudad a otra, salir de madrugada, exponerse, mirá, tantas cosas, ¿no? Una mujer sola en la calle de madrugada, la verdad es que cada día que salía se la jugaba, y tratando de que no se note, ¿no? Ella siempre decía, creo que, o sea, había algo que era indisimulable en la mirada, en la cara, pero por otro lado tenía que tratar de mantenerse fuerte, ¿no? Como para poder hacer frente a todas esas circunstancias, de estar en una comisaría, reclamar con su hijo, soportar humillaciones, amenazas, una vida muy difícil, pero jamás bajó los brazos”.

LA VOZ: Como fue la vida de estas madres, de nunca dejar de buscar a sus hijos. Admirable…
“Nunca dejó de buscarlo, ni de pedir y exigir justicia. De hecho, por ejemplo, en uno de los juicios que se realizó, donde ella fue testigo, en el momento en que está frente a los jueces, ella les exige justicia y los jueces, fue una escena tremenda, bajaban la mirada y en un momento ella les dice, levanten la mirada y mírenme a los ojos. Porque ella les estaba exigiendo justicia y dice, lo menos que pueden hacer es mirarme a los ojos. Una escena tremenda y desgarradora. Mirta, mientras tanto, al mismo tiempo era mamá de otra hija y tenía que seguir su vida, trabajaba en el frigorífico. Entonces, sus compañeros más allegados sabían lo que estaba pasando, lo que estaba pasando ella, que se habían llevado a Ricky. Y ya para ese momento, el papá de Ricky había sido asesinado, que también era militante. Entonces, eran épocas muy complicadas, pero a pesar de todo eso, Myrta siguió adelante, siguió buscando a su hijo, siguió viajando de un lugar a otro. La verdad es que fue muy conmovedor, pero también muy inspirador haber conocido esos relatos de primera mano de ella.”

LA VOZ: Cómo eran los encuentros con ella? Contaba sus experiencias? Animaba a los demás?
“Alguien que te cuenta cómo es encontrarte con otras madres, con otras miradas, que sin palabras se entienden perfectamente porque saben que están pasando por lo mismo. La solidaridad, la solidaridad de los vecinos, de amigos, la solidaridad entre las madres, de apoyarse unas a otras, de pasarse información, estar organizadas. Y bueno, ella siempre siguió. Y bueno, en todos estos años nuestra relación y nuestro vínculo se fue estrechando con los juicios y las investigaciones que seguían en curso impulsadas por los mismos familiares, digamos. Todo el trabajo se hace, digamos, totalmente artesanal, es un hilvanado de hechos que uno va armando como para poder organizarse y juntando pruebas, en eso consiste la participación a veces en los juicios. Y durante muchos años nos reuníamos junto con otros familiares precisamente a esto, armar, a conseguir datos, pruebas de cada uno y así acompañarnos, y Myrta siempre estaba presente.
En un momento trabajábamos sobre la causa de Ricky o de su marido, en otro momento trabajábamos sobre la familia de otra persona o la mía y así Myrta siempre estaba muy presente, acompañándonos, alentando. Y bueno, ya es como que vivíamos cerca y empezamos a juntarnos cada vez más seguido, a tomar mates, a charlar, a conversar de aquellos tiempos, recuerdos que tenía de mi papá, de mi familia. Y pasábamos, pero largos momentos, largos momentos de mateadas sin fin y que la verdad es que uno no quería que nunca termine ese tiempo de mates, de charlas, de fotos, de emociones, de llorar, de reírse. Y bueno, así fuimos haciendo una gran, gran amistad. Y fue muy duro ver a esta mamá que luchó toda su vida, habiendo perdido primero a un hijo, a su marido, después de tantos años, otra pérdida tan grande como fue la de su hija Judit. Fueron tiempos muy, muy duros. Y eso, bueno, por supuesto que hizo que incluso esta relación se estrechara mucho más. Para mí Myrta fue y será siempre una persona muy especial en mi vida. Muy, muy especial. Ojalá nos hubiéramos cruzado antes, para tener más recuerdos y más memorias juntas. Pero todo lo que viví, todo lo que compartí, realmente lo atesoro muchísimo. Cada familia es un mundo, es un universo. Y cuando te pasa algo así, como esto que nos tocó a nosotros, es aún más difícil. Y saber sortear esos obstáculos y salir adelante no es poca cosa. Sobrevivir, vivir y poner una sonrisa a la vida y amor, como lo hizo ella, es un montón. Es más de lo que cualquiera podría pedir. Así que para mí Myrta, no solamente para mí, por momentos se me hace muy difícil hablar solo de mí, porque el tiempo compartido con ella también fue con otras personas muy queridas, otros compañeros, otros hijos, con sobrevivientes. Ella siempre estuvo ahí, para el que lo necesitara. Así que bueno, sin duda para nosotros es una gran referente de los derechos humanos. No solamente en lo que nos tocó vivir en esta particular etapa de nuestro país, que sucedió durante la dictadura, sino que su sensibilidad y la mirada hacia el otro, a acompañar los reclamos sociales, a acompañar a los trabajadores. Siempre estuvo firme, siempre estuvo ahí. No solamente para su propia causa, sino apoyando a los demás. Y eso tiene un valor gigante. Myrta era inmensa.