Por Sergio D. Robles
Con Los Altos de González cerramos nuestro recorrido por la calle Ituzaingó, tan rica en historia y arquitectura variopinta. No son muchos los datos que poseemos sobre esta construcción ubicada en Ituzaingó al 800. Recuerdo que hace muchos años, la
ya fallecida convecina “Piquica” Ponsa me refirió que en aquella vivienda que limitaba con la suya, vivían unas primas suyas, de apellido González. González fue abuelo de “Piquica” y uno de los primeros relojeros de Zárate.
La vivienda es muy antigua, con fachada de líneas sobrias y escasamente ornamentada y ventanales con balcones en la planta alta. Su construcción data, probablemente, de la última década del siglo XIX, y aunque con alteraciones poco felices en su frente, ha venido sobreviviendo hasta el presente de la picota del “progreso” y de los negocios inmobiliarios para dar cuenta de tiempos pasados.
Allí tuvo su sede el comité radical, al menos, desde la década de 1930, ya que mi padre nació en esa vivienda, en 1936, tiempos en que mi abuelo paterno portara la “boina blanca” en honor a Yrigoyen, adhesión sentimental que luego reemplazara en favor del líder del otro movimiento popular surgido a mediados de los `40, Juan Perón.
Allí se reunían la dirigencia y la militancia radical y, probablemente, fue donde se gestó el plan para enfrentar los embates conservadores de fraude en la trágica elección del 3 de marzo de 1940, que acabó con la vida del caudillo Luis Guerci.
En la década de 1960 y, por poco tiempo, en los Altos de González las pasiones comiteriles dieron paso a un nuevo destino, el Jardín de Infantes Arlequín, cuyo nombre ha quedado prácticamente en el olvido si no fuera porque quien escribe estas líneas fue uno de sus pequeños alumnos.
De aquellos años recuerdo los nombres de algunos de los compañeros de juego y de aprendizaje: María Alejandra Cichero, Marcelo Vázquez, Pablo Valazza, Claudio Borda, Laura Barrás, Grillo, Cardozo, las maestras Raquel y Mari, y de una innominada directora que, por entonces, se encontraba en estado de gravidez. Con el correr de los años, muchos, supe por casualidad -porque nuestras vidas se cruzaron en algunos proyectos comunes desde el Museo Quinta Jovita- que aquella directora se llamó Ada Mantini-quien devino destacada dramaturga en la ciudad de Buenos Aires donde falleció el año pasado-, y que las maestras con sus nombres tuvieron apellidos, Raquel Maccagnani y Mari Martínez.
Los años posteriores cambiaron, una vez más, el destino de esta vieja casona. En los `90 acabaron viviendo allí, sus propietarias, dos señoras González, hermanas, ya muy mayores de edad, y, actualmente, con su larga historia a cuestas, parte de sus instalaciones están dedicadas a actividades comerciales.











