En Zárate, hay edificios que parecen hablar.
Basta con detenerse frente a la casona de Chacabuco 164 para escuchar, entre columnas corintias y balcones con balaustradas, un siglo entero de historia condensada en sus muros.
En 1923 nació allí el Club Sport de Zárate, heredero del antiguo “Blanco y Negro”, aquel grupo de jóvenes que hacia 1892 ya buscaba, más allá de los deportes, “fomentar los vínculos de unión y de camaradería”. El inventario de la época suena a novela de costumbres: una biblioteca con numerosos volúmenes, salas de ajedrez y billar, canchas de bochas, un salón para recepciones y hasta un stand de tiro al blanco con máuser modelo argentino.
La historia siguió su curso y, el 21 de septiembre de 1941, con la fundación del Tiro Federal Argentino, todo el patrimonio del Club Sport pasó a integrar la nueva institución. La casona –que había sido residencia de la familia Fernández Beyro hacia 1900 y comprada finalmente en 1942– continuó siendo escenario de prácticas deportivas, bailes y encuentros sociales.
De estilo italianizante y con la impronta de la burguesía zarateña de fines del siglo XIX, el edificio se ganó su lugar en la memoria colectiva.
Pero también sufrió los embates del tiempo y las intervenciones desafortunadas. En 1998, su deterioro obligó a declararlo Bien de Interés Municipal por ordenanza N° 3154/98, buscando asegurar su preservación.
Hoy, esa misma casona se prepara para una nueva etapa. Bajo el nombre Espacio Jade, el antiguo salón del Tiro Federal renace de la mano de Christian Palacio y Ariel Barone, quienes asumen la concesión con un doble propósito: mantener viva la tradición de los eventos sociales –bodas, quince años, celebraciones familiares– y abrir las puertas a un perfil cultural. El proyecto incluye muestras, exposiciones, charlas y propuestas artísticas que devuelvan al edificio su rol de faro comunitario.
Y este aniversario no podía ser mejor ocasión: a 84 años de la fundación del Tiro Federal Argentino, la casona vuelve a ponerse de pie, lista para llenarse de voces, música y aplausos. Porque si algo enseña su historia es que este lugar nunca fue solo un edificio: siempre fue un punto de encuentro.












