Si la política es el arte de lo posible, o de lo imposible, la sesión de ayer en el HCD de la Ciudad fue el más claro ejemplo.
En una clara muestra de la vocación de poder que caracteriza al peronismo, el sector de Agustina Propato llegó a un acuerdo con el que está representado por Leandro Matilla y se quedaron con la presidencia del cuerpo legislativo local.
Este resultado, es cierto, ya había sido adelantado por las elecciones de setiembre de este año.
En Zárate ganó, en esas elecciones desdobladas, el peronismo.
Pero nada parecía aventurar, hace pocos meses atrás que la grieta del peronismo se cerraría y se abriría una nueva grieta, la de la Libertad Avanza: el concejal Fenestraz (LLA-PD) votó en contra del sentido que siguió su bloque (Hergert, Cracco y Firmani) ayudando de esa forma al resultado obtenido.
El único bloque que mantuvo su postura fue el PRO. En el ida y vuelta de las negociaciones que precedieron la designación de Leandro Matilla, la decisión que anunciaba Fenestraz y la que resultó finalmente, fue calificada como inesperada, sorpresiva y “una traición”, seguramente por alguna violación a acuerdos o conversaciones anteriores, que, evidentemente no trascendieron.
Y que hicieron sostener a este diario que las internas entre los legisladores de LLA eran de escaso calibre.
Ayer se advirtió que no. Ya que la separación que se observó entre Hergert, Cracco y Firmani con Fenestraz, no solo se refleja en la ubicación física en que se ubican los concejales sino, tambien, en el resultado de votaciones que carecen de un mismo norte.










