Luego de 23 años, cuando dejé mi cargo de profesor de lengua y de inglés, regresé el viernes a la mañana para participar de los actos conmemorativos de los 25 años de la fundación de la primer Escuela Agropecuaria de la zona, la del paraje El Tatú, que tuve el honor y el privilegio de inaugurar dando la primera clase un 12 de abril de 1986, con escasos 11 alumnos reunidos en un aula prestada por la Escuela primaria rural Nº 16.
Fue sin dudas un acto muy emotivo para todos aquellos que tuvimos que ver con los inicios de ese establecimiento, los primeros docentes, los primeros alumnos, los que sufrimos la falta de instalaciones edilicias, la falta de luz, la falta de elementos, cuando todo se hacía a pulmón y con muchas ganas, y el comienzo de aquello tenía mucho de aventura. Cuando un colectivo nos pasaba a buscar por la ciudad a alumnos y profesores, y muchas veces quedaba estancado en medio del barro, y terminábamos llegando en sulky, en tractor gracias a la buena voluntad de los vecinos de la zona.
El objetivo, que se concretó el 22 de octubre de 1985, cuando la firma del acta respectiva en La Plata comenzó a darle forma al sueño, era el de un establecimiento secundario integral, que brindara formación a los adolescentes de la zona y a la vez una preparación técnica específica a todos aquellos que quisieran ejercer la actividad agraria, con tareas específicas en la huerta, la granja, la experimentación, aprendiendo a cuidar el medio ambiente, valorando la naturaleza y sus especies animales y vegetales. Por la mañana, una escuela común con materias acordes al nivel medio, y por la tarde, todas las actividades y talleres dedicados a la vida del campo. En aquellos años, lograr ese sueño, para el cual se habían aunado vecinos de la zona, las autoridades políticas, varias empresas y entidades de la ciudad, era toda una fiesta, y así se vivían los días de clase allí, aprendiendo a aprender y a convivir.
Porque si hay algo que destacar por sobre todo, es que la Escuela Agropecuaria fue producto de esa efervescencia de optimismo que impregnaba todo el accionar político de los años 80, época en la que también se fundó la Escuela Media de Lima, varios colegios primarios en la ciudad de Zárate y la Escuela de Estética. Teníamos en esos tiempos una fe ciega en la Educación y la Cultura, sentimiento que compartíamos con casi todos los estamentos de la Sociedad, y en esos años, – alfonsinistas en la Nación y en la Provincia y socialistas en nuestro Partido- creíamos profundamente en que la democracia pasaba fundamentalmente por educar.
Lo interesante además de la creación de la Escuela era también que, junto con ella, poníamos en práctica una profunda reforma educativa, que contemplaba por primera vez al alumno en su totalidad, no sólo como un receptáculo de conocimientos, sino como partícipe pleno del proceso de aprendizaje y de su formación como persona. Por primera vez el alumno era evaluado sobre todo por su integración social, su comportamiento general, su predisposición, dedicación y compañerismo y sobre todo por sus valores; participaba de la elaboración del sistema disciplinario, del mecanismo de evaluación, hecho inédito hasta el momento en la Educación Argentina. El alumnado, los docentes y los padres compartían todo el proceso educativo desde la formulación misma de sus objetivos. Eso fue lo revolucionario que se implementaba en ese momento con la creación de la Escuela Agraria.
EL ACTO DEL VIERNES
La Escuela se fue forjando poco a poco, tras largos 25 años y con el esfuerzo de todos los que vinieron después, hasta ser lo que es hoy, un establecimiento modelo, que brinda a la comunidad una formación técnica y humana de primer nivel. Los chicos que hoy egresan de allí son requeridos en todas las empresas importantes, no sólo por sus conocimientos sino, especialmente, por su formación humanística, basada en valores que ya estaban planteados desde el momento mismo de su creación.
El acto, que contó con la presencia de autoridades del colegio, autoridades educativas de la ciudad, municipales, profesores, ex profesores, alumnos y ex alumnos, además de representantes de empresas locales que colaboran mucho con la Cooperadora del establecimiento, no fue sólo protocolar; fue un gran reencuentro de muchos que tuvimos que ver con esa historia; hubo entrega de medallas conmemorativas, emotivas palabras, la actuación de la banda Municipal, la de alumnos de la Escuela que presentaron su murga y su danza y sirvió también para la apertura de la Expo Tatú, una muestra agropecuaria de todo lo que los chicos producen a partir de lo que aprenden en la Escuela. Una verdadera fiesta para todos, y una obra que todos los zarateños deberíamos conocer.
Allí, entre muchísima gente, estaban el ex director de la Escuela Ing. Horacio Cagnoni y el intendente de entonces, Dr. Aldo Arrighi (artífices fundamentales de esa epopeya), con quienes reflexionábamos, antes de partir, sobre aquel espíritu de los 80, que nos hacía creer en la política como herramienta efectiva del cambio, y a la educación como una inversión clave. Cambio que teníamos a nuestra vista, porque ahí estaba – ya mayor de edad- con nuevas aulas, salones, invernaderos, alambrados, equipos de experimentación, más espacios para cultivos y cría de animales, el sueño concretado para beneplácito de toda una comunidad de alumnos que crece día a día y que aprenden a convivir y valorar ese medio ambiente paradisíaco que desde la ciudad, a veces se nos escapa. Obvio, con una deuda muy grande: El asfalto del camino, porque llegar en días de lluvia hasta la Escuela sigue siendo la misma odisea del siglo pasado, aunque ningún impedimento para quienes disfrutan de ese paraíso escolar.
Alumnos y docentes privilegiados y orgullosos de vivir una experiencia que también compartí hace más de veinte años y que cuentan entre mis recuerdos más queridos. La Escuela Agropecuaria Nro 1 de Zárate exhibió con orgullo su cuarto de siglo a la comunidad, motivo de satisfacción para todos los zarateños.
*Por Julio Belando









