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  • La Naturaleza nunca es injusta *por Julio Belando

    21/3/2012

    Los desastres naturales que tanto nos preocupan suelen ser impredecibles, como la tormenta que azotó a Zárate el lunes por la noche. Y sus consecuencias suelen ser terribles y terriblemente injustas, pero son mucho más injustas con quienes menos tienen, con los más débiles, con aquellos a quienes les puede arrebatar en pocos minutos, casi todas sus pertenencias.
    Se sabe que no podemos prevenir ni prever esta clase de desastres, porque la Naturaleza es así, impredecible. Sucede que la Naturaleza no tiene moral porque no sabe de valores humanos y mucho menos de Justicia. La Naturaleza nos afecta a todos por igual, ricos y pobres, en la medida que nos alcanza a todos con su furia.
    Pero las consecuencias de un desastre natural como una tormenta, un terromoto o un huracán nunca son las mismas para quienes tienen los medios para combatirlas, para quienes pueden resguardar o asegurar sus bienes ( o simplemente, mudarse ante la amenaza de una tragedia), que para aquellos que, al más mínimo viento, pueden perderlo todo, porque con él se les va el techo y todas sus pocas cosas.
    Lo sufrimos aquí en carne propia el lunes. Algunos nos quejamos porque se nos tapó la cloaca, se cortó el cable o la luz, pero hay quienes lo perdieron todo: el techo, los muebles, el sueño y también la esperanza. Y eso, no es culpa de la Naturaleza y mucho menos de ellos mismos.
    Simplemente es consecuencia de la injusticia que provoca la inequidad y la marginalidad social. Para nosotros, cuando la tormenta viene, alcanza con resguardarnos en el auto, en la casa; para ellos ( los últimos en la escala social) puede significar la pérdida más devastadora y absoluta.
    Quizá nunca podamos estar prevenenidos ante un desastre natural, como el reciente terremoto de México; seguramente nunca podamos domar la Naturaleza, pero si podemos trabajar para que sus consecuencias no sean tan injustas para los sectores más desprotegidos de la sociedad. Podemos hacer algo para evitar la desigualdad de sus consecuencias, el sufrimiento de miles de personas sin recursos.
    Pero esa es una tarea intensa, en la que nos tenemos que involucrar todos. Y no se trata de caridad, sino de la mínima solidaridad que necesita una sociedad para comenzar a ser más igualitaria y menos injusta.
    La Naturaleza sólo es, nunca es injusta. Solamente los hombres podemos hacer que sus efectos sean tan crueles. Pero estamos a tiempo; la tormenta del lunes debería servir para hacernos reflexionar sobre esto.