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  • La tercera central nuclear en Lima se podría construir con un 80% de desarrollo nacional

    7/2/2013

    En los últimos días, Nucleoeléctrica Argentina (NASA) firmó un acuerdo con la Corporación Nacional Nuclear de China (CNNC), principal entidad de desarrollo de energía nuclear de ese país, para la cooperación recíproca en temas vinculados a lo nuclear, con vistas a la construcción de una cuarta central en la localidad de Lima, la denominada “Atucha III”.
    Tal como se informó, este acuerdo es para intercambiar conocimientos y tecnología en la construcción de reactores de tubos de presión de uranio natural, incluyendo la ingeniería, la construcción y su correspondiente operación y mantenimiento. O sea cómo construir una central nuclear en todos los eslabones de la cadena de montaje; así como también la fabricación y almacenaje de combustible nuclear, licenciamiento, extensión de vida y avances tecnológicos.
    A raíz de esto se pueden anticipar varias cuestiones que hasta diciembre del año pasado estaban latentes. Nucleoeléctrica Argentina, al juzgar por este convenio, optará por la construcción de una cuarta central siguiendo el modelo de la planta de Tubos de Presión, como es el caso de la Central Nuclear de Embalse Córdoba (CNNC), la cual también podría ofrecer la provisión de bienes y servicios para la nueva central; además de los conocimientos de sus empleados.
    En un primer momento, se había anunciado que Argentina construiría su cuarta central nuclear, con un presupuesto de más de 3 mil millones de dólares, entre los gobiernos de Canadá, Rusia y Francia; naciones con quienes el ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, también había firmado acuerdos. Estos acuerdos fueron superados por una serie de convenios bilaterales en junio del año pasado, en materia agricultura y transporte, con la República Popular China, que además se comprometió a participar de la cuarta central nuclear argentina. Precisamente este último acuerdo antes mencionado viene a concluir estas estimaciones de mediados del año pasado.
    Los chinos, además de confirmar que la nueva planta se emplazará en Lima, anunciaron que colaborarán en su diseño y en su construcción. “Argentina tiene acumulado un conjunto de experiencias y capacidades de gran diversidad y valor, aplicables a esta tecnología. Y un modelo así le permitiría al país lograr la participación más alta a conseguir, en la actualidad en un proyecto de estas características, y que el destacado desempeño en Embalse Rio Tercero es un factor a su favor”, sostuvo el Ingeniero Eduardo Costa, Presidente del Consejo Provincial de la Ingeniería de Tucumán (COPIT) en una artículo periodístico previo a esta firma. Además, se estima que el país, de construirse una planta con esta tecnología, estaría en condiciones de desarrollar el 80 % de la obra y el otro 20 por ciento con asistencia extranjera, en este caso de China, quien transferiría la tecnología necesaria para concluirla.
    La firma de este convenio confirmaría que Argentina se decidió por la tecnología China luego de una compulsa de ofertas de Estados Unidos, Francia, Rusia y Canadá.
    Claro que cada país tiene varias horas de ingeniería aplicada detrás de cada modelo y presenta diferentes “formas de pago”.
    En definitiva, cada país quiere imponer su tecnología pero parecería que a la Argentina hoy también le importa su financiación; más allá que la tecnología a aplicar y los acuerdos bilaterales relacionados con la soja y sus derivados para equilibrar su balanza comercial.

    Soberanía energética atada a la soja

    En la actualidad, de los casi 440 reactores que existen en el mundo, el 90% emplean uranio enriquecido y el resto con uranio natural, utilizando la tecnología canadiense. Claro que también cada país “desarrollado” hizo sus adaptaciones y la tecnología que utiliza Atucha I y empleará Atucha II es la “PHWR” de Alemania; la cual aprovecha como combustible al uranio natural pero requiere de agua pesada como moderador.
    Esto plantea la reevaluación del interesante debate planteado en los inicios de la actividad nuclear en Argentina, uranio natural versus uranio enriquecido en función de alcanzar la soberanía energética y nuclear.
    En aquel momento, los analistas evaluaron que el ciclo de uranio natural era el más conveniente para Argentina porque le permitía acceder en menos tiempo a la nucleoelectricidad, y al mismo tiempo, evitar la dependencia de un proveedor de uranio enriquecido. No obstante, en la década del ochenta, Argentina anunció al mundo que tenía la tecnología para desarrollar uranio enriquecido e instaló el Complejo Tecnológico Pilcaniyeu, donde se localiza la planta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) de enriquecimiento de uranio por difusión gaseosa. Proyecto que volvió a impulsarse en el 2006. Más de cuarenta años han pasado de aquella decisión, ya con dos plantas nucleares instaladas y una tercera por inaugurarse; además de la instalación de una planta de producción de agua pesada en Neuquén, instalaciones de enriquecimiento de uranio en Bariloche y la disponibilidad de yacimientos de uranio para proveer el material necesario.
    Hoy, Argentina se decidió por el modelo chino, que al igual que el canadiense emplea uranio natural, similar a la Central Nuclear de Embalse a través del reactor CN-1000.
    En principio, esta decisión tomó de sorpresa a muchos especialistas porque creyeron que la posibilidad de promover la tecnología nacional para el enriquecimiento de uranio se echaría por la borda al inclinarse por una planta que emplea uranio natural. Sin embargo el gobierno nacional, advertido de estas consecuencias, pidió a la delegación china que presente diversos aspectos tecnológicos y financieros sobre otro reactor desarrollado, el “ACP-1000” que sí funciona con uranio enriquecido, algo que también está siendo considerando no para la cuarta central sino para la quinta, junto a otras opciones tecnológicas disponibles.
    En definitiva, el gobierno argentino “cerró filas” comerciales con China, aprovechando la posibilidades de financiación de esta cuarta central y la posibilidad de que ese país también invierta en una quinta central, aunque hoy todo se centra en función de recuperar los volúmenes comerciales de la soja y sus derivados, con el país asiático.

    El ministro Julio De Vido y José Luis Antúnez (NASA) firmaron días atrás acuerdos con el gobierno chino.