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  • Continúa la Cuaresma en la diócesis de Zárate-Campana

    16/2/2016

    El miércoles pasado el obispo Monseñor Pedro Laxague ofició una misa en la catedral de Santa Florentina, en Campana, para anunciar el tiempo de cuaresma con vistas a las Pascuas. En tanto el pasado fin de semana todas las parroquias continuaron con el calendario propuesto celebrando sus respectivas liturgias, un tiempo en el cual los fieles son llamados a la conversión del corazón, como preparación para vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo durante la Pascua.
    En la homilía monseñor Laxague comenzó explicando que el tiempo de Cuaresma es propicio para dejar que Jesús nos sirva: “Él nos quiere levantar de nuestras caídas, nuestros pecados, ayudarnos si estamos agobiados. Debemos vivir estos 40 días de preparación para la Pascua dejando que Dios obre en nosotros y convierta nuestro corazón. Nosotros no tenemos que cambiar, debemos dejar que nos cambie el Señor”.
    Recordó además que en el Jueves Santo, lavando los pies de sus apóstoles antes de la Última Cena, Jesús se muestra especialmente como servidor de todos.
    “El obstáculo que podemos poner al accionar del Salvador -continuó el prelado- es la actitud de querer hacer todo nosotros sin dejar espacio para Él. Como consecuencia de esto, seguramente nos sentiremos agobiados, cansados e incapaces de resolver los múltiples inconvenientes que aparecen en la vida cotidiana.
    El obispo destacó la relación que debe existir entre ayuno, limosna, oración y el amor en sus tres dimensiones. Amor a Dios: “cuando rezamos, debemos ser capaces de escuchar lo que Dios tiene para decirnos, no solo hablarle haciendo oídos sordos; amor a los demás, que se concreta particularmente con la limosna, que implica una ayuda material a nuestros hermanos más necesitados; y amor a uno mismo: el ayuno nos fortalecerá para que hagamos las cosas que el Señor nos propone, no solo cuando tenemos ganas, sino a pesar del desánimo. Citó el ejemplo de la asistencia a misa dominical, algo que parece muy sencillo, pero que en muchas ocasiones se torna una pesada carga. Nuestra vida -concluyó- debe apoyarse en estos tres aspectos del amor, teniendo presente que si falta uno de ellos, todo se desmorona”.
    La Cuaresma
    Este tiempo litúrgico llama a la conversión para preparar la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirse de los pecados y cambiar para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo. La Cuaresma dura 40 días; comienza el “Miércoles de Ceniza” y termina el “Domingo de Ramos”, cuando se inicia la Semana Santa. El color litúrgico es el morado, que significa penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.
    La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estadía de los israelitas en Egipto. La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de Oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en Occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.
    Por último el mensaje del Papa para este tiempo litúrgico fue “Misericordia quiero y no sacrificio”.

    La misa que ofició el obispo Monseñor Pedro Laxague en la Catedral de Campana.

    La misa que ofició el obispo Monseñor Pedro Laxague en la Catedral de Campana.