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  • Vicente Tedesco atesora una colección de objetos antiguos

    27/8/2018

    Puede alguien atesorar recuerdos, guardar aromas de la infancia propia y ajena, mirar el vestido con el que se casó su esposa y sonreír, pensando en el tiempo como burlándose de él.
    Con esa gracia Vicente Tedesco, más conocido como “Tito”, enchufa un viejo órgano de iglesia traído de La Plata y se pone a tocar. Enciende una radio inglesa, marca “Westinghouse” que nadie sabe cómo recaló en Zárate, y aparece la voz de un sobrio locutor anunciando noticias que parecieran ya viejas.
    Un cartel en lo alto advierte que se ha ingresado al “Museo de Tito”, un ambiente más de cualquier casa zarateña dividida del comedor por una puerta corrediza. El espacio es pequeño o, pensándolo bien, las cosas que colecciona Vicente parecieran cobrar vida y abalanzarse sobre quien las está admirando, como buscando que sean levantadas, tocadas y apreciadas de cerca.
    En unos estantes hay autitos de colección de chapa y de madera que delatan unos 40 años de antigüedad. Una joya, entre los juguetes, se distingue por su techo bordó, sus llantas blancas y unas leyendas que dice “Expreso Paraná SRL” en color blanco. Muñecas de tela, tocadiscos, teléfonos viejos, zapatos, planchas a carbón de sastre, radios “Spika”, radios “Capilla” de su madre y de su tío y toda una artillería de teléfonos viejos colgados de una estructura, como si fueran públicos y estuvieran en la calle.
    “¿Sabés qué esto? Una lunchera que utilizaban los obreros de Dálmime. Es de aluminio. Allá hay latas viejas de lo que quieras y ésta es una máquina de coser a mano, marca `Manuelita´, de Italia”, describe Tedesco.
    Luego señala alpargatas centenarias que no recuerda cómo llegaron a sus manos. Colgados en perfecto orden y estado, camisas y vestidos de la década del 50 lucen como promociones de una tienda. Más allá, un farol utilizado por su padre para alumbrar y calentarse en invierno. Pero el aire parece cortarse cuando Vicente advierte, “te voy a mostrar algo, ya que te gusta la música”. Con esfuerzo se agacha y su espalda soporta el peso de una caja de madera, que a la luz se transforma en un cofre. Allí adentro hay una vitrola inglesa antiquísima, con un disco de pasta. Con paciencia coloca la púa, le da cuerdas mediante una manija de bronce y se reconoce un tango que sale por su parlante.

    “Puerta a puerta”
    Vicente es reconocido en la comunidad local por ser un ex empleado municipal, que cumplió la específica tarea de chofer de todos los intendentes, desde el jefe comunal que gobernó en la Dictadura Cívico- Militar, Héctor Villalba, hasta Aldo Arrighi y Oscar Morano.
    También por ser uno de los vecinos mentores de la construcción de la ermita de San Cayetano en España y avenida Anta y ser uno de los principales organizadores de los homenajes que se le hace al Patrono del Pan y el Trabajo todos los 7 de agosto.
    “Tito”, como lo reconocen en el barrio, recuerda que como chofer municipal fue a buscar a Villalba cuatro años a la localidad de Banfield, donde vivía el intendente designado por el gobierno militar para administrar la Comuna de Zárate. Lo iba a buscar a la madrugada, cuando aún la Ruta 9 la estaban reconstruyendo, y lo traía al Palacio Municipal. Salía de Zárate a las 4 de la madrugada. Precisamente recuerda la inauguración de la rotonda en el acceso a nuestra ciudad el 20 de septiembre de 1981; cuando flamearon banderas que hoy ya no están.
    Levanta una plaqueta con su nombre que lleva la mención; “Personalidad Destacada del Partido de Zárate”; Septiembre de 2012; Honorable Concejo Deliberante. Y también recuerda con emoción que llevó tres veces a la Madre Teresa de Calcuta de Zárate a La Plata, cuando la religiosa estaba gestionando la cesión del predio ubicado en la costanera.
    Sin embargo hay un estante en el que Vicente se detiene, se le llenan de brillos los ojos y se toma unos segundos al levantar cada foto. Allí está el portarretrato de su hijo Mauricio, su nuera Sandra, su esposa Alicia, que vive con él, y sus dos nietos; Mateo y Sol María. “Yo tengo 74 años y mi esposa 70. Ella me aguanta este hobby que tengo de coleccionar cosas. Me gusta guardar cosas, las cuido, las limpio y las ordeno. Una vez me quisieron comprar un teléfono antiguo y me ofrecieron mucho dinero. Y me negué, porque son cosas que no tienen precio o valor monetario”, asegura Tito.
    Hoy podría decirse que su museo se divide en dos, el ambiente donde están todos los elementos descriptos y la cochera de su vivienda, donde debajo de una lona verde hay un Ford A de 1929, cremita y de un rojo brillante. “Tengo todos los papeles al día y a veces salgo a dar unas vueltas. Con esta chata se hizo la campaña de Alfonsín y del Chango Ferreyra para diputado provincial. Tienen una larga historia y está nueva. Además tengo los altavoces que se usaban y se colocaban en el techo para las campañas radicales. A mí me gusta todo esto y mis hijos sabrán qué hacer cuando yo no esté más. Pero por el momento disfruto conservarlos, cuidarlos y apreciarlos”, resume Tito.
    Sin ningún tipo de ostentación, Tito seguirá sacando y mostrando objetos. Les habla, juega, y relata la historia de cada uno a quien quiera oírla. Avisa a cualquier persona que está leyendo esta nota que antes de tirar algún objeto antiguo se lo muestre, porque quizás tenga valor simbólico, aún ese objeto hable de otros tiempos en los que él o su padre, o todos los de su generación, fueron más felices que hoy, porque eran jóvenes y porque parecía que la vida no iba a transcurrir tan rápido.

    El vecino Vicente Tedesco en su museo doméstico.