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  • Crece la demanda social en barrios carenciados

    30/4/2020

    La llegada del coronavirus al país se impuso como tema principal en la agenda nacional, al poner de relieve la fragilidad del sistema sanitario y su riesgo potencial sobre la población. Si bien desde las distintas esferas de gobierno -y especialmente el Municipio con el Plan de Emergencia Alimentaria- se desplegaron acciones para contener la demanda social, existen sectores postergados que aún aguardan asistencia.
    “El Progreso” es un barrio separado por varias cuadras del Centro de la ciudad, que conforman algunas decenas de casas apostadas a la vera de calle Pellegrini, poco antes de llegar a Ruta 9. Allí, con cada lluvia y vendaval, las chapas de las construcciones que cubren el paisaje crujen, y con ellas, nace un nudo en la garganta de los que habitan el vecindario. Es que con cada lluvia, la angustia se renueva. “Quisiera que alguien viniera a ayudarnos, tenemos todo inundado, el colchón y las frazadas mojadas”, relata Susana, una vecina que vive sola con su hija, y que resiste a pesar de las carencias.
    No es distinta la postal en barrios como Pecorena o Cementerio. A los cortes de energía eléctrica que se produjeron en los últimos días, se suma la dificultad para transitar por las calles que desde hace tiempo no ven las máquinas trabajar.La falta de desagües y la demorada infraestructura complica las cosas para cientos de vecinos que dan una batalla en simultáneo contra una pandemia, lo mismo que contra un temporal.
    En barrio Malvicino, lo que de alguna manera cambia la situación, es la olla popular que un grupo de madres llamaron “Los Pequeñitos del Pasaje 8”, ubicada en esa calle, entre Larrea y Dorrego. En muchos barrios y asentamientos, que registran una gran presencia de trabajadores y trabajadoras informales, la medida de aislamiento y hacinamiento dificultó el día a día. También viven allí muchas niñas y niños que aseguraban al menos una comida en algún comedor escolar. Las escuelas siguen siendo un gran espacio de contención, con ollas populares y entregas de alimentos gestionados por el Consejo Escolar.
    Las acciones barriales subsisten gracias a las recorridas que los vecinos hacen para paliar la situación, con algunas donaciones de comerciantes, para quienes el escenario también es desfavorable, pero que saben que los lazos comunitarios son los únicos que podrán sostener estaadversidad. El frío, la lluvia y el barro no ayudan en estas circunstancias. “No tenemos aportes del Municipio, ni de nadie. Es todo a pulmón”, reclaman en el barrio.
    Lo que llama la atención entre los vecinos, es que entre las 150 personas aproximadamente que se acercan a buscar una vianda, no sólo hay vecinos de ese barrio, sino de vecindarios linderos. A raíz del temporal de los últimos días, y a falta de insumos para la olla, no se pudo preparar ninguna comida y las vecinas se las ingenian para hacer durar la poca mercadería que consiguen.
    En el barrio Malvicino, las vecinas también presentan una inquietud. Y es que desde hace tiempo, las puertas del Cepam allí ubicado se encuentran cerradas. Al respecto, en el barrio remarcan que sería de gran utilidad poder utilizar las instalaciones del lugar, especialmente la cocina, dado que actualmente no sólo deben cocinar a leña, sino que además deben pedir prestadas las ollas y utensilios para la tarea.
    En Villa Angus el drama es peor. “Con cada lluvia, tormenta o diluvio tenemosagua por todos lados, inundaciones y bocas de tormentas tapadas”, cuenta una vecina del barrio, a la vez que describe la penosa situación que les toca lidiar, no sólo con calles anegadas, sino con el agua que ingresa a las casas. Son cientos de familias las que se encuentran en esas condiciones, donde las deficiencias cotidianas se ven profundizadas en el contexto de la pandemia, lo que despierta fuertes vínculos comunitarios barriales que resisten en la primera línea y deja expuestas numerosas necesidades básicas.

    El Municipio implementó el plan de emergencia alimentaria, pero la situación es preocupante.