• Hoy 20 - Zárate - 33.1° / 33.2°
    • Despejado
    • Presión 1015 hpa
    • Humedad 25%
  • El Ceibo nuestra flor nacional

    21/11/2020

    Es nuestra flor nacional, así la reconocemos desde 1942 pero se la celebra un día, el 22 de noviembre , recién desde el 2008.
    Resulta oportuno recordar los motivos por los cuales la flor del árbol de ceibo es reconocida como Flor Nacional Argentina. En 1941, el gobierno nacional, a través del Ministerio de Agricultura, designó una Comisión Nacional encargada de estudiar y proponer cuál era la flor que mayores méritos reunía para ser proclamada flor nacional. Dicha Comisión estuvo integrada por nueve miembros, representantes de importantes expresiones culturales del quehacer nacional. La presidió el doctor Ricardo Helman y la mayoría sus miembros (5 sobre 9) se inclinó por la flor de ceibo. Luego, el presidente Ramón S. Castillo y la totalidad de su gabinete lo aprobaron por unanimidad. El decreto respectivo lleva el Nº138974 de fecha 23 de diciembre de 1942.
    Pasando a la botánica, se puede decir que la flor del ceibo es perfecta, ya que presenta los cuatro ciclos florales (caliz, corola, androceo y gineceo), por ende es hermafrodita, pues están presentes los dos sexos en cada una de las flores. El nombre botánico es Eryhrina crista-galli (aspecto parecido a la cresta de un gallo). El ceibo o bucaré es un árbol originario de América, especialmente de Argentina (zona del litoral), Uruguay (donde también es flor nacional), Brasil y Paraguay.
    LA BELLA LEYENDA DE ANAHI
    Según cuenta la leyenda, la flor del ceibo nació cuando la indiecita Anahí fue condenada a morir, tras participar en un cruento combate entre su tribu guaraní y el ejército invasor.
    Hasta allí, ella cantaba feliz en la selva, con una voz dulcísima, tanto, que se decía que los pájaros callaban para escucharla.
    Pero un día resonó en la espesura el ruido de las armas: se cuenta que Anahí luchó a brazo partido como un hombre, pero que finalmente fue apresada y condenada a la hoguera.
    Los soldados la ataron a un tronco, amontonaron a sus pies pajas y ramas secas, y al rato una roja llamarada encendió tanto al árbol como a la indiecita.
    Ante el asombro de los que contemplaban la escena, Anahí comenzó de pronto a cantar. Era como una invocación a su selva, a su tierra, a la que le entregaba su corazón antes de morir.
    Su voz estremeció a la noche, y la luz del nuevo día pareció responder a su llamado: consumido el fuego, los soldados se sorprendieron al ver que el cuerpo moreno de la indiecita se había transformado en un manojo de flores rojas como las llamas que la mataron, hermosas como ella misma no había sido nunca.
    Así nació el ceibo, la flor rubí que ilumina los montes del litoral y que encarna el alma pura y altiva del indígena, que fue declarada Flor Nacional Argentina, por Decreto 138.474 del 23 de diciembre de 1942.
    Tan bella leyenda explica que la flor de ceibo haya sido considerada como un símbolo de la pureza y de la dulzura, a la vez que de la rebeldía indomable y altiva. Emblema vivo de tales virtudes -a más de acreditar a su favor otras cualidades- no puede admirarnos que cuando nuestro país resolvió designar su flor nacional, otorgara el galardón, a justo título, a la flor de ceibo.

    El ceibo en flor en la vereda de Brown al 800.

    En las islas

    Crece en las riberas del Paraná y del Río de la Plata, pero también se lo puede hallar en zonas cercanas a ríos, lagos y zonas pantanosas. Domingo F. Sarmiento, nuestro prócer, era un admirador de nuestro Delta donde vivió, frecuentando Zárate cuando la construcción del Arsenal de Marina.
    En una carta a su hijo Dominguito con fecha 2 de diciembre de 1851, menciona particularmente a lo ceibos: “Mi querido Dominguito: De mi viaje a Entre Ríos, te cuento que hay en todas las orillas del Paraná y del Uruguay bosques enteros de ceibos que ahora están floridos. Que te muestren allá un ceibo y verás que flores lindas??”.
    Músicos y poetas y también cantaron a la flor del ceibo. Refiriéndose a Anahí, relata Osvaldo Sosa Cordero: “La noche piadosa/cubrió tu dolor/y el alba asombrada/miró tu martirio/hecho ceibo en flor.

    El esplendor de árbol del ceibo en el Ñacurutú captado en la foto por Manuel García Blanco.