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  • Boutique María José celebra sus 50 años

    27/3/2021

    Antes de la llegada de Luis XIV al trono de Francia, las calles de París no tenían buena fama y su principal característica era la oscuridad, que ocasionalmente era interrumpida por alguna hoguera callejera. El “Rey Sol” –como se lo conoció al monarca-, conocido por sus gustos refinados, amante del arte y la moda, fue quien mandó a iluminar las calles parisinas y sin querer -o queriendo- fue quien generó las condiciones para que nacieran allí las primeras ‘boutiques’. Locales que oficiaban como tienda o taller, donde la artesanía y la singularidad de las prendas en aquellos tiempos, era el valor diferencial del comercio.
    Con el paso del tiempo el rubro fue cambiando, pero aun así, hoy persisten ejemplos que mantienen aquel espíritu centrado en la elegancia y el buen gusto, como es el caso de la boutique María José, ubicada en Rómulo Noya 722 que hoy celebra sus 50 años ininterrumpidos en la ciudad.
    Cuando era solo una niña, Griselda Marquioni ayudaba en la boutique de una señora amiga en Capilla del Señor. Allí, de alguna manera, forjó ciertos saberes que la acompañarían el resto de su vida. Al cumplir 18 años entró a trabajar en una tienda en esa ciudad, pero tiempo después y por distintas circunstancias, tuvo que dejar ese empleo; con algo de dinero ahorrado, decidió lanzarse a la aventura de crear su propio emprendimiento.
    Corría el año 1971 cuando encontró un local bastante derruido en calle Alte. Brown 87. Con mucho esfuerzo decidió ponerlo en valor, consiguió contactos de proveedores y montó allí la boutique “María José”, que aún al día de hoy es atendida por ella misma.
    Al entrar al local ubicado en pleno centro, uno es abordado por distintas sensaciones. Pero la más notable, es la capacidad de las prendas para captar la atención, aunque solo sea por unos instantes, para abrir las puertas a un mundo donde juegan los colores, las texturas, los diseños, la estética, la alta costura.
    “Me gusta la ropa, siempre fui muy detallista. Siempre me sentí capacitada para esto y uno trata de buscar la forma de progresar”, cuenta Griselda. El perfil fabril, industrial de Zárate en los años ‘70 generó una masa de asalariados que, durante los fines de semana, acudían a su comercio para comprar sus prendas. Así, poco a poco, fue conformando su clientela a la que el día de hoy define por su fidelidad: “Tengo una clientela fi el, siempre digo que la gente con su dinero es dueña de comprar adonde quiera, pero acá siempre vuelven. Yo los asesoro, es lo más importante. Nunca le voy a decir a alguien que compre algo que no le queda bien”.
    Su secreto para ser un emblema dentro de la historia del comercio de la ciudad, cuenta que es “dedicarle mucho esfuerzo, nunca bajar los brazos y darle para adelante; como ahora, los compromisos siempre están, pero hay que tener la capacidad de tener mucha conducta”.
    A Griselda la cautiva la moda, lo femenino, la elegancia. “Cuando empecé tenía carteras italianas, sacos de cuero, de gamuza, vestidos bordados con piedras”, cuenta a LA VOZ y agrega lo que parece ser un precepto ético en el rubro: “No me gusta uniformar a la gente”.
    Por eso, las piezas que vende pasan por una fina selección antes de llegar a las manos del cliente, son únicas y no se repiten.
    En este sentido, refiere que lo distintivo de su boutique es “la calidad de la ropa, me tuve que ir adaptando porque en cada cambio de temporada hay que empezar de nuevo. Hay muchos factores, está la tela, el diseño, los colores, por eso todo tiene que ir en conjunto”. Cuando se le pregunta qué representa para ella la elegancia, Griselda responde: “Es algo fundamental para una mujer, todo entra por los ojos. La prolijidad, el buen gusto todo eso hace a la persona. A mí no me gusta sobresalir, pero me parece que tengo que estar al frente de esto sin hacer alarde de pomposidad, y para eso la prolijidad es fundamental”.
    Hace pocos días, una de sus nietas le confesó que le gustaría trabajar con ella en el local. “A mí me llenó de alegría y orgullo”, señala con la felicidad de quien puede transmitir sus saberes y pasiones a través de generaciones.
    Durante el año pasado la boutique no fue ajena a las adversidades que azotaron al comercio, pero con dedicación y creatividad Griselda pudo mantenerse en vigencia y eso es algo que la reconforta.
    “No tengo ambiciones, hoy quiero mantenerme y vivir bien. Que mis hijos estén bien, yo estar colaborando en la medida de lo posible y lo que tengo, poder mantenerlo”, concluye Griselda.

    “Me gusta la ropa, siempre fui muy detallista”, cuenta Griselda Marquioni a LA VOZ en su local de Rómulo Noya 722
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