¿Con qué vara mediremos el éxito de la economía en el mundo postpandémico? Los conceptos de sustentabilidad, integración y economía circular vienen ganando cada vez más relevancia en las agendas de las empresas en relación a una presión social vinculada a tornar una producción más sustentable teniendo en cuenta los cambios climáticos.
Además, la resiliencia se ha convertido hoy en un valor protagónico para cualquier empresario o emprendedor, puesto a prueba en su capacidad de adaptación a la adversidad. Y de igual manera, la eficiencia sigue estando en foco de todas las empresas, buscando mejorar sus rendimientos en función de la inversión y la productividad y en la incorporación de tecnología como herramienta clave en pos de optimizar los procesos productivos.
No se trata sólo de preguntas, sino que cada uno de estos interrogantes llevan a plantear acciones y mantenerse preparados para la etapa productiva postpandémica.
Interrogantes para el sector industrial de la región
“La cuarta revolución industrial de la que se habla tanto y que parecía algo lejano, ya está aquí, la tenemos en nuestro país, tiene que ver con los sensores, con el big data” explicó Silvio Zurzolo presidente de la Asociación de Industriales de la Provincia de Buenos Aires (ADIBA), durante el segundo lanzamiento del Seminario Zárate Campana 2021 “Desafíos Productivos y Logísticos postcovid” del lunes pasado (VER PAGINA 8).
El ex concejal y actual directivo de la cámara, habló de la tecnología 4.0 y de la conectividad 5G; dos necesidades imprescindibles para la industria del futuro. “Argentina tiene que tomar decisiones con respecto a esto, sobre qué tecnología utilizará. Tenemos que hacer un proyecto con inclusión social, que la gente tenga acceso a la tecnología, debemos realizar el esfuerzo para que la tecnología esté al alcance de todos. Hay que implementar la tecnología, aprender a usarla, no podemos esperar 10 años para actualizar los planes de estudio”, aseveró el titular de ADIBA.
En sintonía con esta postura, Dante Galván, profesor de postgrado en Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) abordó el desarrollo logístico que se necesita en el mundo post Covid.
“La pandemia nos ha hecho cambiar la forma de pensar. Siempre se le ha pedido a la logística eficiencia y eficacia; pero ahora también es clave que el sistema logístico apueste a la equidad y la sustentabilidad. La pandemia nos ha obligado a hablar de resiliencia”, aseveró el catedrático.
Campana y Zárate forman parte de un corredor productivo que es clave para el desarrollo industrial de la Argentina. En la actualidad, la región es uno de los polos industriales de mayor crecimiento relativo y con una fuerte participación en el Producto Bruto Industrial de la Provincia de Buenos Aires.
La zona está en constante crecimiento por su estratégica ubicación desde el punto de vista de la logística pero fue el desarrollo portuario, lo que llevó al crecimiento exponencial a partir de la creación de la hidrovía, la radicación de la industria automotriz, y la reciente implantación de la industria de generación energética, completan un panorama de sólidas expectativas.
“El Corredor Norte Productivo Zárate Campana tiene un enorme desarrollo industrial y logístico que no es suficientemente conocido en el país y es por ello que buscamos mostrar todo su potencial”, manifestó Rubén Falabella, presidente de la Unión Industrial de Zárate.
Por su parte, Pablo Fasulo de la Unión Industrial de Escobar hizo énfasis en la sustentabilidad y el respeto al medio ambiente; como un valor agregado de las empresas en la actualidad, a la par de la inyección de tecnología. “La economía de triple impacto es una economía integrada, donde todos los factores que intervienen trabajan con propósitos y objetivos comunes. Es una economía colaborativa y los cambios se dan por evolución, no por choque y conflicto, sino por empatía, la lógica del ganar, ganar, ganar e integrar a empresas proveedores, sociedad y ambiente para que sea sostenible en el tiempo”.
Empresas “B”
En el escenario actual, cada vez son más las compañías que se postulan para obtener la certificación como “Empresa B”. Además de ser rentables, estas empresas operan en pos de una economía de triple impacto: económico, social y ambiental.
Es decir, no sólo se animan a medir su incidencia en la comunidad y el medioambiente sino que se comprometen de forma concreta (a nivel institucional y legal) a tomar decisiones que consideren las consecuencias de sus acciones.
Cuarta Revolución Industrial
A finales del siglo XVII fue la máquina de vapor. Esta vez, serán los robots integrados en sistemas ciberfísicos los responsables de una transformación radical. Y los economistas le han puesto nombre: la cuarta revolución industrial; marcada por la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológicas, anticipan que cambiará el mundo tal como lo conocemos.
Los “nuevos poderes” del cambio vendrán de la mano de la ingeniería genética y las neurotecnologías, dos áreas que parecen crípticas y lejanas para el ciudadano de a pie.
Pero las repercusiones impactarán en cómo somos y nos relacionamos hasta en los rincones más lejanos del planeta: la revolución afectará “el mercado del empleo, el futuro del trabajo, la desigualdad en el ingreso” y sus coletazos impactarán la seguridad geopolítica y los marcos éticos.
También llamada 4.0, la revolución sigue a los otros tres procesos históricos transformadores: la primera marcó el paso de la producción manual a la mecanizada, entre 1760 y 1830; la segunda, alrededor de 1850, trajo la electricidad y permitió la manufactura en masa.
Ahora, el cuarto giro trae consigo una tendencia a la automatización total de la manufactura; su nombre proviene, de hecho, de un proyecto de estrategia de alta tecnología del gobierno de Alemania, sobre el que trabajan desde 2013 para llevar su producción a una total independencia de la mano de obra humana. Los sistemas ciberfísicos, que combinan maquinaria física y tangible con procesos digitales, son capaces de tomar decisiones descentralizadas y de cooperar -entre ellos y con los humanos- mediante el internet de las cosas.
Pero qué sucederá con el empleo; el principio básico es que las empresas podrán crear redes inteligentes que podrán controlarse a sí mismas, a lo largo de toda la cadena de valor.
Y son precisamente los países más avanzados los que encarnarán los cambios con mayor rapidez, pero a la vez los expertos destacan que son las economías emergentes las que podrán sacarle mayor beneficio. Sin embargo, el proceso de transformación sólo beneficiará a quienes sean capaces de innovar y adaptarse.
Aunque la distribución regional es desigual y son los mercados emergentes de Asia principalmente los que están adoptando los cambios de manera más disruptiva que sus pares de economías desarrolladas. La revolución tendrá que escribir una nueva relación entre los hombres y los robots. No obstante, aún restan resolverse dilemas éticos, geopolíticos y sociales en los cuales los Estados nacionales deben inmiscuirse para ponerse al frente de tales etapas históricas con mayor equidad y acceso de toda la población al empleo y la producción.










