A lo largo de los 18 meses que duraron las restricciones más duras de la pandemia el foco de la salud se desplazó sin vacilaciones a la ciencia, a la posibilidad de que la industria farmacéutica elabore una vacuna “eficiente” a contrarreloj. La gente comenzó a saber de nombres de laboratorios, algunas nociones básicas sobre epidemiología y en charlas informales o sobremesas se comparan las diferentes vacunas que les tocaron aplicarse, como si fuesen marcas de productos.
Por lo tanto la salida de la pandemia se asocia al paradigma científico con su correspondiente apología de los avances tecnológicos que posibilitarán la salida ante un nuevo “obstáculo global” sanitario que sorteará la humanidad gracias a la industria farmacéutica y, específicamente, a los grandes laboratorios multinacionales. Pero este discurso invisibiliza labores diarias, escalas humanas, aspectos sanitaristas y trabajos altruistas como la de cientos de médicos bonaerenses que atienden en un una salita barrial, el esfuerzo sobrehumano que realizan enfermeros y voluntarios y el rol de los propios médicos terapistas, los médicos de guardia y los profesionales de salas de internación clínica de un hospital provincial con escasos recursos.
“A pesar del gran número de médicos fallecidos, de las secuelas físicas y psicológicas que dejó la pandemia, de los salarios precarizados y sin ningún tipo de reconocimiento económico hacia el sector, de episodios de violencia en guardias y de la discriminación que sufrimos en el inicio de la pandemia porque estar con un médico era estar con el virus mismo; nunca bajamos los brazos en la pandemia y nunca los vamos a bajar porque estaremos con nuestros pacientes y cumpliendo el rol que elegimos y nos toca cumplir”, comenzó evaluando con LA VOZ el presidente del Círculo Médico de Zárate, Dr. Daniel Mattig.
Las palabras que elige para ilustrar la situación de los profesionales de la salud están medidas y pensadas, son leídas en una hoja que escribió como “borrador” y que al ser dichas no son entendidas como quejas particulares de médicos de Zárate sino como parte de una situación generalizada que se da en todo el país, y que la mayoría de los círculos médicos están reclamando en pos del reconocimiento de la labor de los médicos. “Pese a los fondos extraordinarios que giró el Estado para hacer frente a la pandemia en el sector público y los reajustes que se les permitió en sus cuotas a las empresas de medicina privada y prepagas, sólo recibimos un 10% de recomposición salarial en el 2020 y casi un 40% en el 2021, con una inflación del 50% anual. Aquí no vemos ningún tipo de reconocimiento económico a nuestra labor. Al mismo tiempo, padecemos un avance en la precarización laboral con la falta de nombramiento y el pase a planta definitiva de muchos médicos que siguen contratados como monotributistas, por ejemplo a la hora de trabajar para un municipio o en la esfera pública. Seguimos registrando muchos casos de violencia en las guardias de hospitales y clínicas y todo esto lleva a un desgaste laboral llamado “burnout”; médicos que, literalmente, están quemados psíquica y físicamente”, repasó Mattig, compartiendo un análisis crudo y real de la profesión durante los últimos meses de pandemia; ya sea en el día a día de su atención como también cómo actuaron obras sociales, empresas y el Estado.











