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Para APAL, Lima necesita mayor infraestructura para albergar la central nuclear

La construcción de una nueva central nuclear en Lima está cada vez más cerca y a juzgar por los contratos firmados y la intención de los gobiernos de China y Argentina, la obra comenzaría este año. Sin embargo la experiencia de Atucha II, para el pueblo limeño, no del todo grata en cuanto al legado social y de infraestructura que dejó tal proyecto, puesto en marcha en el año 2011 mejor dicho, a partir del 2014 cuando se supo que la tercera central nuclear no iba a iniciarse en el corto plazo y que muchos obreros iban a quedar a la deriva, algunos de ellos viviendo en Lima.
Luego de la terminación de una obra tan grande, como cualquier proyecto de infraestructura de gran envergadura emplea y desemplea, al cabo de unos años, a miles de personas. Y eso fue lo que sucedió con Atucha 2. Y lo que plantean los limeños es que a partir de ese año crecieron los asentamientos de Lima porque las promesas del Estado nacional fue que inmediatamente iba a comenzar “Atucha 3”. De hecho los propios limeños estiman que un 10% de las personas empleadas en diversas tareas de puesta en marcha de Atucha 2 se quedaron a vivir en Lima, muchos de ellos en condiciones muy precarias. Y relacionan dicha etapa al crecimiento y generación de los asentamientos en Lima.
Por ello, y ante la inminencia de la construcción de la tercera central, la Asociación para la Autonomía de Lima (APAL) pidió una reunión con la gerencia de Nucleoeléctrica Argentina, firma que opera las centrales, para trasladar sus preocupaciones, como la falta de infraestructura y el deterioro estructural y urbanístico como ciudad que sufrió Lima; donde entran los asentamientos irregulares como “efecto no deseado” de una obra de tal envergadura.
“Un inmenso orgullo sentiremos al contar que seremos una de las pocas ciudades del mundo donde se emplace un proyecto nuclear de semejante envergadura. Pero también reconocemos que nos genera incertidumbre saber si el ciudadano limeño será parte de semejante obra o si alguien se detuvo a pensar que es lo que el limeño desea o merece al otorgar su licencia social nuevamente. Ojalá quienes nos representan ubiquen a la localidad de Lima en el lugar que realmente se merece”, establece el comunicado de APAL.
En esta carta incorporan un término interesante, la licencia social, que obliga a pensar la instalación de una cuarta central nuclear en términos de impacto social y urbanístico. Claro está, que entidades ambientalistas también expondrán sus razones sobre el impacto ambiental y ecológico.
Pero, por su parte, desde APAL sostienen en que Lima necesita de otra infraestructura para albergar a una nueva central nuclear y plantear un trabajo, y aquí es donde ingresaría el Estado en sus tres niveles, para evitar una explosión demográfica que luego de la obra traerá consecuencias sociales como cientos de personas desocupadas viviendo en asentamientos en dicha localidad; tal como ocurrió con Atucha II.
En este sentido, vuelven a aparecer las demandas históricas de los limeños, la construcción de un hospital de alta complejidad, el arreglo de todas las calles ante cualquier tipo de emergencia ambiental y sanitaria, dotar a la ciudad de los servicios básicos y que al pertenecer en un polo tecnológico y nuclear, único en el país, que parte de todo lo generado por la empresa también se vuelque a la ciudad en inversiones . De allí viene su pedido de separarse de Zárate, y lo explican bien en la carta dirigida al directorio de NASA.
Si todo avanza como hasta el momento, la construcción de la tercera central nuclear en Lima llevará un plazo de ocho años, tiempo suficiente para que el Estado nacional, más allá de los gobiernos que pasen, se pongan de acuerdo a nivel nacional, provincial y municipal para atender tales demandas del pueblo limeño junto con la empresa Nucleoeléctrica Argentina.