Resulta indiscutible el papel y la influencia de los medios de comunicación en el planeta solar del sistema político.
Tal es así que, obviando lo medular del problema que reviste la denuncia de la exprimera dama, como sería su seguridad personal y el hecho delictual de la violencia de género, que es lo que debe ser materia de investigación, el gobierno y el partido político al que perteneció el último presidente, se solazan unos con la noticia y otros preguntándose cómo podrán revertir sus efectos.
Mientras tanto la prensa, en cadena nacional, propaga la noticia, con versiones ampliadas, corregidas y aumentadas. A ello se suman paneles y reportajes a abogados y psicólogos quienes aventuran resultados del expediente judicial así como las causas que pueden llevar a un hombre a cometer ese tipo de actos aberrantes.
Las investigaciones de archivo pasan a exponer videos contemporáneos a los supuestos hechos, en los que se explica a la audiencia que los anteojos con que aparece ataviada la exprimera dama se deben a la intención de ocultar un ojo en compota, et. etc.
El espectáculo es doblemente lamentable. Una cosa es transmitir la noticia y la otra, bien distinta, servirse de ella para otros fines.
Por ejemplo, de buenas a primeras dejamos de saber qué pasa con Loan Peña.
O con los incrementos de las tarifas de gas y de luz. O con los despidos en Nucleoeléctrica, por citar al azar algunos.
Y eso es lo cuestionable. No que se hable de un tema grave. Sí que ese tema excluya a los que dominan la agenda y que, por su importante gravitación pareciera que sirva a todos que, por un tiempo largo, estén fuera de tratamiento. Es fundamental no abandonar el seguimiento del caso de Loan Peña. Asimismo, tampoco se puede dejar de lado que, la extensión de períodos de bajas temperaturas extremas auguran facturas de servicio de gas carísimas, que vencerán hasta noviembre por el arrastre de las mediciones. Lo mismo con los aumentos de la luz. Y ni qué hablar si los despidos continúan al nivel que sostienen algunas informaciones que se vienen conociendo desde semanas anteriores. Y a estos se suman otros tantos problemas inconclusos de la vida diaria de los argentinos que no pueden ser ignorados ni sustituídos por otros.
Por ello, la construcción de la realidad social a partir hechos pasados varios años atrás, y que deben ser necesaria materia de investigación se reitera, no pueden tapar otros hechos importantes que tienen lugar en este momento en nuestro país y que requieren ser materia de atención por los gobernantes y por los medios.
Como en todos los casos, los períodos de luna de miel, tienen una escasa duración. En forma análoga, en el supuesto del matrimonio de las sociedades con los gobiernos sucede igual.
Es habitual que los gobernantes o quienes estuvieron en el poder se pregunten “quien está atrás de algo” en lugar de requerirse a sí mismos, si están haciendo lo prometido y lo que el ciudadano esperaba.
Sucede siempre que pese a las promesas electorales los elencos gobernantes ocupan los lugares que dejó vacante la casta que se fue, con la casta propia, para que ella siga haciendo lo mismo que le cuestionaban a la anterior.
Y utilizan todo su tiempo disponible en pergeñar cómo ocupar lugares disponibles, pensando que teniendo huevos en distintas canastas les garantizará continuidad en el poder, por ese solo hecho, sin que ello tenga relación con las características de su propia gestión.
Se trata de ocupar, en lugar de gestionar. Se trata de justificar porqué se cometen errores en lugar de hacer las cosas bien. Es la noción de paranoia. O de culpa. O lo que antes de estudiar tanto a Lacan o a Freud en el siglo pasado se llamaba “cola de paja”.
Por eso, si bien el proceso de construcción de noticias influye en el debate público, eso sólo no alcanza para que aparezcan ocultos o resueltos problemas trascendentales y por los que la gente, la ciudadanía, el pueblo, apostaron a determinados cambios de paradigma.












