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Crimen de Franco Russo: Analizan los celulares de la víctima y de uno de los imputados

La investigación del homicidio de Franco Russo sigue su curso con una tarea prolija y meticulosa de la fiscalía.
Luego de una primera ronda de declaración de testigos, se están analizando las pruebas digitales.
Por un lado, los celulares de Russo y de uno de los imputados en función de establecer el tono de la relación preexistente entre ellos.
En principio, la fiscalía busca determinar qué tan conflictiva era la relación que mantenían como para que el desenlace haya sido un asesinato a sangre fría en medio de una pelea en plena calle. Es decir cual fue el detonante para que los hechos llegaran a ese final.
Además, si hubo o no premeditación y sobre todo lo acontecido en las horas posteriores al homicidio, cuando “Toti” Pereyra, el homicida, decide entregarse. Y luego, el grado de culpabilidad de su hijo, Julián, quien a estas horas soporta sobre sus espaldas la acusación de “instigador” .
Lo expuesto no es menor. Determinar lo antedicho es fundamental a la hora de pedir las condenas, por la graduación que el Código Penal establece en cada caso y según sea como se califique la intervención de cada uno de los imputados.
A 17 días de este conmovedor caso para la sociedad local, la familia sigue clamando justicia por el asesinato del joven de 28 años y, además, se están analizando por parte de un perito las cámaras de seguridad de ese video que se volvió “viral” y en donde se aprecia la llegadad de los imputados, la pelea, los disparos y la huída de los victimarios en su auto..
No obstante al análisis de los celulares y el peritaje de la grabación del video, la fiscal del caso Andrea Palacios seguirá tomando testimonios a otros testigos para reconstruir la serie de episodios que terminaron con una pelea y la muerte de Franco Russo.
No podemos dejar de admitir lo valioso que resulta la colocación de cámaras o domos de seguridad en las arterias públicas y en la importante función que cumplen a la hora de investigar delitos. Lo mismo que los datos (llamadas, notas de voz, audio, mensajes) que se obtienen a través de los celulares por distintas redes de mensajería.

El homicidio de Franco

Franco Russo, de 28 años, vivía con su mamá y con su hermana Andrea. Tenía un local de venta y reparación de maquinarias para jardinería y construcción en Belgrano al 1400.
A una cuadra de su negocio vivía su novia, Agustina, vecina de los Pereyra en un edificio de departamentos. Ella, al igual que los vecinos, se habían quejado en varias oportunidades por los ruidos molestos, la música fuerte y los disturbios por la noche que provenían de la casa de Julián Pereyra.
Ese sábado 3 de agosto no fue la excepción: la novia de Russo fue a reclamarle que bajara el volumen y tuvieron una discusión durante las primeras horas del día. Julián llamó a su padre y Agustina se lo encontró en la puerta del edificio a Miguel Pereyra, le recriminó que su hijo nuevamente había estado con música fuerte toda la madrugada y no habían podido descansar. Discutieron y Pereyra enfureció.
Luego, la joven le contó a su novio lo que había ocurrido. Lo que sucedió después es materia de investigación. Aunque ninguna queja -por justa o injusta que hubiera sido, hecha con motivo o sin motivo- justifica una reacción que en los hechos signifique quitarle la vida a un ser humano.
La irascibilidad social es un tema preocupante. Y ya hemos dado cuenta de este fenómeno en estas páginas. Hemos visto discusiones de tránsito que terminan con la vida de uno de los protagonistas. Es un tema recurrente que debemos analizar en profundidad.