Se trata de una operatoria mediante la cual se capta dinero en el mercado informal -extra bancario- a ahorristas que tienen dinero, muchas veces sin declarar, y se les induce a “entregarlo” a personas que se presentan como triunfadoras, con contactos, con inversiones en otros rubros y prometen ganancias extraordinarias.
En general, los primeros meses cumplen y abonan las altas tasas comprometidas a esos inversores que, a su vez, actúan como propaganda y atraen a otros inversores. Los primeros muchas veces son premiados con “comisiones” por acercar nuevos “inversores”.
Luego de un tiempo, los gastos que demanda la “inversión” de tener oficinas, promotores y promotoras, viajes para “abrir” nuevos mercados o el hecho que inversiones en las que se ha colocado el dinero de los primeros no comienza a dar rédito, comienzan a aparecer los problemas. Los que primero comienzan a presionar para retirar su dinero tienen algún resultado hasta que, ya sea porque el dinero se invirtió en inmuebles, vehículos, empresas, etc. de las que es difícil “salir” los inversores advierten tardíamente que han sido engañados, que las tasas ofrecidas son imposibles de abonar y se contentan con recibir -al menos- el capital invertido, cosa que muchas veces, ni siquiera logran.
La informalidad registral es la madre de estas operaciones.
Los argentinos hemos sufrido engaños hasta por parte de instituciones bancarias. Y la persona que tiene una pequeña fuente de ingreso, un ahorro, trata de mantenerla e incrementarla como puede y termina, en algunos casos, siendo víctima de una estafa.
En nuestra Ciudad muchos ahorristas han sido estafados, por particulares y por instituciones que se presentaban como solventes.
Lo mismo a nivel nacional. Hace poco tiempo tuvo trascendencia un hecho que involucró a varios ahorristas engañados en la Provincia de Córdoba, que se irradió a otros lugares del país y del extranjero.
Es un mal que atraviesa a todo el país y ha afectado a numerosas generaciones. La inestabilidad económica, la necesidad de preservar los ahorros y el deseo de colocar algún dinero a interés para paliar las necesidades mientras se resuelven problemas laborales, tiene mucho que ver con el origen de este flagelo.











