
Además de la llegada de la primavera y el Día del Estudiante, cada 21 de septiembre también se celebra la figura de los artistas plásticos. En los tres casos, seguramente, se encuentran algunas coincidencias que tienen que ver con el cambio, el crecimiento, el desarrollo y la creatividad, tanto en la naturaleza como en la actividad humana. Y, en relación con los artistas, es eso mismo lo que se celebra.
La creación de mundos y realidades, de la mano de los hacedores del arte plástico, va mucho más allá de la mera existencia material. Son los artistas quienes, mediante sus obras, componen y configuran otros tiempos y espacios. A partir de ahí, hay una atractiva invitación para explorar y reflexionar; plantear otras perspectivas; pensar de otras maneras posibles y, por qué no, vivir de otro modo cuando el mundo cotidiano no alcanza, no convence o simplemente satura y agota. En ese caso, qué mejor que el arte para aprender a mirar más allá.
Si bien en la Argentina también se celebra el “Día del Artista y la Artista Plásticos” cada 3 de noviembre, en recuerdo del fallecimiento del pintor y arquitecto argentino Prilidiano Pueyrredón (1823-1870), el comienzo de la Primavera -en este lado del hemisferio- también se eligió para honrar a nuestros artistas de una manera más global y sin nacionalidades
UNA MIRADA AL PASADO
Sin embargo, en este lado de la región, ¿desde cuándo hay arte? ¿Cómo se formaron nuestros primeros creadores plásticos? ¿La mujer participaba sin condiciones o luchó por un lugar históricamente de hombres?
La tensión entre la posibilidad de construir un arte nacional y el gusto por el arte europeo estuvo siempre presente. En el siglo XIX se partía de un sobreentendido: no había tradición artística local preexistente, de modo que el viaje a Europa de los futuros artistas no se ponía en cuestión, sino más bien a cuál de aquellos centros europeos debían ir: si Italia, España o Francia.
El rol de las mujeres fue crucial aunque invisibilizado. Ellas fueron solo recordadas como “discípulas”, “benefactoras”, “aficionadas”, aunque en los catálogos de las primeras exposiciones de Buenos Aires, ellas tuvieron una presencia muy importante su memoria estaba borrada casi por completo, sus obras no estaban en los museos.
Tradicionalmente se ha considerado el mundo del arte como un club de hombres solos.
Hasta que en el siglo XX irrumpen figuras destacadas de la pintura argentina como Raquel Forner, Lola Frexas, Josefina Robirosa, Marta Minujin, para citar a las más reconocidas del siglo XX- XXI.








