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Museo Histórico de Zárate: Un trabajo de construcción identitaria

El Patio de las Glicinas.

Los museos son sitios privilegiados donde se conservan fragmentos del pasado mediante su registro, organización, conservación y exhibición. A través de esa tarea continua y silenciosa -por cierto, no siempre debidamente estimada y visibilizada- que permite la transmisión de experiencias y conocimientos entre las generaciones, se contribuye a conformar un sentido de pertenencia colectiva y al mantenimiento de la cohesión social.
Museos y archivos históricos no son simples depósitos o lugares de exposición, son espacios democratizadores y participativos de la sociedad y, como instituciones complejas, es necesario que posean una estructura que permita cubrir las funciones básicas que realizan, de investigación, conservación del patrimonio, exposición, educación, difusión e investigación. En ese sentido, su papel como agentes de cambio y desarrollo de la sociedad está dado en razón de servir de base para crear nuevos conocimientos y contribuir a desarrollar el pensamiento crítico del público.
En su rol social activo en la custodia y cuidado de esa riqueza patrimonial, material e inmaterial, el Museo Histórico de Zárate ha alcanzado en sus treinta y tres años de vida una relevancia que es necesario señalar cuando se considera su valor como institución dedicada a sensibilizar a la comunidad promoviendo la identidad mediante el conocimiento de su pasado. La muestra de sus salas con su guión permanente, la diversidad de temas abordados en sus exposiciones temporarias, las visitas guiadas a escolares y público en general, los cursos dictados, las investigaciones promovidas, las publicaciones y las variadas actividades que se han desarrollado -contando siempre con la inestimable colaboración de su Asociación de Amigos- dan sobrada cuenta de la tarea desarrollada hasta aquí.
Su sede es la antigua casona de la familia De la Torre, más conocida como “Quinta Jovita”, sito en Ituzaingó 278, que se libró al servicio público el 28 de junio de 1996 aunque las tareas de puesta en valor del edificio continuaron por espacio de dos décadas.
En virtud de sus características arquitectónicas singulares y la historia que alberga entre sus muros -fue visitada por figuras reconocidas del quehacer político y cultural del país, como Sarmiento, Balbín, Alfonsín, Borges, Martha Mercader- la casona de la familia De la Torre fue declarada Monumento Histórico y Patrimonio Cultural de la Provincia de Buenos Aires por ley 12.333 del año 1999 por iniciativa del entonces diputado provincial Omar Bernués.
Por su parte, la sección Archivo Histórico -cuyo crecimiento ha sido tan notable que dificulta las posibilidades físicas de incorporar nuevo material de guarda- es otra de las herramientas fundamentales que hacen posible el conocimiento de nuestro pasado local, notablemente rico para el abordaje de la investigación desde múltiples perspectivas y temas. Su acervo cuenta, entre otros, con documentos oficiales de los tiempos de Rosas, libros de actas de la Corporación Municipal desde 1864, una hemeroteca con diarios y revistas del siglo XX, y una colección de fotografías que llega a los siete mil registros, siendo motivo de frecuentes consultas por investigadores locales y nacionales, e incluso, de requerimiento judicial, ante causas de diversa índole.
Todo ello hace de esta institución un lugar cultural que se distingue no solo como custodio del pasado sino, también, para transitar un presente que se interrogue en la construcción de un futuro que sea promisorio.
Hoy, en 2024, el Museo Municipal está llevando adelante una serie de acciones con las instituciones educativas y estableciendo un programa que busca incorporar la ciudad como objeto de estudio, más allá de la historia contenida dentro de los muros del museo.
Por ese motivo se vienen realizando los recorridos histórico-urbanos que permiten descubrir, conocer e interpretar, a través de las marcas materiales y simbólicas de su pasado. lo que son los distintos espacios de la ciudad en la que vivimos participando de la idea que Todo ello hace de esta institución un lugar cultural que se distingue no solo como custodio del pasado sino, también, un espacio de encuentro y de diálogo con los diferentes públicos a partir de las experiencias registradas, de modo de transitar un presente que se interrogue en la construcción de un futuro que sea promisorio.

Visitas programadas: sólo con inscripción previa
-️ Enviar datos a: [email protected]
Teléfono: (03487) 422038
Martes y jueves de 12 a 17 hs; Domingos de 14 a 17 hs.
Ituzaingó 278, Zárate

Nuestra visita al Museo

Recomendamos y aconsejamos hacer una visita al Museo. Es un placer ver en nuestra Ciudad como se ha reconstruído la vivienda familiar de los De la Torre, manteniendo todo su esplendor a pesar del transcurso del tiempo, y que fuera construída en uno de los lugares más lindos, sobre la línea de las verdes barrancas que dan al Paraná.
Recuerda toda esa zona de irregulares vistas que se ofrecen desde la altura, a lo que se puede apreciar en San Nicolas, San Pedro, San Isidro, ciudades en las que también se puede admirar casonas señoriales como la que alberga el Museo.
Las rejas de este Museo que protegen su tapial, la galería del frente, su jardin, sus senderos, así como la pérgola tupida de glicinas en flor, es un lugar que invita a un paseo obligado e impostegrable, para aprovechar en esta primavera.
Sergio Robles recibe, a quien esto escribe y que nunca lo había visitado. Sergio, el viejo amigo, el profesor de historia, el hurgador de detalles, el sabedor de genealogías y vínculos familiares de cuanta familia zarateña se le pregunta, se mueve como pez en el agua. Recuerda quien vivía en cada uno de los ambientes de la casa hoy convertida en Museo, frases que sus dueños originales le contaron y objetos que le exhibieron, con minuciosidad. Nos dice donde se sentaba Hortensia, Ana, Manuel….sus últimos moradores. Donde estaba el viejo televisor blanco y negro, donde y quien traía el te, desde la cocina…..que estaba fuera de la parte social de la vivienda, típica de una época en la que familias pudientes tenían personal de servicio.
Nos dice que debemos agradecer a quienes lo precedieron en este camino. Al interés en que este Museo pasara del proyecto a la realidad y al profesionalismo de Silvia Baccino, Luisa Sorolla, a la museóloga Teresa Priori y a Virginia De Paolo, en las intervenciones que realizó guiones de las transformaciones urbanas que experimentó nuestra Ciudad.
Quien no conoce el Museo o quien lo visitó, no puede desaprovechar la oportunidad de volver a recorrerlo. La primavera pareciera ser la estación ideal para hacerlo. Las actividades que se desarrollan en el patio de las glicinas, planta trepadora reconocida por sus flores y perfume de los patios de nuestras abuelas, así como el jardín que rodea a la casona, no van a permitir que nos arrepintamos del consejo ni que el visitante no se quede con un grato recuerdo.