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Una historia feliz en un día especial

Juzgado de Familia en Avenida Mitre al 700, Zárate.

Padres, familia y justicia: silenciosa y discreta eficiencia de un Juzgado de Familia Departamental

Tiempo atrás, un medio nacional dio cuenta de una historia que hablaba de tres hermanitos que habían sido adoptados por una familia del interior de nuestro país y que el expediente había tramitado en un juzgado de familia de este Departamento Judicial, Zárate Campana..
A partir de uno sólo de esos datos, empezamos a develar la ecuación y dimos con todos los protagonistas.
Algunos quisieron contar esta memoria de como se dieron los hechos, otros no pueden hacerlo, ya sea por su investidura o por su edad.
LA VOZ cuenta hoy esta historia. En este día especial, previo al de la familia.
Y al igual que esas obras de teatro con títeres, en las que uno desde la platea ve quien maneja los hilos de los muñecos, en este relato nunca vamos a saber -o quizás podamos suponerlo- quien entrelazó y manejó a todos los seres que son protagonistas.
Tampoco podremos saber si comienza con las ganas de formar una familia por parte de Martín y su señora o con el empuje, sabiduría y tesón de Ana, de estar al frente de un juzgado de familia o la de la eterna y sólida decisión de tres hermanos de vivir la vida juntos. Lo cierto es que los piolines que manejaron todos los destinos de quienes intervinieron en esto hizo que merezca contarse.
Por como terminó todo o quizás porque esto trasciende a las personas y pasa a ser un ejemplo, de eficacia del Estado -en lo judicial y en la acción social -de algunos- y amor, de parte de todos.
Martín nos cuenta que arribaron a la idea de adoptar a partir de la sensación de frustración con múltiples intentos de fertilización asistida sin obtener resultados y que ello los llevó a que a principios de este 2024 investigaran más sobre la posibilidad de adopción.
Nos relata que sabían “que los tiempos eran largos y eso siempre” los había desalentado porque “a los que venimos de muchos años de tratamiento, empezar otro camino de años suena que implica una eternidad”.
Siguiendo en ese tren de ideas, insistieron y se informaron de como funcionaba el sistema de adopción, participaron en una sola convocatoria pública y decidieron y confiaron en que los tiempos y el trámite sería otro. Y vaya si lo fue.
Martín nos comenta que “nos interesaba adoptar un grupo de hermanos, ya que siempre soñamos eso para nuestra familia. Siempre tuvimos el corazón abierto y dispuesto para un grupo de hermanos, por lo que fue natural ir por convocatorias en las que hubiera referencia a grupos de hermanitos”.
Debe coincidirse en lo doloroso y traumático que debe ser -además de la edad y los desapegos que han sufrido- que separen a hermanos, con la incertidumbre de como crecerá el otro, donde o quien vivirá o si el devenir de la vida permitirá que se vuelvan a cruzar.
Martín nos comenta que “al entender mejor la lógica de que los hermanos se separan si no aparecen interesados, nos dimos más fuerzas para ir por estos casos donde lo más probable es que se los separen”.
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Martín nos sigue contando que manifestaron “su interés en un grupo de tres hermanos” no solamente pensando en la familia que querían formar, sino y además de que siguieran los tres juntos y unidos porque “en nuestra familia habían primos de las mismas edades, que los estaban esperando y eso nos hizo decidirnos aún más…..en ese momento, tenían 13, 11 y 7 años. Nos parecía que todavía viviríamos algo de la infancia de la más pequeña pero que también podríamos acompañar al pre adolescente y a la adolescente a transitar esta edad acompañados de una familia”.
Martín nos cuenta que “ellos nos aportaban lo de ellos, nosotros lo nuestro y nuestros sobrinos aportaban eso: ser primos. La adopción no era solamente un vínculo entre padres e hijos….eran mantener el vínculo de hermanos, crear un vínculos con primos, agregar nietos, sumar abuelos….Todo encajaba perfecto para nosotros. Nos miramos con mi señora y fuimos por la postulación”.
Cómo fue el proceso posterior le preguntamos a Martín. Y nos dice “Fue muy intenso, muy responsable, muy profesional por parte de la justicia y con relación a todos los postulantes. Y a las semanas nos confirmaron que habíamos quedado seleccionados”.
Y después? como siguió? “El primer encuentro fue a las 8.30 de un viernes. Nos habían dado como consigna llevar algo para el desayuno. Nos preocupamos mucho de que fuera algo que les gustara, que no fuera demasiado, que no fuera poco, que sea de un lugar que les haga ilusión, así que fuimos con los datos correctos y llegamos a las 8.15 a la esquina del hogar. Estábamos a punto de encontrarnos con nuestros hijos. Nos miramos y le dije a Hada “te das cuenta que nuestra vida está por cambiar para siempre?” y así fue. A partir de ese encuentro, no hubo minuto en el que no pensáramos en sus caritas, sus actitudes, sus frases, sus gestos, de esas personas que no conocíamos y de las que no nos separaríamos más”.
A partir de ahora, y por el desarrollo de la charla advertimos que comienza a intervenir la justicia. Esa institución que muchas veces le exigimos una velocidad impropia y que no se encuentra a su cargo dar, sino que los procesos -en papel, en la ley o el que va por dentro de una persona o de varias- tienen otros tiempos, en donde la ansiedad no juega.
Continúa Martin, “fuimos el día antes a ver a la jueza que nos autorizaba a vincularnos con los chicos, papeles que debíamos presentar al hogar para evidenciar que teníamos la autorización judicial para iniciar la vinculación. Este período no tiene un tiempo máximo ni mínimo de duración, depende de cómo los chicos van sintiéndose. Tiene todo el foco puesto en cómo se sienten ellos, que no sea forzado, que se respete si un día no quieren salir o socializar, que todo se de naturalmente, que no se sientan llevados ni traídos….que se de todo naturalmente. De entrada valoramos y respetamos esta postura. La jueza nos habló de manera afectuosa de los chicos, nos habló de cómo habían atravesado distintas etapas en este largo tiempo en el hogar (4 años) y que estaba feliz de que hayan encontrado familia. Nos preparó mentalmente para lo que podría pasar en ese encuentro, por ejemplo, si uno de los tres no quería participar o se replegaba un poco”.
“Nos sentimos tan respetados, tan bien tratados, que no lo podremos olvidar ….Fuimos super preparados….que el encuentro se dio de lo más natural. Hermoso. Nos vimos y nos sentimos a gusto inmediatamente, ya habíamos visto fotos y algún video de los dos más chicos. Fue un encuentro espontáneo, donde hicimos dibujos, compartimos comidas favoritas, colores y canciones. Jugamos un poco al fútbol afuera y luego volvimos para seguir charlando y compartiendo. Almorzamos juntos y luego nos fuimos para volver al día siguiente a buscarlos, para tener nuestra primera salida juntos”.
Martín nos dice que se sorprendieron “por la consideración, el amor por los chicos y la humanidad de todos los involucrados. Tanto en el hogar como en el juzgado, nos sentimos muy contenidos, especialmente por la directora del hogar en el que estaban los chicos, quien estuvo con nosotros en cada minuto del recorrido”.
Martín y su señora son del interior. Y al volver a la casa con la familia completa, lo hicieron en avión. Todos volaron, -en todo el sentido de la palabra- de una realidad a otra.
El día del viaje, rememora Martín, “se durmió poco en el hogar! los chicos estaban listos para las 830 am cuando fui a buscarlos. Salimos de Ezeiza, por lo que tuvimos que viajar bastante al aeropuerto. Los chicos fascinados, haciendo videos y registrando todo lo que vivían, una mezcla de nervios y fascinación. Al subir al avión, y a partir de una complicidad con la azafata, dijeron que en el avión iban tres personas muy especiales, y mencionaron sus nombres y los pasajeros los aplaudieron. Ese fue un momento muy especial para los tres, allí sentaditos en un mundo nuevo, con un destino nuevo y tantas nuevas sensaciones en tan poco tiempo, pero que empezaban a disfrutar muchísimo!”
Martín y su señora atesoran fotos de sus caritas, las que reflejan varios sentimientos, las de miedo, las de expectativa, las de disfrute, las de sorpresa.
Nos cuenta que “en una hora y media estuvieron en destino, donde los esperaban para darle la bienvenida toda la familia nueva”. Los chicos aportaban su condición de hijos, de nietos, de sobrinos y allá esperaban quienes serían sus primos, sus abuelos, sus tíos.
Fueron recibidos con mucho amor y abrazos y así continúan hasta hoy.
Dicen que contar las noticias puede contagiar a que otros hagan lo mismo. Es el efecto que pretendimos. Ojalá lo logremos!

PERSONAJES Y DATOS DE ESTA HISTORIA
Los piolines de los que hablamos que se entrelazaron en esta historia, son los siguientes:
MARTIN Y SEÑORA (son un matrimonio del interior del país), LOS NIÑOS (son tres hermanitos de esta Ciudad), ANA (es la Dra. Ana Coarasa, reconocida jueza de familia del Departamento Judicial Zárate-Campana) HOGAR (es una gran institución de Zárate que brinda abrigo a menores.)
Hay gran cantidad de menores en todo el país en la misma situación que los niños de esta nota.
El proceso de vinculación y adopción es rápido y humano.

Juzgado de Familia en Avenida Mitre al 700, Zárate.